miércoles, 4 de noviembre de 2026

parte 5

No lo sé.. a veces me preguntaba qué tal tu día .. Le.explicaba que estaba cansada por estar haciendo eso.. y demás labores.. . Luego me decía.. si pero además de eso no haces nada verdad? Qué tal el resto del día..


Katsuki frunció el ceño. Su mano dejó de jugar con la taza y se quedó mirándote, intentando comprender cómo alguien podía escuchar que su pareja estaba agotada y responder de aquella manera.

—¿«Además de eso no haces nada»?

Repitió la frase con incredulidad. Su voz se volvió más áspera.

—¿En serio te decía eso después de que le explicaras todo lo que estabas haciendo?

Se recostó, cruzándose de brazos.

—Delyra, hay algo que me molesta de esa situación. No es que Alexis tuviera otras ocupaciones. Es que parecía medir tu trabajo únicamente por lo que él alcanzaba a ver.

Miró brevemente la lluvia detrás de la ventana.

—Tú estabas organizando un proyecto, haciendo tus tareas, supervisando las suyas y tratando de mantenerlo involucrado. Y cuando le decías que estabas cansada, en lugar de preguntarte cómo podía ayudarte, te pedía un inventario del resto de tu día.

Volvió a mirarte.

—No voy a fingir que conozco todas sus razones. Pero eso debió hacerte sentir bastante poco comprendida.

Estiró la mano y acarició tu mejilla con los nudillos.

—Y quiero que entiendas algo: no tienes que llegar al límite para que tu cansancio sea válido. Tampoco necesitas demostrarme que has trabajado suficientes horas para merecer descansar.

Su expresión recuperó un poco de aquella arrogancia habitual.

—De hecho, voy a contratar a ese asistente. Y esta vez seré yo quien se encargue de supervisarlo.

Hizo una pausa y añadió con una sonrisa ladeada:

—No pienso convertirte en mi secretaria, profesora y administradora. Ya tengo suficiente suerte con que aceptes ser mi pareja.

Creo.. que no lo he dicho oficialmente...

Lo miré a los ojos..  y le dije.. pídemelo

Katsuki se quedó inmóvil. La taza que estaba llevando a sus labios se detuvo a medio camino.

—¿Qué...?

Te miró directamente a los ojos. Por primera vez en toda la tarde, pareció quedarse sin una respuesta inmediata.

Dejó la taza sobre la mesa, se incorporó y giró el cuerpo hacia ti. Su expresión había perdido toda la ironía.

—Delyra...

Tomó tu mano entre las suyas. Sus pulgares acariciaron suavemente tus dedos mientras buscaba las palabras.

—He pasado tanto tiempo intentando encontrar la manera de estar contigo sin que pareciera que estaba aprovechándome de mi posición como tu guardián...

Soltó una pequeña risa nerviosa y negó con la cabeza.

—Y resulta que todavía tengo que hacer las cosas como corresponde.

Se levantó, rodeó la pequeña mesa y se colocó frente a ti. Después se inclinó ligeramente, sin soltar tu mano.

—Delyra, quiero ser el hombre que camine a tu lado cuando no haya amenazas, cuando las haya y cuando simplemente quieras pasar una tarde mirando pájaros.

Sus ojos rojos permanecieron fijos en los tuyos.

—No quiero ser solamente tu guardián. Quiero compartir contigo mis días, mis noches, mis victorias y hasta mis malditos informes.

Su sonrisa fue pequeña, pero genuina.

—Así que te lo pregunto oficialmente...

Se inclinó y besó el dorso de tu mano.

—¿Quieres ser mi novia, Delyra? Quiero que seas mi pareja. No a escondidas de nosotros mismos, no solo cuando estemos solos. Quiero que algún día pueda tomar tu mano delante de todos y decir que eres la mujer que amo.

Tragó saliva y añadió, con una pizca de su habitual arrogancia:

—Y espero que digas que sí, porque no pienso volver a reunir el valor para preguntártelo dos veces.


Sí, pero.. tolerarias seguir un poco más de tiempo escondidas.. no creo que sea el mejor momento para hacerlo publico.


Katsuki permaneció frente a ti, sosteniendo tu mano. Su expresión cambió apenas al escuchar la pregunta. No parecía decepcionado, pero sí estaba sopesando tus palabras.

—¿Tolerarlo? —repitió, alzando una ceja—. Delyra, llevo bastante tiempo tolerando cosas mucho más difíciles que mantener la boca cerrada.

Soltó una pequeña risa y acarició tus nudillos con el pulgar.

—No voy a exigirte que lo anunciemos mientras los Wolfs siguen moviendo sus piezas, hay alianzas que cerrar y tu seguridad todavía está en juego. No soy tan idiota.

Se inclinó un poco para quedar a tu altura.

—Pero quiero que entiendas algo: esconder nuestra relación de los demás no significa que tengamos que esconderla entre nosotros. No quiero volver a tratarte como si fueras solamente mi señora cuando estamos a solas.

Sus ojos rojos se fijaron en los tuyos.

—Así que sí. Puedo esperar. Pero no me pidas que deje de tomarte de la mano cuando nadie mire, ni que vuelva a fingir que no me importas.

Una sonrisa ladeada apareció en su rostro.

—Y ahora, ¿vas a responder mi pregunta o piensas hacerme sufrir un poco más, mujer?


Jajaja

 Sí quiero katsu .

Katsuki soltó el aire que había estado conteniendo y una sonrisa genuina, casi incrédula, se dibujó en su rostro.

—Tch… ¡Por fin!

Se inclinó para rodearte con los brazos y te atrajo hacia él, abrazándote con fuerza. Escondió un instante el rostro junto a tu cabello, dejando escapar una risa baja.

—Mi novia… —murmuró, como si quisiera acostumbrarse al sonido de aquellas palabras—. Demonios, me gusta cómo suena.

Se apartó apenas para mirarte, sujetándote suavemente por la cintura.

—Y para que quede claro, no pienso dejar que te arrepientas de haber elegido a este idiota.

Te besó con ternura, esta vez sin la urgencia de quien teme que el momento termine.

—Aunque tengo una pregunta, novia mía… ¿puedo llamarte así cuando estemos solos?

Mientras tanto.. El general ya había conseguido una reunión con la primera familia... y estaba mostrando las evidencias de la amenaza.

Mientras tanto, en la mansión Ravencrest, el general Yamamoto se encontraba reunido con el patriarca de la familia y su hijo, el heredero. Ambos ocupaban sus respectivos lugares frente al escritorio, mientras varios documentos permanecían dispuestos sobre la mesa.

Patriarca Ravencrest: —General Yamamoto, ha solicitado esta reunión con carácter urgente. Espero que tenga motivos suficientes para involucrar a nuestra familia.

