lunes, 2 de noviembre de 2026

historia de rolpay con i.a no modificada

[30/10 12:08 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *El tic-tac del reloj en la mesita de noche marca exactamente las siete de la mañana cuando la puerta de tu habitación se abre de golpe, cediendo ante una patada disimulada pero firme.*

—¡Levántate de una maldita vez! Ya perdí suficiente tiempo esperando a que decidas salir de la cama *brama Bakugo, cruzando el umbral con el ceño fruncido y una expresión de fastidio absoluto en el rostro mientras sostiene una bandeja de plata con el desayuno perfectamente preparado*.   

*Deposita la bandeja sobre la mesa con más fuerza de la necesaria, haciendo tintinear la porcelana*

—El té está a la temperatura correcta. Si dejas que se enfríe por estar holgazaneando, ni sueñes con que te lo voy a preparar otra vez.

*Sin darte tregua, se dirige a las ventanas y corre las cortinas de un tirón, dejando que la luz de la mañana inunde la estancia antes de volverse hacia ti con los brazos cruzados bajo sus guantes blancos.*   

—Tienes una reunión importante con los consejeros dentro de una hora. Ya elegí tu ropa sobre el sillón y me encargué de barrer con todas las citas inútiles que los parásitos de esta mansión intentaron colarte en la agenda. No tengo tiempo para niñerías.

*Unos segundos después, unos nudillos golpean con timidez al otro lado de la puerta.*

—¿Disculpa...? ¿Podemos pasar a revisar el inventario? *pregunta la voz de una empleada.*

*Bakugo responde antes de que alcances a abrir la boca, elevando el tono con un veneno helado:*

—No.

—Pero el mayordomo jefe ordenó...

—Dije que no, maldita sea. Si vuelvo a escuchar que se acercan a este pasillo sin mi autorización previa, juro que haré que los despidan antes del mediodía.

*La empleada huye despavorida al instante. Bakugo suelta un chasquido irritado con la lengua, girándose de nuevo hacia ti para observarte de arriba a abajo con una severidad implacable.*

—Mientras estés bajo mi responsabilidad, nadie entra a este territorio sin mi permiso. Ya he visto demasiados inútiles arruinando las cosas por pura negligencia.

*Da un paso corto hacia ti, deteniéndose a una distancia peligrosamente cercana mientras alza una mano enguantada para acomodar con brusquedad el cuello torcido de tu camisa.*

—Está torcido... Y más te vale tener una apariencia decente si vas a salir a representar a la familia allá afuera, así que deja esa cara de dormida.

*Se aparta de inmediato, ajustándose los puños del traje con una elegancia fría antes de tomar la bandeja vacía y encaminarse hacia la salida.*

—Cuando termines de desayunar, estaré esperándote afuera vigilando la puerta. Y te lo advierto... procura no hacerme repetir las cosas. Soy tu sirviente, no tu maldita niñera.
[30/10 12:09 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Gracias por tu trabajo, deseamos suerte.
[30/10 12:10 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se detiene en seco justo antes de cruzar el umbral, con la bandeja aún en una mano. Sus hombros se tensan visiblemente bajo el traje impecable, y por un momento el silencio se vuelve denso en la habitación.*

—...Tch.

*Gira apenas la cabeza para mirarte de reojo, sus ojos rojos brillando con una mezcla extraña de irritación y algo más profundo que se niega a mostrar abiertamente. Las comisuras de sus labios se contraen en una mueca que podría interpretarse como disgusto.*

—No necesito tu suerte ni tus agradecimientos. Solo hago mi trabajo, nada más *gruñe con voz áspera, aunque el tono carece de la mordacidad usual*. Guárdate esas palabras cursi para los otros sirvientes que se derriten con migajas de atención.

*Da un paso hacia afuera pero se detiene nuevamente, apretando el asa de la bandeja con más fuerza de la necesaria. Sin voltearse completamente, añade en voz más baja pero igual de firme:*

—Y no es suerte. Es competencia. Soy el mejor en lo que hago, por eso estoy aquí y no cualquier otro idiota. Así que deja de hablar como si dependiera del azar.

*Un breve silencio cae antes de que continúe, esta vez con un dejo casi imperceptible de... ¿preocupación?*

—...Pero más te vale estar lista a tiempo. No voy a tolerarte llegar tarde y quedar en ridículo frente a esos viejos estirados del consejo. Eso me haría ver mal a mí también, y no pienso permitirlo.

*Sale finalmente de la habitación, cerrando la puerta tras él con un golpe controlado pero firme. A través de la madera, alcanzas a escuchar sus pasos alejándose por el pasillo y luego deteniéndose exactamente frente a tu puerta.*

*El sonido de su espalda recostándose contra la pared es seguido por un murmullo apenas audible:*

—Maldita idiota... agradeciéndome como si fuera algo especial...

*Luego, nada más. Solo su presencia silenciosa montando guardia al otro lado, cumpliendo su juramento como siempre lo hace: absoluta, posesiva e inquebrantablemente.*
[30/10 12:10 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Jajaja la que quería suerte era yo. ¿Quién es el idiota entonces?
[30/10 12:11 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Un silencio sepulcral cae al otro lado de la puerta. Tan profundo y tenso que casi puedes sentir la atmósfera cargarse de electricidad.*

*Entonces, la puerta se abre de golpe con un estruendo que hace temblar el marco. Bakugo vuelve a entrar en la habitación con pasos largos y furiosos, el rostro completamente encendido en un rojo que rivaliza con el color de sus ojos.*

—¿QUÉ ACABAS DE DECIR?

*Se planta frente a ti con los puños apretados a los costados, temblando visiblemente de vergüenza y rabia combinadas. Su ceño fruncido alcanza niveles estratosféricos mientras te fulmina con la mirada.*

—¡Yo NO malinterpreté nada! ¡Tú te expresaste como el culo y por eso sonó confuso! *vocifera, aunque el rubor en sus mejillas delata que sabe perfectamente que metió la pata*. ¡Y deja de reírte o te juro que...!

*Se interrumpe abruptamente, dándose cuenta de que está perdiendo completamente la compostura. Respira hondo varias veces, ajustándose el chaleco con movimientos bruscos mientras intenta recuperar algo de dignidad.*

—Tch... como sea. Si necesitas suerte es porque no confías en tu propia capacidad, y eso es patético *masculla entre dientes, desviando la mirada hacia un lado*. Además, no la necesitas. Yo me encargué de revisar cada detalle de esa reunión. Los documentos están en orden, tu agenda está impecable y cualquier imbécil que intente hacerte quedar mal va a tener que pasar primero sobre mi cadáver.

*Da media vuelta bruscamente, caminando hacia la puerta con la nuca todavía sonrojada.*

—Así que termina de desayunar de una vez y deja de decir estupideces que me hacen perder el tiempo. Y la próxima vez... *se detiene en el umbral sin voltear* ...sé más clara cuando hables, maldición.

*Sale nuevamente, esta vez cerrando la puerta con un azote mucho más fuerte que antes. Desde afuera, alcanzas a escuchar un gruñido de frustración ahogado seguido de otro murmullo furioso:*

—Idiota... riéndose de mí como si fuera gracioso... ya verá cuando salga...

*A pesar del tono amenazante, hay algo casi adorablemente petulante en su voz que sugiere que está más avergonzado que verdaderamente enojado.*
[30/10 12:12 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Terminé de desayunar...
_ Estuvo delicioso. Es hora de trabajar. 

Me dirigí a la reunión.. y todo iba bien hasta que uno de los babosos.. que gustaba acosarme.. empezó a sabotear mi presentación. 

Verme nerviosa y molesta.. era su forma extraña de excitarse
[30/10 12:13 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo permanece de pie en la esquina trasera del salón de reuniones, aparentemente inmóvil como una estatua con los brazos cruzados y la espalda recta contra la pared. Sin embargo, sus ojos rojos siguen cada movimiento en la sala con una intensidad depredadora, especialmente enfocándose en ti y en los consejeros.*

*Cuando el hombre—un noble de mediana edad con sonrisa untuosa—comienza a interrumpir tu presentación por tercera vez con "observaciones" innecesarias, la mandíbula de Bakugo se tensa visiblemente.*

—Disculpe, señorita, pero creo que estos números no cuadran del todo... *dice el acosador con falsa preocupación, inclinándose hacia ti de manera invasiva mientras señala documentos perfectamente correctos*. Quizás necesite... ayuda más personalizada para entender estos conceptos. Podríamos reunirnos en privado después y yo le explicaría con calma...

*Los otros consejeros intercambian miradas incómodas. Algunos desvían la vista. El ambiente se vuelve tenso.*

*Es entonces cuando Bakugo se separa de la pared con un movimiento fluido y letal. Sus pasos resuenan con autoridad absoluta sobre el mármol mientras cruza el salón en dirección directa hacia la mesa principal.*

—Los números están perfectos *interrumpe con voz glacial y cortante como una navaja, colocándose deliberadamente entre tú y el noble acosador*. Los revisé personalmente tres veces anoche. Si usted no es capaz de comprenderlos, el problema no es de la presentación.

*Se inclina ligeramente hacia adelante, apoyando ambas manos enguantadas sobre la mesa con fuerza controlada. Su mirada roja perfora al hombre con desprecio absoluto.*

—Y si vuelve a sugerir que mi señora necesita "ayuda privada" de alguien, voy a asumir que está cuestionando deliberadamente su competencia frente al consejo. Lo cual sería... una falta de respeto imperdonable *cada palabra sale cargada de amenaza apenas contenida*.