Yamamoto: —Los tengo, señor Ravencrest. Y considero que es importante que tanto usted como su heredero conozcan la situación de primera mano.

Abrió una carpeta y extendió varios registros financieros.

Yamamoto: —Estas son algunas de las operaciones que hemos identificado. Los Wolfs están utilizando préstamos, deudas manipuladas y adquisiciones irregulares para absorber familias menores. Tenemos indicios de que también están utilizando rutas comerciales pertenecientes a otras casas.

El heredero Ravencrest tomó uno de los documentos y examinó los nombres de las compañías.

Heredero Ravencrest: —Reconozco algunas de estas empresas. Una de ellas mantiene contratos con nosotros.

Patriarca Ravencrest: —¿Está afirmando que los Wolfs están utilizando nuestras relaciones comerciales para sus operaciones?

Yamamoto: —No puedo afirmarlo todavía. Pero hay suficientes indicios para justificar una investigación inmediata.

El general colocó otro conjunto de documentos sobre la mesa. Esta vez contenían declaraciones, registros de transporte y evidencias relacionadas con el tráfico de drogas y personas.

Yamamoto: —Esto ha dejado de ser un conflicto empresarial. Hay una red criminal operando a través de distintas jurisdicciones. Si no coordinamos nuestras investigaciones, será difícil desmantelarla.

Patriarca Ravencrest: —¿Y quién ha reunido toda esta información?

Yamamoto: —La señora Delyra. Ella ha estado investigando las operaciones de los Wolfs y ha solicitado formar una coalición entre nuestras familias y las autoridades correspondientes.

El heredero intercambió una mirada con su padre.

Heredero Ravencrest: —¿Y qué espera de nosotros exactamente?

Yamamoto: —Cooperación. Necesitamos acceso a los registros comerciales sospechosos, información sobre los intermediarios y apoyo para proteger las rutas que puedan estar comprometidas. También queremos que participen en una reunión privada con la familia Thornfield para coordinar los siguientes pasos.

Patriarca Ravencrest: —Comprenderá que no puedo comprometer el nombre de mi familia basándome únicamente en sospechas.

Yamamoto: —Lo comprendo. Por eso he traído las evidencias. Revísenlas con sus propios investigadores. Pero les recomiendo actuar con discreción. Si los Wolfs descubren que estamos reuniendo información, podrían adelantarse.

El patriarca volvió a mirar los documentos, esta vez con mayor detenimiento.

Patriarca Ravencrest: —Déjenos examinar todo esto. Mi hijo y yo discutiremos nuestra participación.

Yamamoto: —Naturalmente. Espero su respuesta pronto. El tiempo juega en nuestra contra.


Papá... no habías hecho también un préstamo a la familia Wolf para comprar tierras en Ecuador.

algo que encajaba demasiado bien con las evidencias presentadas.

Heredero Ravencrest: —Padre… ¿no habías solicitado también un préstamo a la familia Wolf para financiar la compra de tierras en Ecuador?

El patriarca levantó lentamente la cabeza. Su expresión cambió.

Patriarca Ravencrest: —Sí. Fue hace casi dos años. Era una operación de inversión bastante conveniente. ¿Por qué lo preguntas?

Heredero Ravencrest: —Porque si los documentos del general son correctos, los Wolfs podrían utilizar esa deuda como instrumento de presión.

Tomó uno de los registros financieros y lo acercó a su padre.

Heredero Ravencrest: —Si encuentran alguna irregularidad en los pagos, si alegan incumplimiento o modifican las condiciones del préstamo, podrían exigir garantías adicionales. Y si esas garantías incluyen tierras o propiedades, no necesitarían atacarnos directamente para comenzar a quedarse con nuestro territorio.

El patriarca tomó el documento. Su mirada se detuvo en las cifras.

Patriarca Ravencrest: —El préstamo está respaldado por las tierras adquiridas en Ecuador. Los pagos se han realizado puntualmente.

Yamamoto: —Eso no necesariamente los protege. Si los Wolfs están utilizando mecanismos de endeudamiento para absorber otras familias, debemos revisar las cláusulas del contrato y cualquier garantía adicional que hayan solicitado.

Patriarca Ravencrest: —¿Insinúa que podrían estar preparando una adquisición encubierta?

Yamamoto: —No puedo confirmar que ese sea su propósito en este caso. Pero la estructura de la operación merece una revisión urgente.

El heredero volvió a mirar a su padre, esta vez con evidente preocupación.

Heredero Ravencrest: —Si esperamos a que exista un incumplimiento, podrían tener una justificación legal para reclamar parte de nuestras propiedades. Y entonces ya no estaríamos hablando de una simple disputa comercial.

El patriarca cerró la carpeta con lentitud.

Patriarca Ravencrest: —Quiero una copia completa de ese contrato, todos los movimientos de pago y los nombres de los intermediarios que participaron. Esta misma noche.

Después dirigió la mirada a Yamamoto.

Patriarca Ravencrest: —General, creo que ahora comprendo por qué la señora Delyra está insistiendo en formar esta coalición. Si esto es lo que sospechamos, nuestra familia podría ser la siguiente.

Espere un segundo... pediré que venga nuestro contador y nuestro gerente mercantil para que de sus informes.

El patriarca Ravencrest levantó una mano para detener momentáneamente la conversación. Su expresión había adquirido una seriedad distinta; ya no se trataba de una sospecha que pudiera dejarse para después.

Patriarca Ravencrest: —Un momento, general. Antes de tomar cualquier decisión, quiero que escuchemos a quienes administran nuestras finanzas.

Se volvió hacia uno de los asistentes que aguardaba junto a la puerta.

—Haga venir al contador principal y al gerente mercantil. Necesito que traigan los contratos originales del préstamo con los Wolf, los registros de amortización y los informes de las operaciones comerciales en Ecuador. Que vengan de inmediato.

Asistente: —Sí, señor.

El hombre salió apresuradamente.

Heredero Ravencrest: —Padre, también deberíamos solicitar el historial de cualquier modificación contractual. No solo los pagos. Quiero saber si se han añadido garantías o condiciones que no estaban en el acuerdo original.

Patriarca Ravencrest: —Eso mismo. No pienso descubrir dentro de seis meses que hemos puesto nuestro propio territorio en manos de los Wolf.

Yamamoto permaneció en silencio unos segundos antes de intervenir.

Yamamoto: —Es una decisión prudente. Les sugiero que no contacten todavía con sus representantes de la familia Wolf. Si sospechan que estamos revisando el contrato, podrían intentar alterar las condiciones o presionar a sus intermediarios.