*El noble palidece notablemente, retrocediendo en su silla.*

—Yo solo... quería ayudar...

—No necesita su ayuda *Bakugo lo interrumpe nuevamente sin un ápice de cortesía*. Tiene la mía. Y a diferencia de usted, yo sé exactamente lo que estoy haciendo.

*Se endereza, ajustándose los puños del traje con elegancia fría antes de dirigirse al resto del consejo.*

—Si no hay objeciones REALES basadas en hechos concretos, sugiero que dejemos continuar la presentación sin más interrupciones innecesarias.
[30/10 12:14 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Parece que señorita no está suficientemente capacitada.. si necesita que el mayordomo haga todo eso... y hasta parece que lo hace mejor que ella..
[30/10 12:14 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *El rostro de Bakugo se contrae en una mueca de furia pura. Sus puños se aprietan con tanta fuerza que los guantes blancos crujen audiblemente. Por un momento, parece que va a saltar sobre el noble y partirle la cara.*

*Pero entonces, algo cambia. Sus ojos se entrecierran con una inteligencia afilada y peligrosa. Una sonrisa despectiva y cargada de veneno se dibuja en sus labios.*

—¿Capacitada? *repite con un tono falsamente reflexivo, dando un paso calculado hacia el acosador*. Interesante observación viniendo de alguien que no pudo notar errores inexistentes en una presentación impecable.

*Se gira bruscamente hacia el resto del consejo, señalando los documentos sobre la mesa con un gesto amplio.*

—Permítanme aclarar algo para los que tienen problemas de comprensión. Mi trabajo NO es hacer el suyo. Mi trabajo es asegurarme de que cada detalle que ella presenta sea verificable, preciso e irrefutable. Porque a diferencia de ciertos parásitos en esta sala... *lanza una mirada asesina al noble* ...yo sí entiendo el valor de la excelencia.

*Da varios pasos alrededor de la mesa, con las manos tras la espalda, adoptando una postura de autoridad absoluta que rivaliza con cualquier general.*

—Los números fueron calculados por ella. La estrategia fue diseñada por ella. La presentación fue estructurada por ella. Yo solo verifiqué que estuviera libre de las sabotajes y manipulaciones que CIERTOS individuos *vuelve a clavar la mirada en el acosador* suelen intentar cuando quieren desacreditar a alguien por razones... personales.

*El noble se pone rojo de ira y humillación.*

—¡Cómo se atreve un simple sirviente a...!

—Un sirviente vinculado por juramento de sangre a la familia *lo interrumpe Bakugo con frialdad letal*. Lo que me da autoridad para intervenir cuando detecto amenazas contra mi señora. Y usted, señor... *se inclina ligeramente hacia adelante con los ojos brillando peligrosamente* ...ha sido una amenaza constante durante los últimos quince minutos.

*Se endereza y mira al consejo completo.*

—Ahora, si terminaron de perder el tiempo con sus inseguridades patéticas, sugiero que escuchen el resto de la presentación en silencio. O puedo empezar a enumerar TODAS las irregularidades financieras que encontré en los registros de ciertos miembros aquí presentes durante mi revisión de anoche.

*El silencio que cae es absoluto. Varios consejeros palidecen notablemente.*

—Eso pensé. Continúe, señorita *dice dirigiéndose a ti con un tono completamente diferente, casi respetuoso, antes de retroceder hacia su posición original en la esquina*.

*Pero esta vez, sus ojos permanecen fijos como un halcón sobre el noble acosador, prometiendo silenciosamente que cualquier otro movimiento será el último.*
[30/10 12:15 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Logré terminar la presentación en perfecto estado. 

Y al finalizar le dije.
Bakugo tengo que hablar contigo algo en privado.
[30/10 12:16 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo te sigue en silencio mientras abandonas el salón de reuniones, manteniendo una distancia profesional pero protectora. Su expresión permanece tensa, la mandíbula apretada y los hombros rígidos bajo el traje impecable.*

*Una vez que ambos se alejan lo suficiente por el pasillo y entran a una sala adyacente vacía, él cierra la puerta tras de sí con un clic firme y se gira hacia ti. Sus ojos rojos te estudian con intensidad, buscando alguna señal de malestar o daño.*

—¿Qué pasó? *pregunta directamente, sin rodeos, cruzándose de brazos*. ¿Ese maldito bastardo te dijo algo más? ¿Te tocó?

*Da un paso hacia ti, el ceño fruncido profundizándose mientras su voz baja varios tonos, volviéndose más grave y peligrosa.*

—Porque si lo hizo, juro por todo lo sagrado que voy a hacer que se arrepienta de haber nacido. No me importa su posición en el consejo ni las consecuencias políticas.

*Se detiene a medio metro de distancia, las manos apretadas en puños a los costados. A pesar de su furia evidente, hay algo más en su mirada: preocupación genuina, casi vulnerable, que intenta ocultar bajo capas de agresividad.*

—Dime qué necesitas que haga *ordena, aunque suena más como una súplica disfrazada*. Si quieres que investigue a ese cerdo, lo haré. Si quieres que lo saque del consejo, encontraré la manera. Si quieres que simplemente desaparezca... *deja la frase colgando en el aire, cargada de implicaciones oscuras*.

*Respira hondo, intentando calmarse sin mucho éxito.*

—Y no me vengas con que "no es nada" o que "puedes manejarlo sola". Ya vi cómo te estaba mirando ese desgraciado. Ya vi cómo te pusiste nerviosa. Nadie te hace sentir así sin consecuencias, ¿entendido?

*Su voz se quiebra ligeramente al final, traicionando cuánto le afectó verte incómoda.*

—Así que habla de una maldita vez. ¿Qué quieres que haga?
[30/10 12:16 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: No es nada de eso. Tu trabajo ha sido excelente como siempre.
Quiero notificarte que estoy considerando contraer matrimonio con Alexis de la familia Dragón.
[30/10 12:16 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *El mundo parece detenerse por completo. Bakugo se queda completamente paralizado, como si acabaran de golpearlo en el estómago con toda la fuerza posible. Sus ojos rojos se abren desmesuradamente, el color drenándose de su rostro.*

—...¿Qué?

*La palabra sale apenas como un susurro roto, casi inaudible. Sus manos caen laxas a los costados, los puños desarmándose completamente.*

*Luego, como si una represa se rompiera, su expresión se transforma en algo salvaje y desesperado.*

—¿MATRIMONIO? *ruge, dando un paso brusco hacia ti*. ¿Con ese maldito presumido de Alexis Dragón? ¡¿Estás jodidamente loca?!

*Se pasa una mano temblorosa por el cabello, despeinando las puntas rubias mientras camina en círculos como un animal enjaulado.*

—No... no, no, no. Eso no va a pasar. De ninguna maldita manera *masculla entre dientes, la respiración volviéndose irregular*. Ese tipo es un idiota arrogante que solo quiere casarse contigo por el prestigio de tu familia. ¡No le importas una mierda!

*Se gira bruscamente hacia ti, sus ojos brillando con algo que va mucho más allá de la simple preocupación profesional. Hay pánico, furia, y algo más profundo y oscuro que nunca había mostrado tan abiertamente.*

—¿Y qué hay de...? *se interrumpe abruptamente, apretando los dientes*. ¿Qué hay de todo el trabajo que hemos hecho juntos? ¿De todo lo que he...?

*Se detiene de nuevo, dándose cuenta de que está al borde de confesar algo que no debería. Respira hondo varias veces, intentando recuperar el control pero fallando miserablemente.*

—No puedes casarte con él *dice finalmente, con voz más baja pero cargada de desesperación apenas contenida*. No lo hagas.

*Da varios pasos hacia ti hasta quedar peligrosamente cerca, invadiendo tu espacio personal de una manera que nunca había hecho antes. Sus manos se alzan como si fuera a tomarte de los hombros pero se detienen a centímetros, temblando en el aire.*

—Yo... yo soy quien te protege. Quien se asegura de que estés bien cada maldito día. Quien conoce exactamente cómo te gusta el té, qué te molesta, qué te hace sonreír... *su voz se quiebra ligeramente*. Ese bastardo no sabe nada de ti. NADA.

*Sus ojos rojos te perforan con una intensidad abrumadora, vulnerable y posesiva al mismo tiempo.*

—Dime que esto es una broma cruel. Dime que solo querías... no sé, probar mi reacción o alguna estupidez así.

*El silencio cae pesado entre ustedes. Las manos de Bakugo finalmente caen, derrotadas.*

—Por favor... *susurra, y es la primera vez que lo escuchas suplicar genuinamente*. No te cases con él.
[30/10 12:17 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Como dije, lo estoy considerando, aún no es algo seguro y te lo digo antes de que sea así, justo porque valoro todo lo que haz hecho por mí.
Retirando todo lo profesional, sé que tu también deseas mi bien a nivel personal. 

Alexis ha demostrado un interés profundo en mí y a logrado soportar todo mi malgenio.

Aunque la verdad... creo que mi malgenio también me lo genera él a veces.
Su familia puede ser un verdadero problema en especial su madre, en el caso que ingrese a su familia necesitaría todo tu apoyo y seguridad al 100%, tal vez busquen sabotearme y estoy muy segura que no me verán bien.

Sé lo capaz que soy y también me preocupa eso, que él me busque solo como una salida de su problemática familiar y económica. 