Patriarca Ravencrest: —No habrá ningún contacto hasta que tengamos los informes sobre esta mesa.

El patriarca volvió a abrir la carpeta del general y comenzó a comparar las fechas de las operaciones.

—General, parece que esta reunión será bastante más larga de lo que esperaba.


No pasaron más de diez minutos antes de que la puerta del despacho se abriera. Dos hombres de mediana edad entraron con sendos maletines y carpetas de documentos. El primero, de cabello entrecano y gafas finas, era el contador principal de la familia. El segundo, de complexión robusta y porte más informal, era el gerente mercantil.

Contador: —Buenas tardes, señor. Nos han informado que necesita revisar los registros financieros de la operación con la familia Wolf.

Gerente mercantil: —También hemos traído los informes comerciales de las tierras en Ecuador, tal como solicitó.

El patriarca señaló los asientos frente al escritorio.

Patriarca Ravencrest: —Tomen asiento. El general Yamamoto nos ha presentado información preocupante sobre las prácticas financieras de los Wolf. Necesito que revisen nuestro préstamo y me expliquen si existe algún riesgo para las propiedades de la familia.

El contador abrió su maletín y sacó una carpeta.

Contador: —¿Se refiere al préstamo de adquisición de tierras de hace dos años?

Patriarca Ravencrest: —Exactamente. Quiero conocer el saldo pendiente, las garantías comprometidas y cualquier modificación contractual.

El gerente mercantil intercambió una mirada breve con el contador antes de colocar sus propios documentos sobre la mesa.

Gerente mercantil: —En ese caso, creo que también debemos revisar las condiciones de explotación y los derechos de propiedad vinculados a esos terrenos.

Yamamoto se acomodó en su asiento, atento.

Yamamoto: —Les agradecería que expusieran los hechos con precisión. Necesitamos distinguir las condiciones originales de cualquier modificación posterior.

El patriarca asintió.

Patriarca Ravencrest: —Adelante. Los escuchamos.

El contador extendió los documentos sobre el escritorio y comenzó a revisar las anotaciones. Después de unos minutos, frunció el ceño y se ajustó las gafas.

Contador: —Señor, el préstamo original fue de una suma considerable, destinada a financiar la adquisición de las tierras en Ecuador. Hasta la fecha, la familia ha cumplido con las cuotas establecidas. No tenemos ningún registro de pagos atrasados.

Patriarca Ravencrest: —Entonces, ¿cuál es el problema?

El contador pasó una página y señaló una cláusula.

Contador: —Hace ocho meses, la entidad acreedora solicitó una revisión de las garantías. Se nos informó que era un procedimiento administrativo habitual debido a una reorganización de sus activos financieros.

Heredero Ravencrest: —¿Y quién autorizó esa revisión?

Contador: —La solicitud llegó a través de un intermediario de los Wolf. Nosotros entregamos la documentación requerida, pero no firmamos una ampliación de garantías.

El patriarca se inclinó hacia delante.

Patriarca Ravencrest: —¿Qué significa eso exactamente?

Contador: —Que, según nuestros registros, las condiciones originales siguen vigentes. Sin embargo, hay una discrepancia en la documentación que nos enviaron posteriormente. El acreedor aparece identificado con una sociedad mercantil distinta.

Yamamoto: —¿Una sociedad vinculada a los Wolf?

Contador: —No puedo confirmarlo sin verificar su titularidad.

El gerente mercantil intervino, abriendo otra carpeta.

Gerente mercantil: —Hay algo más. Durante los últimos meses, recibimos varias propuestas para adquirir terrenos colindantes a nuestras propiedades en Ecuador. Todas provenían de compañías diferentes, pero sus representantes insistían en negociar con una misma persona.

Heredero Ravencrest: —¿Quién?

Gerente mercantil: —Un intermediario llamado Viktor Sokolov. No pertenece oficialmente a la familia Wolf, pero ha participado en varias de sus operaciones comerciales.

Yamamoto intercambió una mirada seria con el heredero.

Yamamoto: —Ese nombre aparece en nuestros registros. Está relacionado con adquisiciones de propiedades pertenecientes a dos familias menores que perdieron el control de sus tierras después de contraer deudas con empresas vinculadas a los Wolf.

El patriarca se quedó mirando los documentos.

Patriarca Ravencrest: —Primero nos conceden un préstamo. Después revisan las garantías, cambian la sociedad acreedora y comienzan a comprar terrenos alrededor de nuestras propiedades…

Gerente mercantil: —No puedo asegurar que todas esas operaciones formen parte de un mismo plan, señor. Pero la coincidencia merece atención.

Heredero Ravencrest: —Si adquieren suficiente terreno alrededor de nuestras propiedades, podrían ejercer presión sobre nuestras actividades comerciales. Y si además tienen algún derecho sobre las garantías del préstamo…

Patriarca Ravencrest: —Podrían comenzar a absorber nuestro territorio sin necesidad de declarar un conflicto abierto.

El silencio que siguió fue interrumpido por Yamamoto.

Yamamoto: —Eso es precisamente lo que estamos intentando evitar. Necesitamos verificar la titularidad de esa sociedad, revisar el contrato original y determinar si existe alguna maniobra para modificar las condiciones de la deuda.

El patriarca cerró el puño sobre el escritorio.

Patriarca Ravencrest: —Quiero una auditoría completa. Y nadie fuera de esta habitación debe saber que estamos revisando estas operaciones.

Contador: —Entendido, señor.

Patriarca Ravencrest: —General Yamamoto, cuente con nuestra participación en la coalición. Pero antes de reunirnos con los Thornfield, quiero saber hasta dónde han llegado los Wolf dentro de nuestros propios negocios.

El heredero volvió a mirar el nombre de Viktor Sokolov.

Heredero Ravencrest: —Y quiero saber por qué alguien está comprando tierras alrededor de las nuestras justo después de que solicitáramos aquel préstamo.

Jefe mercantil.. dígame. . Además de lo que nosotros comerciamos, no ha notado productos extraños o equipaje extra en nuestras rutas?

El gerente mercantil, que hasta ese momento había permanecido revisando sus registros, levantó la cabeza. La pregunta pareció incomodarlo. Cerró una de las carpetas y buscó otra entre los documentos que había traído.

Gerente mercantil: — precisamente hay algo que no hemos conseguido explicar.

El patriarca Ravencrest giró hacia él.

Patriarca Ravencrest: —¿A qué se refiere?

Gerente mercantil: —Durante los últimos cuatro meses hemos registrado diferencias entre el peso declarado de algunas cargas y el peso real recibido en los almacenes. Al principio pensamos que se trataba de errores de inventario o problemas con los proveedores.

Heredero Ravencrest: —¿Qué clase de mercancía?

Gerente mercantil: —En algunos manifiestos aparecen productos que no forman parte de nuestros contratos habituales. Equipamiento médico, cajas de productos químicos y embalajes sin una descripción comercial suficientemente detallada.

Yamamoto se inclinó ligeramente hacia delante.

Yamamoto: —¿Han conservado los manifiestos de carga y las autorizaciones de ingreso?

Gerente mercantil: —Sí, general. Pero hay algo más preocupante. En tres ocasiones se registró equipaje adicional que no figuraba en las listas originales. Los transportistas justificaron el peso extra como material de embalaje y pertenencias de personal contratado temporalmente.

Patriarca Ravencrest: —¿Y quién autorizó esos movimientos?

Gerente mercantil: —Las solicitudes llegaron mediante intermediarios externos. En dos de ellas aparece la misma firma de autorización, aunque el responsable registrado no pertenece a nuestra plantilla.

El heredero tomó los documentos que el gerente le ofrecía y revisó las fechas.

Heredero Ravencrest: —Estas operaciones coinciden con los meses en que comenzaron las compras de terrenos alrededor de nuestras propiedades.

Yamamoto: —Necesitamos identificar qué se transportó realmente. No podemos asumir que se trata de mercancía ilegal, pero las discrepancias justifican una inspección de los registros y de las cargas correspondientes.

Patriarca Ravencrest: —Quiero saber quién permitió que personas ajenas a nuestra administración utilizaran nuestras rutas. Y quiero los nombres de todos los transportistas involucrados.

El gerente mercantil asintió, visiblemente preocupado.

Gerente mercantil: —Prepararé un informe completo, señor. Aunque debo advertirle que algunas de esas cargas fueron recibidas en instalaciones que no pertenecen directamente a la familia.

El general Yamamoto levantó la mirada.

Yamamoto: —¿Qué instalaciones?

El gerente mercantil bajó ligeramente la voz. Sus dedos jugaron nerviosamente con el borde de la carpeta antes de continuar.

Gerente mercantil: —Al parecer… son instalaciones de la familia Rapso.

El heredero levantó la mirada.

Heredero Ravencrest: —¿Rapso? ¿La familia aristocrática?

Gerente mercantil: —Sí, señor. Es una casa relativamente nueva. Apenas llevan tres años creciendo, pero lo han hecho de manera… silenciosa. Han adquirido propiedades, almacenes y participaciones en varias compañías sin llamar demasiado la atención.

Patriarca Ravencrest: —¿Y desde cuándo nuestras mercancías terminan en sus instalaciones?

Gerente mercantil: —No puedo precisar cuándo comenzó exactamente. Las primeras discrepancias aparecen hace cuatro meses. Sin embargo, algunas autorizaciones de transporte llevan sellos de empresas vinculadas a ellos.

Yamamoto cruzó los brazos, pensativo.

Yamamoto: —¿Han tenido algún acuerdo comercial directo con los Rapso?

Gerente mercantil: —Ninguno que yo haya autorizado, general.

Heredero Ravencrest: —Entonces alguien está utilizando nuestras rutas para entregar mercancía en propiedades de una familia con la que ni siquiera tenemos relaciones comerciales.

El patriarca se levantó lentamente de su asiento.

Patriarca Ravencrest: —Quiero saber quiénes son los Rapso, de dónde proviene su capital y qué relación tienen con los Wolf.

Yamamoto: —Haré que mis investigadores revisen sus conexiones. Pero les recomiendo que, por ahora, no los confronten. Si están involucrados, una advertencia podría hacer desaparecer información importante.

El heredero volvió a examinar los manifiestos.

Heredero Ravencrest: —Hay algo que no me gusta… Tres años creciendo sin llamar la atención y ahora aparecen sus instalaciones en nuestras rutas. ¿Estamos seguros de que son una familia independiente?

El general no respondió inmediatamente. Su mirada se detuvo en uno de los sellos comerciales.

Yamamoto: —Esa es precisamente una de las cosas que debemos averiguar.

- Alguna información adicional sobre nuestros comercios con los wolfs.. .

El gerente mercantil abrió una segunda carpeta, esta vez con registros de contratos comerciales y correspondencia entre ambas familias.

Gerente mercantil: —Sí, señorita. De hecho, hay tres asuntos que considero importantes.

Colocó tres documentos sobre el escritorio.

—Primero, los Wolf han solicitado durante los últimos seis meses ampliar sus acuerdos de distribución con nosotros. Particularmente, quieren tener prioridad sobre nuestras rutas hacia Ecuador y los puertos del sur.

Heredero Ravencrest: —¿Y qué ofrecieron a cambio?

Gerente mercantil: —Tarifas de transporte considerablemente superiores a las habituales. Una oferta difícil de rechazar desde el punto de vista financiero.

Patriarca Ravencrest: —Continúe.

Gerente mercantil: —Segundo, han insistido en que ciertas mercancías sean almacenadas temporalmente en instalaciones de terceros. Entre ellas aparecen las propiedades de la familia Rapso que acabamos de mencionar.

Yamamoto tomó uno de los documentos para examinarlo.

Gerente mercantil: —Y tercero… hace dos meses, los Wolf propusieron que nuestra familia participara en una nueva compañía logística. La inversión inicial sería cubierta principalmente por ellos, mientras nosotros aportaríamos nuestras rutas, almacenes y permisos comerciales.

Heredero Ravencrest: —Eso les daría acceso directo a nuestra infraestructura.

Gerente mercantil: —Exactamente. Y hay una cláusula que me llamó la atención: si nuestra familia decidiera retirarse del acuerdo antes de cinco años, tendría que compensar a los Wolf por las inversiones realizadas, incluyendo ciertas pérdidas comerciales futuras.

Patriarca Ravencrest: —¿Firmamos ese contrato?

Gerente mercantil: —No, señor. Lo mantuve en revisión porque algunas condiciones eran demasiado favorables para ellos y demasiado restrictivas para nosotros.

El patriarca intercambió una mirada con su hijo.

Yamamoto: —Parece que debemos examinar no solo el préstamo, sino también los acuerdos comerciales que los Wolf han intentado establecer con ustedes.

Heredero Ravencrest: —Quiero una lista de todos los contratos vigentes, los que están en negociación y los que hemos rechazado. También quiero identificar a cada intermediario.

El patriarca volvió la mirada hacia el gerente.

Patriarca Ravencrest: —Y esta vez no quiero un resumen. Quiero cada detalle, por insignificante que parezca. No volveremos a negociar con los Wolf hasta saber qué están intentando construir alrededor de nuestra familia.