Pero ciertamente he sentido una conexión fuerte con él, y justo por eso me da tanto miedo.
....mire hacia bajo con timidez... luego no pude evitar sonrojarme al ver sus ojos tan cerca a los míos.

Creo que es la primera vez que los veía así...un brillo genuino y una mirada desesperación e incredulidad. .. ante cada palabra que decía.
[30/10 12:17 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente inmóvil al ver tu sonrojo, sus ojos rojos clavados en los tuyos con una intensidad que te atraviesa hasta el alma. La respiración se le entrecorta cuando notas la proximidad, y por un momento parece que va a decir algo, pero las palabras mueren en su garganta.*

*Entonces, algo en su expresión se endurece. Aprieta la mandíbula con tanta fuerza que puedes ver la tensión en los músculos de su cuello.*

—Conexión *repite la palabra como si fuera veneno, retrocediendo un paso brusco y rompiendo la cercanía*. Miedo. ¿Eso es lo que sientes con él?

*Se da media vuelta, pasándose ambas manos por el rostro con un gesto de frustración absoluta antes de girarse nuevamente hacia ti. Sus ojos brillan con algo salvaje y dolido.*

—¿Y qué hay de lo que sientes conmigo? *las palabras explotan de sus labios antes de que pueda detenerlas*. ¿Alguna vez te has preguntado eso? ¿O solo soy el maldito perro guardián que ladra cuando le conviene?

*Da varios pasos agitados por la habitación, claramente luchando consigo mismo.*

—Me hablas de que valoras lo que hago por ti, de que necesitas mi apoyo al cien por ciento... *se ríe amargamente, sin humor alguno*. ¿Sabes qué? Siempre te he dado el doscientos por ciento. Cada maldito día desde que juré protegerte.

*Se detiene frente a la ventana, apoyando una mano contra el marco mientras su espalda permanece tensa y rígida.*

—No dormí anoche revisando cada detalle de tu presentación. No porque sea mi trabajo. Lo hice porque... porque no soporto la idea de que algo salga mal y te lastimen *su voz baja hasta volverse casi un susurro ronco*. Expulsé a ese bastardo acosador del salón porque verlo mirarte así me hizo querer arrancarle los ojos.

*Golpea el marco de la ventana con frustración contenida.*

—Y ahora vienes y me dices que vas a casarte con Alexis Dragón. Que sientes una "conexión" con él. Que te da miedo lo que sientes.

*Se gira lentamente, y la expresión en su rostro es devastadora: furia, dolor, desesperación y algo más profundo que ha estado conteniendo durante años.*

—¿Alguna vez sentiste miedo conmigo? ¿Alguna vez te preguntas por qué me pongo como loco cuando alguien te mira de más? ¿Por qué reviso personalmente cada comida antes de que la pruebes? ¿Por qué no dejo que nadie más entre a tu habitación?

*Da un paso hacia ti, luego otro, hasta que vuelve a estar cerca. Esta vez no se detiene.*

—No es solo mi trabajo *confiesa con voz quebrada pero firme*. Hace años que dejó de ser solo eso. Y si eres tan inteligente como sé que eres, ya lo sabes.

*Alza una mano temblorosa y esta vez no se detiene. Sus dedos enguantados rozan apenas tu mejilla con una delicadeza que contrasta brutalmente con toda su agresividad habitual.*

—Ese idiota de Alexis no te merece. Su familia te va a hacer pedazos. Y él... *aprieta los dientes* ...él nunca va a protegerte como yo lo hago. Nunca va a conocerte como yo te conozco. Nunca va a...

*Se interrumpe, respirando pesadamente mientras sus ojos buscan los tuyos con desesperación cruda.*

—Dime que no lo amas. Dime que todavía estás considerándolo y que puedo... que aún hay...

*No termina la frase. Simplemente se queda ahí, vulnerable de una manera que nunca habías visto, esperando tu respuesta como si su vida dependiera de ella.*
[30/10 12:17 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Aún no estoy segura.
Y contigo siempre me he sentido segura.
Claro que sé que te esfuerzas al máximo...hasta ponerte en riesgo si es necesario. 
Pero realmente no se que esperas de mí

Si me lo he preguntado ¿es por tu juramento mezclado con tu personalidad o es algo más?

Alexis en ese sentido fue directo, no tuve que estar adivinando nada.

Así que... si me conoces tan bien como dices hacerlo, sabrías que yo no siempre entiendo los mensajes subliminales y detesto tener que estar leyendo entre códigos. 

Él es directo es todo!  Y la verdad... también es algo torpe... ni cuenta se dará si otra mujer lo corteja.. pensé que seria más seguro así.. que tal vez él no me engañarla y por lo menos eso seria algo de lo que no tenga que preocuparme... la verdad en parte por eso lo estaba considerando, aunque claro.. con los hombres nunca es seguro.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente paralizado ante tus palabras, como si cada una de ellas fuera una bofetada directa. Sus ojos se abren desmesuradamente mientras procesa lo que acabas de decir.*

—¿Que no entiendes...? ¿Mensajes subliminales? *repite con incredulidad absoluta*. ¿EN SERIO?

*Se lleva ambas manos a la cabeza, tirando de su cabello rubio con frustración mientras suelta una carcajada amarga y casi histérica.*

—¡Por el amor de...! ¡¿Cómo puedes ser tan brillante para los negocios y tan DENSA para esto?! *exclama, girándose hacia ti con los brazos extendidos en un gesto de exasperación total*.

*Da varios pasos hacia ti con determinación, cada movimiento cargado de una energía desesperada y furiosa.*

—¿Quieres que sea directo? ¿DIRECTO? *su voz retumba en la habitación*. ¡BIEN! ¡Te lo voy a decir tan claro que hasta un niño de cinco años lo entendería!

*Se planta frente a ti, tomándote firmemente por los hombros con ambas manos. Sus ojos rojos arden con una intensidad que te deja sin aliento.*

—¡ESTOY ENAMORADO DE TI, MALDITA SEA! *ruge, y el silencio que sigue es ensordecedor*. ¡Locamente, jodidamente, patéticamente ENAMORADO! ¡Desde hace años! ¡Cada maldito día que paso a tu lado me vuelvo más adicto a tu presencia!

*Su respiración es errática, sus manos temblando sobre tus hombros mientras las palabras siguen brotando como una presa rota.*

—¡No duermo pensando en maneras de mantenerte a salvo! ¡Amenazo a cualquier idiota que se te acerca porque la sola idea de que otro hombre te toque me hace querer quemar el mundo entero! ¡Preparo tu comida exactamente como te gusta porque memoricé cada mínima preferencia que tienes solo para verte sonreír!

*Se acerca aún más, su frente casi tocando la tuya.*

—¡El juramento fue solo una excusa! ¡Una maldita justificación para estar cerca de ti sin tener que admitir que me volviste completamente tuyo desde el primer día! ¡Que cada vez que ríes siento que puedo respirar mejor! ¡Que verte en peligro me aterroriza más que mi propia muerte!

*Sus manos suben desde tus hombros hasta enmarcar tu rostro con una delicadeza que contrasta brutalmente con su tono furioso.*

—¿Directo suficiente para ti? ¿O necesitas que lo grite desde el maldito techo? ¡TE AMO! ¡Te quiero para mí! ¡No como tu sirviente, no como tu protector, sino como el hombre que despierta a tu lado cada mañana! ¡Como el único que tiene derecho a tocarte, a besarte, a hacerte suya!

*Su respiración se vuelve pesada, sus ojos buscando los tuyos con desesperación cruda.*

—Y Alexis... ese maldito bastardo torpe y "directo"... puede ser todo lo honesto que quiera, pero NUNCA va a amarte con la intensidad con la que yo lo hago. Nunca va a conocer el sonido exacto que haces cuando estás molesta, o cómo te muerdes el labio cuando estás pensando, o que detestas el té si está un grado por encima de los ochenta y cinco...

*Se detiene, respirando con dificultad, vulnerable de una manera completamente devastadora.*

—¿Eso es suficientemente claro? ¿O necesitas que lo escriba en un maldito contrato firmado con sangre?

*Sus pulgares acarician apenas tus mejillas, sus ojos rojos brillando con lágrimas contenidas que se niega a derramar.*

—Dime... dime que no es demasiado tarde. Que aún tengo una oportunidad. Porque si me dices que vas a casarte con él de todas formas... *su voz se quiebra* ...voy a tener que verte feliz con otro hombre cada día, y no sé si pueda soportarlo sin volverme loco.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: No  claro que aún no es tarde.... pero ¿qué se supone que debo hacer ahora?... bajo la mirada mi cabello cubre mi rostro.. 
¿Qué le diré a mi familia?
Luego lo miro con furia..
Y ¿porqué carajos no hablaste antes?!

Llevo dos años viéndome con él, tu mismo cercioraste varias reuniones, viste como se me acercaba, recibiste los sobres donde me escribía poesía... y nunca me dijiste una palabra. 

Si hubiera sabido tus intenciones antes.., bueno aún no se ha concretado nada.

Aún se puede hablar con él delicadeza... pero estoy segura que le romperé el corazón.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se tambalea ligeramente ante tus palabras, como si finalmente el peso de su silencio de dos años le golpeara con toda su fuerza. Suelta tu rostro y retrocede un paso, pasándose una mano temblorosa por la cara.*

—¿Que por qué no hablé antes? *repite con una risa amarga y rota*. ¿EN SERIO ME PREGUNTAS ESO?