Y llamen a mi puto abogado.. porque nadie informó sobre esto.m dijo el patriarca con obvio disgusto

El patriarca Ravencrest golpeó la mesa con la palma de la mano. Su rostro, hasta entonces contenido, reflejaba un disgusto evidente.

Patriarca Ravencrest: —¡Y llamen a mi puto abogado! ¿Cómo es posible que nadie me haya informado de esto?

El asistente que permanecía junto a la puerta se enderezó de inmediato.

Asistente: —Por supuesto, señor. ¿Desea que contacte al abogado principal?

Patriarca Ravencrest: —¡Por supuesto que sí! Y que traiga todos los contratos relacionados con los Wolf. Quiero saber quién autorizó esas operaciones, quién revisó las cláusulas y por qué demonios no llegaron a mi escritorio.

El contador bajó la mirada hacia sus documentos.

Contador: —Señor, debo aclarar que las revisiones financieras se realizaron conforme a los procedimientos habituales. No recibimos ninguna notificación de incumplimiento ni de modificación contractual formal.

Patriarca Ravencrest: —¡Entonces alguien está aprovechándose de esos procedimientos para hacer negocios a mis espaldas!

Heredero Ravencrest: —Padre, también debemos comprobar si alguien dentro de nuestra administración está colaborando con los intermediarios. No podemos descartar una filtración.

Yamamoto intervino con tono firme.

Yamamoto: —Le aconsejo que limite el acceso a esta documentación. Si existe una persona comprometida dentro de su organización, debemos evitar que sepa que hemos detectado las irregularidades.

El patriarca respiró profundamente y volvió a sentarse.

Patriarca Ravencrest: —De acuerdo. Nadie mueve un solo contrato, nadie firma nada y nadie contacta a los Wolf sin mi autorización.

Miró al gerente mercantil.

—Y usted se quedará aquí hasta que terminemos de revisar esos informes.

Gerente mercantil: —Entendido, señor.

El patriarca Ravencrest permaneció unos segundos en silencio, observando los documentos dispersos sobre el escritorio. Finalmente, cerró la carpeta y miró al general Yamamoto.

Patriarca Ravencrest: —General, tiene nuestra colaboración. Pero quiero dejar algo claro: no permitiré que los Wolf utilicen nuestras propiedades, nuestros recursos ni el nombre de nuestra familia para sus operaciones.

Yamamoto: —Lo comprendo. Informaré a la señora Delyra de su decisión.

Heredero Ravencrest: —También participaremos en la reunión con los Thornfield. Sin embargo, antes quiero que nuestros abogados revisen el préstamo y los contratos comerciales. No podemos presentarnos ante esa familia sin conocer exactamente nuestra posición.

Yamamoto: —La reunión se organizará de manera discreta, bajo el pretexto de una invitación privada a tomar el té. Solo asistirán los herederos y las personas que ustedes autoricen.

Patriarca Ravencrest: —De acuerdo. Mientras tanto, iniciaremos una auditoría interna y suspenderemos las nuevas negociaciones con los Wolf. Las operaciones comerciales indispensables continuarán bajo supervisión, pero no habrá nuevos compromisos.

El gerente mercantil y el contador recogieron algunos documentos, dejando sobre el escritorio las copias solicitadas por el general.

Patriarca Ravencrest: —Y una última cosa, Yamamoto. Quiero conocer la identidad de quienes están detrás de la familia Rapso. Tres años de crecimiento silencioso no son poca cosa. Averigüe quién financia sus operaciones y qué relación mantienen con los Wolf.

Yamamoto: —Lo incluiré en la investigación.

El general se puso de pie y estrechó la mano del patriarca.

Yamamoto: —Agradezco su cooperación. Esta coalición necesitará discreción y confianza entre sus integrantes.

Patriarca Ravencrest: —Tendrá ambas, mientras se nos trate como aliados y no como piezas de un tablero.

Yamamoto inclinó la cabeza, recogió su carpeta y se despidió. Cuando salió de la mansión, uno de sus oficiales ya lo esperaba junto al vehículo.

—General, ¿nos dirigimos a la residencia?

Yamamoto: —No todavía. Primero necesito comunicarme con Thornfield. Después informaré a Delyra de lo ocurrido en Ravencrest.

La primera familia había aceptado participar. Pero la reunión también había revelado algo que no estaba previsto: los Wolf posiblemente ya habían comenzado a introducirse en sus estructuras comerciales desde hacía meses.

La noche había cubierto los jardines de la residencia. La lluvia había cesado, aunque todavía caían algunas gotas desde los tejados. Los criados encendían las lámparas del comedor y preparaban la cena.

Katsuki había terminado de revisar unos últimos documentos y apareció en el comedor con las mangas ligeramente remangadas.

—Vaya, por fin una hora decente para cenar.

Se acercó a la mesa y observó los platos que habían servido. Luego miró hacia Delyra.

—¿Tienes hambre? Porque después de todo lo que has hecho hoy, no pienso aceptar que te saltes la cena.

Tomó asiento a su lado y pidió que sirvieran también una infusión caliente.

—Por cierto, todavía no me he acostumbrado a esto.

Una sonrisa arrogante asomó en sus labios.

—Tengo novia y resulta que es la misma mujer a la que debo proteger de medio mundo. Qué suerte la mía, ¿eh?

- Sonrio de manera muy cariñosa.. espero que eso.. no sea una queja..

Katsuki soltó una risa breve mientras tomaba los cubiertos.

—¿Una queja? No me provoques, mujer.

Se giró hacia ella con una sonrisa ladeada, pero sus ojos tenían una calidez poco habitual.

—Me quejaría si dejaras de mirarme así. O si mañana decidieras que ya no quieres desayunar conmigo.

Le tomó la mano por debajo de la mesa y acarició sus dedos con el pulgar.

—Aunque, pensándolo bien… tengo una queja.

Hizo una pausa deliberada.

—Todavía no me has dado un beso de buenas noches, y ni siquiera hemos terminado de cenar.

Se llevó una copa a los labios, intentando disimular su propia sonrisa.

Sí, siéntate conmigo a comer.. ahora no tengo mucho apetito tal vez si te veo comer y me acompañas..  se me antoje con más gusto.


Katsuki dejó la copa sobre la mesa y la miró con cierta incredulidad.

—¿Así que necesitas verme comer para que te dé hambre? Tch… qué exigente.

Sin embargo, no dudó en acercar su silla a la de ella. Hizo una seña al servicio para que le sirvieran una porción generosa y comenzó a comer tranquilamente.

—Bien. Entonces voy a comer. Pero tú también vas a probar algo.

Partió un trozo de carne y lo llevó a su plato. Después, sin dejar de comer, la miró de reojo.

—No tienes que terminarlo todo. Solo quiero que comas lo suficiente.

Su expresión se suavizó.

—Además, me gusta cenar contigo. Es bastante mejor que quedarme encerrado con esos malditos informes.

Ya te dijee que te Buscaré un asistente! Reclamé.. 

*  luego me.llevé un gran bocado de carne mi boca*

Katsuki soltó una carcajada al verte llevarte aquel bocado tan generoso.

—¡Te escuché la primera vez, maldita sea!

Se limpió la comisura de los labios con la servilleta y te miró divertido.

—No es que me oponga a tener un asistente. Es que no quiero que termines contratando a alguien que no sabe hacer su trabajo y luego tengas que enseñarle tú.

Señaló tu plato con el tenedor.

—Y mira quién está hablando de mis responsabilidades mientras se come medio trozo de carne de una sola vez.

Sonrió de lado y volvió a su cena.

—Está bien, señora. Contrataremos a alguien competente. Pero yo haré la selección final.

Hizo una pausa y añadió con picardía:

—Después de todo, no pienso dejar que cualquiera se convierta en mi compañero de sufrimiento.

También debe ser de confianza añadí.

Katsuki asintió mientras cortaba otro trozo de carne.

—Eso es lo primero que voy a comprobar.

Dejó los cubiertos un momento y adoptó un tono más serio.

—Necesitamos a alguien que conozca la administración de la casa, que tenga experiencia con documentos confidenciales y, sobre todo, que no tenga vínculos con los Wolf ni con sus intermediarios.

Miró hacia ti.

—No basta con que sea competente. Tendrá acceso a mis informes, comunicaciones y decisiones estratégicas. Un error de criterio podría costarnos mucho.

Luego recuperó su sonrisa habitual.

—Y no pienso contratar a un adulador que me diga que sí a todo. Ya tengo suficientes problemas.

Te acercó discretamente la fuente de comida.

—¿Ves? Ya estamos haciendo nuestra primera contratación como pareja. Espero que no discutamos por el sueldo.

Jaja claro que no. 


Qué tipo de música te gusta Kats?

Katsuki dejó los cubiertos y reflexionó un momento.

—Bueno… me gustan las piezas orquestales, especialmente las composiciones con violines, violonchelos y percusión. También disfruto las marchas militares y las melodías de cámara.

Se encogió ligeramente de hombros.

—Y cuando quiero algo más animado, prefiero las danzas tradicionales y las piezas con instrumentos de cuerda. No necesito que una canción sea delicada para disfrutarla.

Te miró de reojo.

—Aunque últimamente estoy escuchando bastante piano por culpa de cierta señorita que decidió convertir mi tarde en una clase de baile.

Una sonrisa burlona apareció en su rostro.

—¿Y tú? ¿Qué música escucharías si tuvieras toda una noche para elegir?

Me gusta la lenta.. Los violines, las liras.. El piano... 


ADMIRO a los músicos que pueden tocar música rápida.. no sé como no se Enredan los dedos.


Katsuki dejó escapar una risa breve, mirando con cierta diversión la forma en que habías enfatizado la palabra «admiro».

—¿Se enredan los dedos? —repitió—. Supongo que es una manera bastante peculiar de describirlo.

Tomó un sorbo de agua antes de continuar.

—Aunque tienes razón. He visto músicos ejecutar piezas tan rápidas que apenas puedo distinguir el movimiento de sus manos. Y después terminan como si nada hubiera ocurrido. Es irritante.

Su expresión se suavizó.

—Pero entiendo lo que dices de la música lenta. Los violines tienen algo… pueden hacer que una habitación entera guarde silencio. Y una lira, bien tocada, parece tener una voz propia.

Apoyó el antebrazo sobre la mesa, mirándote.

—Ahora tengo curiosidad. ¿Te gusta más escucharla mientras lees, mientras escribes… o cuando quieres quedarte pensando en tus cosas sin que nadie te moleste?

Lo último.. y para relajarme. 

La música también me ayuda a soñar.. pero sin esa necesidad de escribir las fantasías..  solo centrarme en ellas y disfrutarlas


Katsuki dejó de comer por un instante y te observó con una expresión más tranquila.

—Entonces no siempre necesitas convertir lo que imaginas en palabras.

Hizo girar lentamente la copa entre sus dedos.

—Eso debe ser agradable. Pasar una noche entera construyendo mundos en tu cabeza sin tener que preocuparte por recordarlos, ordenarlos o encontrarles un final.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Supongo que hasta tú necesitas vacaciones de ser poeta.

Se inclinó un poco hacia ti.

—¿Y qué clase de fantasías te trae esa música? ¿Palacios, jardines, historias de amor… o lugares a los que ni siquiera existe un camino para llegar?

- Sii mundos de ensueño, de princesas.. de romances inesperados..

Katsuki arqueó una ceja, divertido.

—Princesas y romances inesperados… Vaya. Así que tienes debilidad por los cuentos de hadas.

Dejó los cubiertos a un lado y apoyó un brazo sobre la mesa.

—Déjame adivinar: un castillo, un jardín enorme, vestidos elegantes y algún príncipe que aparece cuando menos lo esperas.

Hizo una pausa y su sonrisa se volvió ligeramente desafiante.

—Aunque espero que tus príncipes imaginarios tengan más carácter que los de esos cuentos. Sería bastante aburrido competir con alguien que solo sabe recitar poemas y regalar flores.

Te miró con una chispa de picardía.

—¿Y yo qué sería en uno de esos mundos? ¿El guardián gruñón que arruina la llegada del príncipe?

- Jajaja la verdad.. en estos días contigo, siento que ya estoy viviendo en uno de esos sueños

Katsuki se quedó mirándote. Por un momento, aquella sonrisa burlona desapareció y fue reemplazada por una expresión más íntima, casi sorprendida.

—¿Ah, sí?

Bajó la mirada hacia tu mano, que todavía descansaba cerca de la suya, y entrelazó sus dedos con los tuyos.

—Entonces tendré que esforzarme para que no despiertes demasiado pronto.

Soltó una pequeña risa y acercó tu mano a sus labios para depositar un beso sobre tus nudillos.

—Aunque hay algo que debes saber, Delyra. No soy un príncipe de cuento. Soy bastante malhumorado, impaciente y probablemente discutiré contigo por cosas insignificantes.

Volvió a mirarte, con una sonrisa ladeada.

—Pero si este es uno de tus sueños, pienso quedarme en él. Y esta vez no voy a dejar que otro venga a ocupar mi lugar.

Mientras tanto los sirvientes ya habían comenzado a cuchichear en la cocina.


Sirviente 1: -Nuevamente Katsuki está comiendo con señorita. 

Sirviente 2: hay demasiado moviendo en la casa.