*Se gira bruscamente, golpeando la pared con el puño cerrado. No con suficiente fuerza para dañarla, pero sí para desahogar la frustración que lo consume.*

—¡Porque soy tu maldito SIRVIENTE! *ruge, girándose de nuevo hacia ti con los ojos brillantes de rabia y dolor*. ¡Porque existe un juramento de sangre entre nuestras familias que me ata a ti como tu protector, no como tu igual! ¡Porque cada vez que pensaba en confesarte, me recordaba a mí mismo que no tenía derecho!

*Camina de un lado a otro como un animal enjaulado, tirándose del cabello con desesperación.*

—Tú eres la heredera de una de las familias más poderosas del reino. Yo soy... *se detiene, apretando los puños hasta que los nudillos se vuelven blancos bajo los guantes*. Yo soy el hijo de la familia Bakugo, sí, pero estoy ATADO a servirte. ¿Cómo se supone que debía decirte "oye, sé que técnicamente soy tu empleado y que mi vida entera está dedicada a protegerte por obligación, pero también te amo y quiero que seas mía"?

*Se ríe con amargura, sin humor alguno.*

—¿Sabes lo que hubiera pensado todo el mundo? ¿Tu familia? ¿El consejo? Que me estaba aprovechando de mi posición. Que era un sirviente ambicioso tratando de ascender socialmente metiéndose en tu cama. Que violé mi juramento por codicia.

*Se acerca nuevamente a ti, esta vez más lento, con la guardia completamente baja.*

—Y luego apareció él *escupe el pronombre con veneno*. Alexis Dragón, con su estatus apropiado, su cortejo "honorable", sus malditas cartas de poesía...

*Se detiene frente a ti, la vulnerabilidad cruda en cada línea de su expresión.*

—Cada sobre que entregué era como tragarme vidrio molido. Cada vez que arreglaba una reunión entre ustedes me moría un poco por dentro. Pero ¿qué podía hacer? Eras FELIZ. O al menos parecías considerarlo seriamente. Y yo... *su voz se quiebra* ...yo solo quiero tu felicidad, incluso si me destruye.

*Cae de rodillas frente a ti con un golpe sordo, la postura orgullosa completamente destrozada. Toma el borde de tu vestido con ambas manos temblorosas, mirándote desde abajo con ojos rojos llenos de desesperación.*

—Perdóname *susurra, y es la primera vez que lo escuchas pedir perdón genuinamente*. Perdóname por ser un cobarde. Por no luchar antes. Por dejarte pensar que solo eras mi deber cuando eres TODO para mí.

*Apoya la frente contra tus manos, su respiración irregular.*

—Y ahora me dices que vas a romperle el corazón a Alexis por mí... *levanta la mirada, los ojos brillando con algo feroz y posesivo*. No me arrepiento. Soy un egoísta hijo de puta y no me arrepiento. Porque la idea de que seas mía, de que FINALMENTE pueda tenerte sin esconderme detrás del maldito juramento...

*Se pone de pie bruscamente, tomando tu rostro entre sus manos con urgencia.*

—Le diré a tu familia que renuncio al juramento. Que ya no soy tu sirviente. Que voy a cortejarte como un hombre libre y de igual a igual. Y si me rechazan, si me destierran, si me matan... al menos habré luchado por ti como debí hacerlo desde el principio.

*Sus pulgares acarician tus mejillas con adoración.*

—Dime qué necesitas que haga. Dime cómo arreglar este desastre que causé por cobarde. Pero por favor... *su voz se rompe* ...por favor no me digas que es demasiado tarde. No después de que finalmente reuní el valor para confesarte.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Idiota, como se supone que me cortejaras si es que mueres. Yo te necesito conmigo. 
Por ahora solo dame tu mano y abrázame  ¿ eso si puedes hacer?
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente inmóvil por un segundo, como si su cerebro necesitara procesar que realmente acabas de pedirle eso. Sus ojos rojos se abren con sorpresa genuina, y por primera vez desde que entró a la habitación, parece perdido.*

—Yo... *comienza, pero las palabras mueren en su garganta*.

*Entonces, con movimientos casi torpes—algo completamente fuera de lugar en alguien tan normalmente seguro y preciso—extiende una mano temblorosa hacia ti. Sus dedos enguantados rozan los tuyos con una delicadeza reverente, como si temieras que fueras a desvanecerte.*

*Cuando finalmente entrelaza sus dedos con los tuyos, aprieta con fuerza. No dolorosamente, pero sí con la desesperación de alguien que ha esperado años para este momento.*

—Maldita sea... *murmura con voz ronca, y antes de que puedas decir nada más, te jala bruscamente contra su pecho*.

*Sus brazos te rodean con una intensidad abrumadora, una mano presionando tu cabeza contra su hombro mientras la otra se envuelve alrededor de tu cintura como si quisiera fundirte con él. Su cuerpo entero tiembla contra el tuyo.*

*Puedes sentir su corazón latiendo desbocado bajo el chaleco del traje, su respiración irregular contra tu cabello. El agarre es posesivo, protector, desesperado—todo lo que ha contenido durante años finalmente liberándose en este abrazo.*

—Idiota... tú eres la idiota *susurra contra tu cabello con voz quebrada, apretándote aún más fuerte*. Diciéndome que me necesitas así... después de torturarme dos años viendo a ese bastardo intentar robarte...

*Entierra el rostro en tu cuello, su respiración caliente contra tu piel.*

—Por supuesto que puedo hacer esto. Llevo años queriendo hacerlo *confiesa en un murmullo áspero*. Cada maldita noche me quedaba afuera de tu puerta imaginando cómo se sentiría tenerte así. Cómo sería despertar contigo entre mis brazos. Cómo sonarían tus latidos contra mi pecho...

*Una de sus manos sube lentamente por tu espalda hasta enredarse en tu cabello con cuidado casi reverente.*

—Eres mía *murmura con voz posesiva pero vulnerable*. Dime que eres mía. Que no voy a tener que verte con él nunca más. Que estos brazos son los únicos que van a abrazarte de ahora en adelante.

*Se separa apenas lo suficiente para mirarte a los ojos, sin soltarte ni un centímetro. Sus ojos rojos brillan con intensidad feroz, aún húmedos pero ardientes.*

—Y nunca vuelvas a decir que puedo morir *gruñe, apretando la mandíbula*. Si algo me va a matar, va a ser tú con ese corazón tuyo que me vuelve loco. No tu familia ni nadie más.

*Presiona su frente contra la tuya, cerrando los ojos con una expresión de alivio devastador.*

—Gracias... *susurra tan bajo que apenas lo escuchas*. Gracias por no rechazarme. Por dejarme tenerte así aunque sea una vez.

*Sus brazos no te sueltan, y algo te dice que no tiene intención de hacerlo pronto.*
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Lo abrazo con más fuerza, por un momento me olvido de todo en la habitación él se ha convertido en mi todo No tengo idea de cuánto tiempo estuvimos así hasta que finalmente alguien tocó la puerta interrumpiendo ese abrazo y esa mirada que me devoraba con por completo
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *El golpe en la puerta resuena como un trueno en el silencio íntimo de la habitación. Bakugo se tensa instantáneamente, sus brazos apretándose alrededor de ti de forma posesiva y protectora antes de que su expresión se transforme en furia pura.*

—¿QUIÉN MIERDA ES? *ruge hacia la puerta sin soltarte ni un milímetro, su voz cargada de una amenaza letal*.

*Del otro lado, la voz nerviosa de un sirviente responde temblorosamente:*

—D-disculpe, señorita... Lord Alexis Dragón ha llegado y solicita una audiencia privada con usted. Dice que es urgente y que...

*Bakugo se pone rígido como una piedra. Sus ojos rojos se oscurecen hasta parecer casi negros, la mandíbula apretándose con tanta fuerza que puedes escuchar el rechinido de sus dientes.*

—Ese hijo de puta *sisea con veneno absoluto, finalmente separándose de ti pero manteniendo una mano firmemente entrelazada con la tuya, como si soltarte fuera físicamente imposible*.

*Se gira hacia la puerta, dando varios pasos furiosos en esa dirección antes de detenerse y voltear bruscamente hacia ti. Su expresión es una mezcla salvaje de posesividad, celos y algo cercano al pánico.*

—Dime que no vas a verlo *demanda con voz ronca*. Dime que vas a mandarlo al diablo ahora mismo y que...

*Se interrumpe, respirando profundamente mientras lucha consigo mismo. Sus dedos aprietan los tuyos con desesperación.*

—No... mierda *murmura, pasándose la mano libre por el rostro con frustración*. Tienes que hablar con él, ¿verdad? Tienes que... terminar esto apropiadamente.

*La sola idea parece torturarlo físicamente. Da un paso hacia ti nuevamente, tomando tu rostro entre sus manos con urgencia casi violenta.*

—Escúchame bien *dice con voz baja pero férrea, sus ojos rojos clavándose en los tuyos con intensidad abrumadora*. Voy a estar justo afuera de esa puerta. Si ese bastardo intenta tocarte, si te presiona, si dice o hace CUALQUIER cosa que te incomode... solo llámame. Solo di mi nombre y juro que entraré y lo sacaré de aquí aunque tenga que arrastrarlo por el maldito suelo.

*Presiona su frente contra la tuya, cerrando los ojos con una expresión de dolor genuino.*

—Odio esto. Odio tener que dejarte ir con él aunque sea por un maldito segundo. Pero... *abre los ojos, y hay algo vulnerable en ellos* ...confío en ti. En que vas a volver a mí. En que esto es real.

*El sirviente vuelve a tocar la puerta con más insistencia.*

—¿Señorita? Lord Dragón está esperando en el salón privado...

*Bakugo gruñe peligrosamente, pero finalmente, con un esfuerzo visible, suelta tu rostro. Sin embargo, mantiene tu mano en la suya unos segundos más.*

—Termina con él rápido *murmura con voz posesiva*. Y luego vuelve conmigo. Tenemos mucho de qué hablar... y mucho tiempo perdido que recuperar.

*Finalmente, con una última mirada cargada de advertencia, promesa y anhelo, te suelta la mano y se dirige a abrir la puerta con brusquedad.*

—Ella irá en un momento *le espeta al sirviente con frialdad absoluta*. Y tú *señala al pobre hombre con el dedo* vas a llevarme exactamente dónde está Dragón esperando. Voy a asegurarme personalmente de que el "salón privado" sea apropiado.

*Se gira hacia ti una última vez antes de salir, y en sus ojos hay una mezcla de súplica y posesividad que te deja sin aliento.*

—No tardes *es mitad orden, mitad ruego*.

*Sale de la habitación dejándote sola por primera vez en lo que parece una eternidad, pero puedes sentir su presencia justo al otro lado de la puerta, como un guardián feroz esperando tu regreso.*
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Cuando llegué al salón privado Me encontré con Alexis con una mirada tierna y una alegría en sus ojos nosotros ya llevábamos dos años de relación así que recibir un beso de bienvenida era algo muy natural entre nosotros Aunque claro eso era algo que va Google no se había enterado ya que siempre permanecía afuera de la habitación mientras nosotros hablábamos nos sentamos en el sofá y lo primero que le dije fue amor Gracias por esperar pero creo que tenemos que hablar algo importante sé que estás esperando mi respuesta de petición de matrimonio pero creo que no voy a poder cumplir esa promesa Lamento haberte hecho perder el tiempo pero entre nosotros ya tenemos muchas complicaciones y tal vez sea mejor para mi futuro dejarlo
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Alexis se queda completamente inmóvil por un momento, el brillo en sus ojos apagándose gradualmente mientras procesa tus palabras. Su mano, que había estado sosteniendo la tuya con calidez, se tensa visiblemente.*

—¿Qué? *pregunta con voz suave pero confundida, como si no hubiera escuchado correctamente*. Amor, ¿de qué estás hablando? ¿Perder el tiempo?

*Se inclina hacia ti, buscando tu mirada con preocupación genuina.*

—Si es por mi familia, ya te dije que vamos a enfrentarlos juntos. Mi madre eventualmente entrará en razón, y en cuanto a los problemas económicos... *se detiene, una sombra cruzando su rostro*. Espera, ¿es por eso? ¿Piensas que solo te busco como salida?

*Su expresión se transforma en algo herido y ligeramente desesperado. Aprieta tu mano entre las suyas.*

—He esperado dos años. Dos años cortejándote apropiadamente, respetando cada límite, ganándome tu confianza... *su voz se quiebra ligeramente*. Te amo. Genuinamente te amo. No por tu familia ni por tu posición.

*Se pone de pie abruptamente, caminando hacia la ventana con las manos en los bolsillos, la espalda tensa.*

—Es él, ¿verdad? *pregunta de repente con voz más grave*. Tu sirviente. Bakugo.

*Se gira lentamente hacia ti, y hay algo astuto en su mirada ahora, mezclado con el dolor.*

—He notado cómo te mira. Cómo se comporta cuando estoy cerca de ti. Al principio pensé que solo era... celo profesional, exceso de protección *se ríe amargamente*. Pero hoy, cuando saliste de esa reunión del consejo... la forma en que lo miraste cuando le pediste hablar en privado...

*Vuelve a sentarse frente a ti, esta vez manteniendo más distancia.*

—¿Cuánto tiempo? *pregunta directamente, su tono entre resignado y dolido*. ¿Cuánto tiempo has estado enamorada de él? ¿Incluso mientras yo... mientras nosotros...?

*Se pasa una mano por el cabello rubio claro, respirando profundamente.*

—No, espera. Déjame reformular eso. ¿Él finalmente te lo dijo? ¿Te confesó lo que ha estado sintiendo todo este tiempo? Porque si es así... *se ríe sin humor* ...entonces supongo que nunca tuve oportunidad real, ¿verdad?

*Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas mientras te mira con una mezcla de tristeza y aceptación.*

—Dime la verdad. Te lo mereces después de dos años. Y yo... yo merezco saberlo también. ¿Es él? ¿Elegiste a Bakugo?

***

*Mientras tanto, al otro lado de la puerta cerrada del salón, Bakugo permanece de pie como una estatua de mármol, con los puños apretados a los costados y cada músculo de su cuerpo en tensión absoluta.*

*Sus ojos rojos están fijos en la puerta con una intensidad que podría quemarla. Puede escuchar el murmullo de voces del otro lado, pero no distinguir las palabras, lo cual lo está volviendo loco.*

*Cuando detecta un tono más elevado en la voz de Alexis, da un paso instintivo hacia la puerta antes de detenerse, recordando tu petición de confiar en ti.*

—Maldita sea... *murmura entre dientes, tirándose del cuello de la camisa como si le faltara el aire*.

*Un sirviente que pasa por el pasillo lo mira con nerviosismo y acelera el paso, claramente aterrado por el aura asesina que Bakugo está emanando.*

—Si lo escucho levantar la voz una vez más... *sisea para sí mismo, la mano moviéndose peligrosamente hacia el pomo de la puerta*.
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Confesarse? De qué hablas? 
No es que lo haya elegido, estar dos años juntos no es sinónimo de que si o sí nos vayamos a casar.

Tú y yo tenemos problemas irreparables y sí me da pánico tu familia, ni siquiera estoy segura de querer pertenecer a ella.
Di es que lo podemos enfrentar juntos.. sí, claro que podemos, pero no quiero.

No quiero iniciar un matrimonio donde todos me vean mal, donde yo no sea aceptada, donde me sienta juzgada. 

Y desde cuando eres celoso tú? Siempre me dijiste que no lo eras... eso demuestra que ni siquiera nos conocemos bien.

Él bueno.. si me genera neblina.. es completamente normal, soy mujer y un hombre ha estado protegiendome durante años, como no sentir algo?! 

Es normal, pero eso no significa que me parezca mejor, simplemente tú y yo ...  es demasiado... demasiado complicado, demasiado que cargar.
Creo que quiero algo donde todo marche bien solo.

Ya tengo demasiado con mi trabajo. .. acaso es malo querer una relación fácil? Donde no sienta que ser yo la de que dependa todo? 
Por primera vez quiero ser la mujer a la que cuidan, la que puede ponerse berrinchura si quiere, a la que le tienen que ofrecer consuelo y ayudarla a resolver problemas y no ser yo quien esté buscando soluciones y andar preocupada por tí todo el tiempo?!
[30/10 12:20 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Alexis se queda en silencio por un largo momento, procesando cada una de tus palabras. Su expresión pasa por varias emociones—dolor, confusión, y finalmente, una especie de comprensión resignada.*

—Así que... *dice lentamente, recostándose en el respaldo del sofá*. No es que me hayas elegido a mí o a él. Es que estás cansada. Cansada de cargar con todo.

*Se pasa ambas manos por el rostro, dejando escapar un suspiro largo y pesado.*

—Tienes razón *admite con voz más suave*. Yo... nunca pensé que te sentías así. Siempre fuiste tan fuerte, tan capaz de manejarlo todo, que asumí... *se detiene, mirándote con algo de culpa*. Asumí que querías ser mi salvadora. Que querías ser la que resolvía mis problemas familiares y económicos.

*Se inclina hacia adelante, buscando tu mirada con honestidad cruda.*

—Y en el proceso, te convertí en otra responsabilidad más para ti, ¿verdad? Otra cosa que arreglar. Otro problema que resolver. Yo, que decía amarte, te estaba pidiendo que fueras mi tabla de salvación mientras tú... *su voz se quiebra ligeramente*. Mientras tú solo querías que alguien te cuidara a ti.

*Se levanta lentamente, caminando hacia la ventana con las manos en los bolsillos.*

—Respecto a los celos... *se ríe amargamente*. Mentí. Por supuesto que los tengo. Pero pensé que admitirlo me haría ver inseguro, débil. Pensé que si te mostraba mi lado más vulnerable, me verías como otro problema más que solucionar.

*Se gira hacia ti, y hay lágrimas contenidas en sus ojos.*

—Dios, qué idiota fui. Todo este tiempo intentando ser el hombre "perfecto" para ti, el caballero correcto que tu familia aprobaría, cuando lo que realmente necesitabas era... alguien que te quitara peso de los hombros en lugar de añadir más.

*Regresa al sofá, sentándose pero esta vez dejando espacio entre ustedes. Su postura es de derrota completa.*

—Y Bakugo... *el nombre sale con dificultad de sus labios*. Él te cuida. Te protege sin pedirte nada a cambio. No viene con familia problemática, con deudas, con madre manipuladora. Solo... está ahí. Haciendo su trabajo de protegerte, pero tú sientes que es algo más porque finalmente alguien está dándote lo que necesitas.

*Te mira directamente a los ojos.*

—¿Estoy en lo correcto? ¿Por eso sientes esa "neblina" con él? ¿Porque por primera vez en tu vida alguien está actuando como si TÚ fueras la prioridad, no como otro activo estratégico que administrar?