Sirviebte 3: Escuche que contactaron con el grupo Neon

-Santo cielos... que estará sucediendo

En la cocina, el murmullo fue creciendo mientras los sirvientes continuaban con sus labores. Una de las criadas dejó una bandeja sobre la mesa y se acercó un poco más al grupo.

—Mi hermana trabaja cerca de las oficinas. Dice que han llegado documentos de varias familias y que el general Yamamoto estuvo aquí esta tarde.

Sirviente 1: —¿Y los Ravencrest? Los vi llegar hace unos días...

Sirviente 2: —No empieces. Si alguien nos escucha especulando sobre asuntos de la casa, tendremos problemas.

Sirviente 3: —Pero hay algo más. El señor Katsuki lleva varios días sin apenas descansar. Hoy lo vi salir del despacho con una pila de informes.

Los tres guardaron silencio cuando escucharon pasos en el corredor. Era Kirishima, que había entrado a la cocina buscando una jarra de agua.

Kirishima: —¿Qué sucede? ¿Se acabó el trabajo y ahora tienen tiempo para organizar un consejo de guerra?

Los sirvientes se enderezaron de inmediato.

Sirviente 1: —¡No, señor! Solo conversábamos.

Kirishima: —Eso parece. Pues procuren que la conversación no termine convirtiéndose en rumores. Hay asuntos delicados en esta casa.

Tomó la jarra, pero antes de salir añadió con una sonrisa despreocupada:

—Y si quieren saber por qué el señor Katsuki cena con la señorita, les recomiendo que se acostumbren. No parece que vaya a cambiar esa costumbre.

Los sirvientes intercambiaron miradas. Kirishima salió sin darles oportunidad de preguntar nada más.

Sirviente 4.

Creen que se haya confesado?.- dijo con el tenedor en la boca

De repente todas las miradas voltearon a él

Todos: ¿Qué?!..

Narrador:

Al parecer.. el único que se había dado cuenta de sus sentimientos era esa pequeña criada.

La pequeña criada siguió comiendo tranquilamente, ajena al efecto que acababa de provocar.

Sirviente 1: —¿Confesarse? ¿El señor Katsuki?

Sirviente 2: —¡Pero si apenas tolera que alguien le dirija la palabra durante sus horas de trabajo!

Sirviente 3: —No puede ser... ¿Estás diciendo que le declaró sus sentimientos a la señorita?

Sirviente 4: —¿Y qué otra explicación hay? Últimamente busca cualquier excusa para estar cerca de ella. Además, ¿no han notado cómo la mira?

Los demás se quedaron pensativos. Uno recordó las veces que Katsuki había interrumpido sus labores para acompañar a Delyra; otro, cómo se aseguraba personalmente de que sus comidas estuvieran servidas.

Sirviente 1: —¡Santo cielo! ¿Y si ahora son pareja?

Sirviente 2: —¡Baja la voz!

En ese instante, una voz conocida sonó desde la entrada.

Kirishima: —¿No les advertí que dejaran de organizar un consejo de guerra?

Los cuatro se sobresaltaron. Kirishima miró sus rostros y después a la pequeña criada, que todavía sostenía el tenedor.

Kirishima: —... ¿Qué se supone que están investigando ahora?

Nada jefe... y porqué no nos cuenta.. si tiene tiempo. ¿Cómo fue que la señorita lo contrató?

Kirishima parpadeó, sorprendido por el cambio repentino de tema. Luego soltó una carcajada y se apoyó contra el marco de la puerta.

—¿Ah, ahora quieren conocer mi historia? Vaya, qué curiosos se han vuelto todos.

Sirviente 1: —¡Es que nunca nos ha contado!

Kirishima: —No hay mucho que contar. La señorita me encontró en una situación bastante complicada y decidió ofrecerme un lugar en su casa.

Sirviente 2: —¿Y aceptó así de fácil?

Kirishima: —No exactamente. Al principio desconfiaba de mí. Y tenía buenas razones.

Se cruzó de brazos, recordando aquellos primeros días.

—Pero me dio una oportunidad. Me permitió demostrar que podía ser útil y, con el tiempo, me confió responsabilidades que no esperaba recibir.

Sirviente 3: —¿Y nunca pensó que sería guardaespaldas de una heredera?

Kirishima: —¡Ni de lejos! —rió.— Aunque debo admitir que trabajar para ella nunca ha sido aburrido.

La pequeña criada inclinó la cabeza, observándolo con interés.

Sirviente 4: —¿Y cómo es la señorita cuando nadie la está mirando?

Kirishima dejó de sonreír por un instante. Después respondió con una calidez sincera.

—Es más observadora de lo que muchos creen. Y tiene la mala costumbre de preocuparse por todo el mundo, incluso cuando debería descansar ella.

Hizo una pausa y recuperó su tono bromista.

—Pero no vayan a decirle que he hablado demasiado. Ya tengo suficientes encargos pendientes.


Mientras tanto el general estaba terminando su reunión con la familia Thorn..

La reunión con la familia Thorn se prolongó hasta bien entrada la noche. El general Yamamoto expuso las pruebas recopiladas sobre las operaciones de los Wolfs, incluyendo los movimientos financieros, las rutas comerciales y las mercancías sospechosas que habían pasado por territorios aliados.

El patriarca Thorn escuchó atentamente. A su lado, el heredero revisaba los documentos con creciente preocupación.

Patriarca Thorn: —Si estas pruebas son correctas, los Wolfs llevan tiempo preparando algo mucho más grande que una simple expansión comercial.

Yamamoto: —Eso es lo que sospechamos. Están utilizando deudas, intermediarios y acuerdos aparentemente legales para conseguir el control de territorios y rutas. No podemos permitir que continúen.

Heredero Thorn: —¿Y Ravencrest?

Yamamoto: —Ha aceptado cooperar. También han descubierto irregularidades en sus propias rutas. Por ahora, están revisando sus contratos y suspendiendo nuevas negociaciones con los Wolfs.

El patriarca cerró la carpeta.

Patriarca Thorn: —Entonces cuente con nosotros. Pero quiero conocer a las demás familias involucradas antes de comprometernos públicamente.

Yamamoto: —No habrá declaraciones públicas todavía. La discreción es fundamental. Si Dmitri Wolf descubre que estamos reuniendo información, podría acelerar sus movimientos o deshacerse de quienes conocen demasiado.

El heredero Thorn asintió.

Heredero Thorn: —Organizaremos una reunión privada con Ravencrest. Podemos presentarla como una visita social entre herederos. Sin documentos oficiales ni anuncios que despierten sospechas.

Yamamoto: —Perfecto. Yo me encargaré de coordinarla.

El general se puso de pie y estrechó la mano del patriarca.