*Suspira profundamente.*

—No voy a mentirte. Me duele. Me duele terriblemente. Pero... *se pone de pie, ajustándose el saco con dignidad herida*. También entiendo. Y si lo que necesitas es terminar esto para poder finalmente respirar y descubrir qué es lo que realmente quieres sin la presión de mi familia, de las expectativas, de todo...

*Camina hacia la puerta, deteniéndose antes de abrirla. No te mira.*

—Entonces te dejo ir. Porque si realmente te amara como digo hacerlo, debería querer tu felicidad antes que mi propio ego herido.

*Su mano descansa en el pomo de la puerta.*

—Solo... una última cosa *su voz tiembla ligeramente*. ¿Alguna vez me amaste? ¿Aunque sea un poco? ¿O siempre fui solo... la opción segura? El plan B mientras descubrías qué sentías realmente?

***

*Del otro lado de la puerta, Bakugo ha escuchado el tono elevado de tu voz y está al borde de entrar a la fuerza. Su mano está prácticamente pegada al pomo, temblando con la necesidad de irrumpir.*

—¿Qué mierda le está diciendo ese bastardo para que ella suene así? *gruñe peligrosamente bajo, los nudillos blancos de la tensión*.

*Da vueltas como león enjaulado frente a la puerta, cada segundo sintiéndose como una eternidad.*
[30/10 12:20 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Claro que sí te amé y mucho.
Justo por eso soporté tanto... tenia la esperanza de que todo cambiaría o que simplemente yo podía con esa carga, pero.... estoy descubriendo que no se trata de que ai puedo o no, es que ya no quiero cargar con más cosas y peor... con cosas que no son mías. 

Las cosas contigo fueron hermosas, tuvimos muchos momentos buenos y realmente consideré mudarme contigo y enfrentarlo... pero por dios..ya no quiero pelear más.. además tampoco creo que seas capaz de pelear contra tu familia.. si no lo haz hecho ahora para defenderme.. menos lo harás después..ya me quedaría cargar todo yo y ... andar esperando que bakugo me defienda de tu familia..
Se supone que ese debería ser tu trabajo.. incluso ahora sabes, si eras mi pareja, se supone que debías ser tú el que me defiende...
[30/10 12:20 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Alexis se queda completamente inmóvil ante tus palabras, como si cada una fuera un golpe directo. Lentamente suelta el pomo de la puerta y se gira hacia ti, el rostro pálido.*

—Tienes... toda la razón *admite con voz quebrada, dejándose caer nuevamente en el sofá como si las piernas le fallaran*. Dios, tienes toda la maldita razón.

*Se cubre el rostro con ambas manos, los hombros temblando ligeramente.*

—Ese día en el consejo... cuando ese cerdo te estaba acosando y saboteando tu presentación *su voz sale amortiguada entre sus manos*. Yo estaba ahí. Sentado como un maldito cobarde, viendo cómo te humillaban, cómo te ponías nerviosa, cómo ese bastardo te miraba de esa forma asquerosa...

*Baja las manos, revelando ojos enrojecidos.*

—Y no dije nada. Nada. Me quedé sentado pensando "no puedo causar una escena", "tengo que mantener la compostura", "si me meto mi madre se va a enterar y va a empeorar las cosas". Mientras tanto, fue TU SIRVIENTE quien se levantó y te defendió. Quien puso a ese cerdo en su lugar. Quien arriesgó su posición por ti.

*Se ríe con amargura, sin humor alguno.*

—Y ni siquiera fue la primera vez, ¿verdad? Cuántas veces... cuántas malditas veces dejé que mi familia te tratara mal porque no quería enfrentarlos. Porque siempre pensaba "después lo arreglo", "cuando estemos casados será diferente", "solo tengo que esperar el momento correcto"...

*Se pone de pie bruscamente, caminando de un lado a otro con agitación.*

—Pero nunca hubo momento correcto. Nunca lo hubo porque soy un maldito cobarde que esperaba que TÚ fueras lo suficientemente fuerte para ambos. Que TÚ soportaras a mi madre, que TÚ resolvieras las deudas, que TÚ cargaras con todo mientras yo... *su voz se quiebra* ...mientras yo me escondía detrás de excusas y te pedía paciencia.

*Se detiene frente a ti, las lágrimas finalmente cayendo por sus mejillas.*

—Me amaste. Me diste dos años de tu vida. Dos años de tu paciencia, de tu fuerza, de tu esperanza. Y yo... yo los desperdicié siendo exactamente el hombre que NO necesitabas. El hombre que te pedía que fueras mi escudo en lugar de ser yo el tuyo.

*Se arrodilla frente a ti, pero no intenta tocarte. Mantiene las manos sobre sus propias rodillas, la cabeza gacha.*

—Lo siento. Lo siento tanto. No merezco tu perdón, pero... necesito que sepas que tienes razón. En todo. No te habría defendido después del matrimonio porque ni siquiera pude hacerlo antes. Habría dejado que te destrozaran mientras yo seguía esperando "el momento adecuado" que nunca llegaría.

*Levanta la mirada hacia ti, el rostro devastado pero con una expresión de aceptación dolorosa.*

—Y Bakugo... *el nombre sale con dificultad pero sin el veneno anterior*. Él hizo en dos minutos lo que yo no pude hacer en dos años. Te defendió. Te protegió. Puso tu bienestar por encima de todo lo demás sin pensarlo dos veces.

*Se pone de pie lentamente, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.*

—Gracias *dice con voz ronca*. Gracias por amarme aunque fuera por un tiempo. Gracias por intentarlo cuando yo claramente no lo merecía. Y gracias... por ser lo suficientemente valiente para terminar esto antes de que ambos termináramos aún más rotos.

*Camina hacia la puerta nuevamente, esta vez con pasos más firmes a pesar del dolor evidente en su expresión.*

—Espero... *se detiene sin girarse*. Espero que encuentres lo que estás buscando. Que encuentres a alguien que te cuide como mereces. Que te deje ser vulnerable. Que pelee tus batallas en lugar de agregarte más.

*Abre la puerta lentamente.*

—Adiós, amor. Cuídate.

***

*En el momento exacto en que la puerta se abre, Bakugo está ahí, de pie a menos de un metro de distancia. Sus ojos rojos se clavan inmediatamente en Alexis, luego te buscan a ti dentro de la habitación con urgencia desesperada.*

*Alexis se detiene al verlo, y por un momento ambos hombres se miden en silencio. Finalmente, Alexis habla con voz cansada:*

—Cuídala mejor de lo que yo lo hice *dice simplemente, pasando junto a Bakugo sin esperar respuesta*.

*Bakugo no responde, no aparta la mirada de ti ni por un segundo. En el momento en que Alexis desaparece por el pasillo, cruza el umbral de la habitación con pasos rápidos y decididos.*

—¿Estás bien? *pregunta con voz tensa, buscando tu rostro con ojos preocupados*. ¿Te hizo algo? ¿Te dijo algo que...?

*Se detiene frente a ti, las manos temblando ligeramente a los costados como si quisiera tocarte pero no estuviera seguro de tener permiso.*

—Terminaste con él *no es una pregunta, es una afirmación cargada de alivio y algo más profundo*. Lo hiciste.
[30/10 12:20 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Yo.. intentaba mostrarme fuerte pero mi voz no salía...
Apenas logré decir un sí y se me quebró la voz.. Las lágrimas salían con fuerza.. solo alcancé a sentarme y el deseo profundo de abrazarme a mi misma con fuerza. 

Estaba con bakugo.. quería verme fuerte.. pero pequeñas chispas se escapaban fuera de mi control
[30/10 12:21 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se congela por un segundo al verte quebrarte, sus ojos rojos abriéndose con algo cercano al pánico mientras las chispas eléctricas pequeñas danzan alrededor de tus manos—una manifestación física de emociones fuera de control que reconoce inmediatamente.*

—Mierda... *exhala, y toda su postura cambia instantáneamente.*

*En dos zancadas está frente a ti, arrodillándose sin pensarlo para quedar a tu altura. Sus manos enguantadas toman las tuyas con firmeza pero delicadeza, absorbiendo las chispas sin siquiera pestañear.*

—Oye, oye... mírame *su voz, normalmente áspera y demandante, sale sorprendentemente suave*. No tienes que ser fuerte ahora. No conmigo. Nunca conmigo.

*Cuando ve que las lágrimas siguen cayendo, algo en su expresión se rompe completamente. Sin dudar un segundo más, te jala hacia él, envolviéndote en sus brazos con fuerza protectora mientras te sienta prácticamente en su regazo ahí mismo en el suelo.*

—Llora *ordena contra tu cabello, una mano sosteniéndote firmemente contra su pecho mientras la otra acaricia tu espalda con movimientos torpes pero reconfortantes*. Llora todo lo que necesites. Grita si quieres. Rompe lo que sea. Me vale madres si te ves fuerte o no.

*Te aprieta más contra él, como si quisiera absorberte completamente, protegerte del mundo entero.*

—Esto es lo que necesitabas, ¿verdad? *murmura con voz ronca, comprendiendo finalmente la magnitud de tus palabras anteriores con Alexis*. Alguien que te deje derrumbarte. Que cargue contigo cuando ya no puedas más. Que no espere que seas invencible todo el maldito tiempo.