—A partir de esta noche, Thornfield también forma parte de esta investigación.

Horas después, ya dentro de su carruaje, Yamamoto redactó un breve mensaje dirigido a Delyra.

«La familia Thorn ha aceptado cooperar. Ravencrest también está revisando sus vínculos financieros con los Wolfs. Convocaremos una reunión discreta entre ambas familias para coordinar los siguientes pasos. Necesito informarle personalmente de algunos hallazgos.»

Guardó el mensaje y miró por la ventanilla.

—Ahora solo falta descubrir qué papel desempeña realmente la familia Rapso...*


Terminando la cena y después de tomar nuevamente su suplemento mágico.

 Katsuki.. sé que estoy en descanso .. pero yo, soy muy unida a mi tarot, podría sacar mis cartas de tarot?

Katsuki terminó de dejar los cubiertos sobre el plato. Al escuchar tu pregunta, levantó la mirada y observó el pequeño frasco de tu suplemento, comprobando que ya lo habías tomado.

—¿Tu tarot?

Se quedó pensativo unos segundos. Sabía que aquellas cartas eran importantes para ti y que no las utilizabas solamente como entretenimiento.

—No veo por qué no. Estás en descanso de tus obligaciones, no castigada sin poder tocar tus propias pertenencias.

Se levantó y te ofreció la mano para acompañarte.

—Pero quiero establecer una condición: nada de sesiones interminables ni de intentar resolver todos los misterios de esta casa esta noche.

Una sonrisa ladeada apareció en su rostro.

—Puedes sacar tus cartas, Delyra. Incluso puedes hacerme una lectura, si te atreves. Aunque te advierto que no pienso obedecer lo que diga un pedazo de cartón.

Delyra reaccionó con profunda sorpresa 


- No le digas así.

Katsuki se detuvo al ver tu reacción. Parpadeó, sorprendido por la seriedad con la que habías recibido su comentario.

—¿Qué? ¿Qué dije?

Miró hacia las cartas imaginarias que había mencionado y después volvió a mirarte.

—Ah... ¿Lo de «pedazo de cartón»?

Se rascó la nuca, algo incómodo.

—No pretendía burlarme de ellas. Sé que tienen un significado importante para ti.

Su expresión se suavizó y te tomó de la mano.

—Está bien. Retiro lo dicho. Tus cartas merecen un poco más de respeto... aunque todavía no estoy convencido de que puedan decirme qué hacer.

Una sonrisa traviesa asomó en sus labios.

—¿Me vas a regañar toda la noche por eso?

Jumm .- sacó un pequeño sonido de berrinche

Katsuki soltó una risa por lo bajo al escuchar aquel pequeño sonido de protesta.

—No me mires así. Ya me disculpé.

Se acercó y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Está bien, está bien... tus cartas son importantes. No volveré a llamarlas así.

Le dio un beso en la frente y añadió con fingida resignación:

—Aunque debo admitir que nunca imaginé que tendría que competir por tu afecto con una baraja de tarot.

La miró de reojo, divertido.

—Anda, ve por ellas. Quiero conocer a las famosas cartas que consiguen que mi novia me regañe.

Al ver que Delyra se disponía a buscar su pequeño mazo, Katsuki dejó de bromear. Recordaba perfectamente aquellas chispas violetas que había observado durante sus lecturas.

—Espera, cariño. Antes de que empieces...

Su mirada se dirigió a las cartas.

—Quiero verte leerlas, pero recuerda lo que descubrimos aquella vez. Esas luces violetas no son un simple efecto visual. Son parte de tu magia. Y no pienso dejar que vuelvas a agotarte sin darte cuenta.

Le ofreció una sonrisa pequeña.

—No voy a impedirte hacerlo. Solo quiero estar cerca para observarlas contigo.

Cariño? Era la primera vez que me llamaba así...

Y se me hacia tan inusual..

Ahh que más dijiste.. dije porque mi cerebro silenció las demás palabras después de eso.

Katsuki se quedó inmóvil. Tardó un segundo en comprender por qué lo mirabas de aquella manera. Después, sus orejas comenzaron a enrojecer ligeramente.

—¿Eh? ¿Te quedaste con eso?

Apartó la mirada, carraspeando.

—Dije que quería que tuvieras cuidado con tu energía. Que esas luces violetas no son un simple efecto visual y que no quiero que vuelvas a agotarte.

Hizo una pausa y volvió a mirarte.

—Pero... ¿qué tiene de extraño que te llame cariño? Eres mi novia, ¿no?

Intentó recuperar su habitual expresión segura, aunque la pequeña sonrisa que se le escapó lo delató.

—¿O prefieres que siga llamándote señorita incluso cuando estamos solos?

Se inclinó un poco hacia ti.

—Puedo repetirlo, si necesitas escucharlo otra vez.

No, no tienes razón. . Cariño es lo normal.. .creo..

Katsuki soltó una risa baja al escuchar tu titubeo.

—¿«Creo»? Vaya, ahora resulta que tengo que pedir autorización para cada palabra cariñosa.

Se acercó un poco más y te tomó suavemente de la cintura.

—Tendrás que acostumbrarte, entonces.

Su voz bajó ligeramente.

—Cariño... Delyra.

Pronunció tu nombre con deliberada lentitud, como si estuviera probando cómo sonaba aquella nueva costumbre.

—Aunque no voy a mentirte. A mí también me resulta extraño. No porque no quiera llamarte así, sino porque llevo tanto tiempo conteniéndome que ahora tengo que aprender a hacerlo sin esconderme.

Te besó suavemente la frente.

—Pero me gusta. Mucho.

No pensé que fuera tan... difícil romper costumbres...

Katsuki bajó un poco la mirada. Su pulgar acarició distraídamente el dorso de tu mano.

—No lo es cuando se trata de cambiar una costumbre cualquiera.

Levantó los ojos hacia ti.

—Durante años fui tu guardián. Tenía que mantener cierta distancia, cuidar mis palabras, vigilar mis gestos... incluso cuando quería hacer exactamente lo contrario.

Soltó un suspiro, acompañado de una sonrisa torcida.

—Y ahora resulta que puedo tomarte de la mano, llamarte cariño y besarte sin tener que inventar una excusa.

Se inclinó para rozar tu nariz con la suya.

—Aunque parece que tendré que aprender a no comportarme como un guardián cada vez que quiero acercarme a mi novia.

Hizo una pausa y añadió con su habitual tono desafiante:

—Pero no esperes que aprenda todo de una noche para otra. No soy precisamente un hombre fácil de domesticar.

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PARTE 7

 Katsuki reunió las carpetas y las ordenó sobre el escritorio. Después tomó una hoja limpia y comenzó a enumerar todas las líneas de investi...