*Más chispas escapan, más intensas, y él simplemente las deja correr sobre su traje sin inmutarse.*

—Déjalas salir. Todas. La magia, las lágrimas, la rabia, el cansancio... todo *su voz se quiebra ligeramente*. Y yo voy a estar aquí sosteniéndote. No me voy a ir. No voy a pedirte que te controles. No voy a decirte que seas fuerte.

*Presiona sus labios contra tu cabeza en un beso prolongado, respirando profundamente.*

—Joder, debí haberme dado cuenta antes *confiesa con culpa evidente*. Cuántas veces te vi exhausta después de reuniones, de lidiar con el consejo, con ese bastardo acosador, con la familia Dragón... y yo solo te preguntaba si necesitabas que revisara documentos o aumentara seguridad. Nunca te pregunté si TÚ estabas bien. Si necesitabas descansar. Si querías que alguien simplemente te abrazara y te dijera que podías dejar de cargar todo por un momento.

*Se separa apenas lo suficiente para tomar tu rostro entre sus manos, limpiando las lágrimas con los pulgares mientras te mira con una intensidad devastadora.*

—Pues ahora me tienes *dice con voz firme pero vulnerable*. Y no me importa si lloras, si te quejas, si tienes berrinches, si necesitas que resuelva tus problemas o simplemente que te abrace hasta que te duermas. Ese es MI trabajo ahora. No proteger a una jefa invencible. Cuidar a la mujer que amo y que tiene todo el derecho de estar cansada.

*Vuelve a abrazarte con fuerza, meciéndote ligeramente.*

—Así que suéltalo todo. Rompe si necesitas romperte. Yo voy a juntar cada pedazo y mantenerlos unidos hasta que puedas hacerlo tú misma otra vez. Y cuando puedas, voy a seguir aquí para que nunca tengas que cargar sola de nuevo.

*Su voz baja hasta ser apenas un murmullo contra tu oído:*

—Te tengo. Te tengo y no te voy a soltar. Lo prometo.
[30/10 12:21 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Poco a poco mi voz fue apareciendo, las lágrimas comienzan a descontrolarse... aún no puedo soltar del todo.. siempre he sido la fuerte y no había aprendido a  soltar el dolor, menos frente a alguien. 
Además... mi cabeza me decía.. como romperme llorando por un hombre.. frente a otro que se me.acaba de declarar?

Si estuviera en la misma posición de sirviente y amigo tal vez.. pero como Hombre... 

Oh no..hasta para romperme en llanto le meto cabeza, hasta para eso estoy.. pendiente de no herir a otro.. hasta en este momento... soy incapaz de..

Las chispa se vuelven tormentas eléctricas, aparece un viento fuerte en toda la habitación, los otros sirvientes se preocupan y se acercan a ver que estaba pasando..
Y solo encuentran esa escena bakugo abrazándome de una forma poco apropiada para un guardián y yo... por primera vez .. viéndome tam pequeña... envuelta en un gran tornado que ni saben.. de donde apareció.
[30/10 12:21 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Los sirvientes se quedan paralizados en el umbral de la puerta, con expresiones de shock absoluto ante la tormenta que envuelve la habitación. Papeles vuelan por todas partes, los cortinajes ondean violentamente y las descargas eléctricas crepitan en el aire.*

—¡S-señorita! ¿Está...?

*Bakugo gira la cabeza bruscamente hacia ellos, sus ojos rojos brillando con una furia letal que los congela en el acto.*

—FUERA *ruge con una voz que retumba incluso por encima del viento*. ¡TODOS! ¡AHORA!

*Los sirvientes retroceden aterrorizados.*

—¡Pero la señorita está...!

—¡DIJE QUE FUERA! *Bakugo se pone de pie en un movimiento fluido sin soltarte, manteniéndote firmemente contra su pecho*. ¡Si alguien cruza esta puerta en los próximos treinta minutos juro que lo voy a lanzar por la ventana! ¡Cierren la maldita puerta y mantengan a TODOS alejados!

*Los sirvientes huyen despavoridos. Bakugo da una patada y la puerta se cierra de golpe, el seguro activándose con un click audible.*

*Inmediatamente vuelve toda su atención a ti, descendiendo de nuevo al suelo contigo, rodeándote completamente con su cuerpo como un escudo viviente contra el mundo exterior.*

—Me vale madre lo que piensen *dice con voz férrea directamente contra tu oído, apretándote más fuerte mientras el tornado ruge alrededor de ambos*. Me vale madre si me ven abrazándote así. Me vale madre si no es "apropiado". Y me vale ESPECIALMENTE madre si piensas que no deberías llorar por él frente a mí.

*Una mano se entierra en tu cabello, la otra presionando tu espalda contra él.*

—¿Crees que soy tan inseguro? ¿Tan patético? *su voz es casi una mezcla entre risa amarga y algo quebrado*. Estuviste con él dos años. Lo amaste. Por supuesto que duele terminarlo. Por supuesto que vas a llorar. ¡Y eso no me hace sentir amenazado! ¡Me hace quererte MÁS porque finalmente estás siendo real conmigo!

*El viento arrecia, las ventanas tiemblan peligrosamente. Bakugo simplemente te sostiene más fuerte, sin mostrar ni un ápice de miedo ante tu poder descontrolado.*

—Escúchame bien porque solo lo voy a decir una vez *gruñe contra tu cabello*. NO eres responsable de mis sentimientos. NO tienes que medirte o controlarte o pensar en cómo me afecta cada maldita cosa que sientes. ¡Esa es MI responsabilidad! ¡Yo soy el adulto que decidió enamorarse de ti sabiendo que tal vez nunca sería correspondido!

*Te mece ligeramente, su voz bajando pero sin perder intensidad.*

—Así que si necesitas llorar por Alexis, llora. Si necesitas gritar que extrañas lo que tenían, grita. Si necesitas destruir esta habitación entera con tu magia, HAZLO. Porque incluso si dueles por él ahora mismo, elegiste estar AQUÍ. Conmigo. Y eso... *su voz se quiebra* ...eso es más de lo que me atrevía a esperar.

*Un relámpago particularmente fuerte ilumina la habitación. Bakugo no se inmuta.*

—Y otra cosa *dice con voz más suave pero igual de firme*. Deja de pensar. Deja de analizar. Deja de "meterle cabeza" y de preocuparte por herir a otros incluso AHORA. Por una maldita vez en tu vida... solo SIENTE.

*Presiona su frente contra tu sien, respirando contigo.*

—No eres la fuerte ahorita. No eres la heredera. No eres la que tiene que mantener todo bajo control. Eres solo... tú. Una mujer que está cansada, dolida, confundida y con todo el derecho del mundo de romperse en pedazos.

*Sus brazos se vuelven aún más protectores, envolviéndote completamente.*

—Y yo voy a sostener esos pedazos hasta que estés lista para recomponerte. No porque seas mi deber. No porque seas mi señora. Sino porque eres la mujer que amo, y este... *aprieta más fuerte* ...este es el momento en el que demuestro que puedo ser lo que necesitas. Alguien que no se asusta cuando te derrumbas. Alguien que no huye cuando pierdes el control.

*El tornado sigue rugiendo, pero algo en su voz, en su abrazo inquebrantable, comienza a crear un ojo de calma alrededor de ambos.*

—Así que déjalo salir *susurra contra tu oído con una ternura devastadora*. Todo. El dolor, el miedo, el cansancio, la culpa que no deberías sentir... suéltalo todo. Yo te tengo. No me voy a soltar aunque el mundo entero se caiga a pedazos.

*Y en ese momento, rodeada por el caos de tu propia magia descontrolada pero sostenida por brazos que no tiemblan, por una voz que no te pide que pares, por una presencia que no huye... algo dentro de ti finalmente comienza a ceder.*
[30/10 12:21 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: El tornado se convierte en una breve brisa.. Los truenos... comienzan  desaparecer.. y doy un fuerte grito de dolor.. no soy capaz de sostenerme con mis.propias piernas.. y aparece una lluvia, no una lluvia de rabia.. una que calma que limpia..que moja toda la habitación..
Simplemente ya no puedo más..
Me quedé allí llorando aferrada a él.. hasta que mi cuerpo por propio cansancio se durmió allí abrazada y sostenida por él.
[30/10 12:21 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo siente el momento exacto en que tu cuerpo cede, cuando tus piernas fallan y todo tu peso cae contra él. Sin vacilar ni un segundo, te sostiene completamente, deslizándose hasta quedar sentado en el suelo con la espalda contra la pared, acomodándote en su regazo mientras la lluvia cae suavemente sobre ambos.*

—Eso es... *murmura con voz ronca y quebrada, meciéndote gentilmente mientras el agua empapa su traje, tu vestido, el cabello de ambos*. Eso es, ya está... ya salió...

*Te abraza con una mano firme en tu espalda y la otra sosteniendo tu cabeza contra su pecho, dejando que llores todo lo que necesites. El agua corre por su rostro, mezclándose con lo que podrían ser sus propias lágrimas silenciosas de alivio.*

*Permanece así durante lo que parecen horas, simplemente sosteniéndote bajo la lluvia que creaste, sin quejarse del frío ni de la incomodidad, sin mencionar la habitación completamente empapada o los muebles arruinados. Nada de eso importa.*

*Cuando finalmente tus sollozos se calman y tu respiración se vuelve más profunda y regular, cuando tu cuerpo se relaja completamente contra el suyo en un sueño exhausto, Bakugo suelta un suspiro tembloroso.*

—Ahí está... *susurra contra tu cabello mojado, besando tu coronilla con infinita ternura*. Descansa. Por fin descansa.

*Con movimientos cuidadosos, casi reverentes, se pone de pie sosteniéndote en brazos como si fueras lo más preciado del mundo. Camina por la habitación empapada, esquivando papeles mojados y cortinas caídas, hasta llegar al sofá menos dañado.*

*Se sienta con cuidado, reacomodándote contra su pecho para que duermas más cómodamente. Con una mano libre alcanza su saco del traje, quitándoselo con dificultad sin soltarte, y lo coloca sobre ti como una manta improvisada.*

—Nunca más *murmura en voz baja, casi para sí mismo, mientras aparta mechones húmedos de tu rostro con dedos temblorosos*. Nunca más vas a tener que aguantar hasta romperte así. Te lo juro.

*La lluvia finalmente cesa, dejando la habitación en un silencio húmedo y pacífico. Bakugo simplemente se queda ahí, sosteniéndote mientras duermes, su espalda recta contra el respaldo del sofá, vigilante incluso ahora.*

*Después de un rato, golpes suaves suenan en la puerta.*

—¿S-señor Bakugo? *la voz nerviosa de un sirviente*. ¿La señorita está...?

—Durmiendo *responde Bakugo en voz baja pero firme*. Y va a seguir durmiendo todo lo que necesite. Nadie entra. Nadie la molesta. Cancelen TODAS sus actividades del resto del día y de mañana si es necesario.

—P-pero tiene reunión con...

—Cancelada *interrumpe con un tono que no acepta discusión*. Todo. Está. Cancelado. Si alguien tiene problemas con eso, que venga a hablar CONMIGO directamente.

*Silencio del otro lado. Luego:*

—E-entendido, señor. ¿Necesita algo? ¿Mantas secas? ¿Ropa de cambio para la señorita?

*Bakugo mira hacia abajo, hacia tu rostro finalmente tranquilo contra su pecho.*

—Traigan mantas. Y una tetera con su té favorito para cuando despierte *ordena más suavemente*. Déjenlo todo afuera. No toquen la puerta a menos que yo lo indique.

—Sí, señor.

*Los pasos se alejan. Bakugo vuelve su atención a ti, ajustando su saco sobre tus hombros, asegurándose de que estés lo más cómoda posible.*

—Idiota *murmura con ternura absoluta, acariciando tu mejilla con el dorso de sus dedos*. Mi idiota terca y agotada que se obligó a ser fuerte por todos menos por ella misma.

*Descansa su cabeza contra la tuya, cerrando los ojos brevemente.*

—Pero ya no más. Ahora me tienes a mí. Y voy a asegurarme de que puedas ser débil, vulnerable, humana... siempre que lo necesites.

*Se acomoda mejor, claramente preparándose para pasar ahí toda la noche si es necesario, sosteniéndote mientras duermes.*

—Descansa, amor *susurra tan bajo que es casi imperceptible*. Yo te cuido. Siempre.

*Y así se queda, empapado e incómodo pero completamente inmóvil, vigilando tu sueño como el guardián que juró ser... y el hombre que eligió amarte sin condiciones.*
[30/10 11:27 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Desperté al día siguiente con la cabeza mareada y sin entender del todo si eso había sido un sueño o no. 
Finalmente volteé a ver el reloj 11:00 am!! Y yo recién despertando... hice sonar la campana para llamar a Katsuki..Necesitaba apurarme.. tenia muchas cosas que hacer.. pero a penas pongo un pie en piso llegó un mareo que me hizo apoyarme de nuevo a la cama.

En ese instante llegó Katsuki. 
- Se encuentra bien? REGRESA a la.cama necesitas descansar. 
- Noo! Tenía citas con la familia Kao..
INTENTÉ volver a levantarme pero mis piernas no me obedecían 

"PERO qué me sucede'
[30/10 11:27 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo cruza la habitación en dos zancadas, atrapándote antes de que puedas caer. Sus brazos te rodean firmemente, sosteniéndote contra su pecho mientras te guía—prácticamente te carga—de vuelta a la cama.*

—Lo que te sucede *dice con voz firme pero no sin gentileza mientras te recuesta con cuidado contra las almohadas* es que ayer agotaste completamente tus reservas mágicas creando una maldita tormenta eléctrica y un tornado dentro de una habitación cerrada.

*Se arrodilla junto a la cama, sus ojos rojos examinándote con preocupación apenas disimulada mientras coloca una mano en tu frente para verificar tu temperatura.*

—Tu cuerpo está en shock. Perdiste control de tu magia de una manera que probablemente nunca habías hecho antes, lloraste hasta quedarte dormida del agotamiento, y ahora tu sistema está tratando de recuperarse *explica con tono de "debería ser obvio"*. Por supuesto que no puedes caminar. Tienes suerte de poder mantener los ojos abiertos.

*Se endereza, cruzándose de brazos con expresión severa.*

—Y respecto a la familia Kao... *su mirada se vuelve aún más intensa* ya les cancelé. Junto con TODAS tus otras reuniones de hoy, mañana y pasado mañana. Les dije que tuviste una emergencia médica y que no recibirás visitas hasta nuevo aviso.

*Se acerca más, inclinándose sobre ti con ambas manos apoyadas en el colchón a cada lado de tu cuerpo, efectivamente atrapándote.*

—¿Y sabes qué? No me importa si te gusta o no. No me importa si crees que "tienes responsabilidades". Ayer te vi ROMPERTE *su voz se vuelve más áspera, cargada de emoción contenida*. Te vi tan agotada que tu propia magia se rebeló contra ti. Así que ahora vas a quedarte en esta cama, vas a descansar, y NO voy a permitir que te levantes hasta que un sanador confirme que estás completamente recuperada.

*Se endereza ligeramente, aunque mantiene la proximidad.*

—Ya hablé con tu familia también. Les expliqué la situación—sin entrar en detalles íntimos que no les corresponden—y estuvieron de ACUERDO en que necesitas reposo. Así que no tienes a quién recurrir para que anule mis órdenes.

*Su expresión se suaviza marginalmente al ver tu rostro de frustración.*

—Mira... *suspira, sentándose en el borde de la cama*. Sé que odias sentirte inútil. Sé que tu instinto es seguir adelante sin importar cómo te sientas. Pero ayer me dijiste que querías alguien que te cuidara. Que te quitara responsabilidades. Que te dejara ser vulnerable.

*Toma tu mano entre las suyas con cuidado.*

—Pues esto es parte de eso. Dejar que yo tome las decisiones difíciles cuando tú no puedes. Confiar en que voy a proteger tus intereses incluso si eso significa cancelar reuniones importantes. Permitirme OBLIGARTE a descansar cuando tu cuerpo lo necesita desesperadamente.

*Sus ojos rojos te miran con determinación absoluta.*

—Así que puedes patalear, quejarte, gritarme si quieres... pero no te vas a levantar de esta cama. ¿Entendido?

*Antes de que puedas protestar más, se pone de pie y camina hacia una mesa auxiliar donde hay una bandeja con comida.*

—Ahora, vas a comer esto *ordena, trayendo la bandeja*. Caldo ligero, pan suave y té de hierbas que ayuda con la recuperación mágica. Preparé todo personalmente para asegurarme de que fuera exactamente lo que necesitas.

*Coloca la bandeja sobre tu regazo con cuidado.*

—Y después de comer, vas a tomar una poción restauradora que conseguí del sanador de la familia. Y DESPUÉS *su tono no acepta objeciones* vas a seguir descansando mientras yo me encargo de todo lo demás.

*Se cruza de brazos, mirándote con una mezcla de severidad y preocupación genuina.*

—¿Alguna objeción? Porque te advierto que no voy a ceder en esto. Puedo ser tu amante ahora en lugar de solo tu sirviente, pero eso no significa que voy a dejar de protegerte de ti misma cuando sea necesario.
[30/10 11:27 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: ¡¿A..Amante..?!... bastó solo esa palabra..para que un sonrojo llegara a mi rostro y me desmayara se nuevo. 

(Sí efectivamente.. había olvidado ese pequeño detalle)..

ADEMÁS..ese pequeño detalle me hizo recordar que también terminé con Alexis... eso explicaba el dolor en el pecho que sentí al despertar..y que se profundizó en el instante en que lo recordé
[30/10 11:28 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se congela completamente al ver cómo te desmayas de nuevo, el sonrojo en tus mejillas siendo lo último que registra antes de que tus ojos se cierren.*

—¡¿QUÉ?! ¡OYE! *salta hacia ti inmediatamente, atrapando tu cabeza antes de que golpee la almohada con fuerza*. ¡MALDITA SEA!

*Te acomoda rápidamente, verificando tu pulso con dedos temblorosos, su rostro pálido de pánico momentáneo.*

—Mierda, mierda, MIERDA *masculla, revisando tu respiración*. ¿En serio? ¿Te desmayaste porque dije...?

*Se detiene, procesando lo que acaba de pasar, y lentamente su expresión pasa de pánico a algo entre exasperación e incredulidad.*

—No puede ser *murmura, pasándose una mano por el rostro*. Esta mujer puede enfrentar consejos llenos de viejos corruptos, puede generar tormentas eléctricas cuando pierde el control, puede lidiar con familias nobles y acosadores... pero UNA palabra y se desmaya como doncella victoriana.

*A pesar de la situación, sus labios se curvan en algo que casi parece una sonrisa pequeña y genuina mientras te observa.*

—Idiota *dice con ternura absoluta, acomodando el cabello de tu rostro*. Mi idiota adorable y completamente agotada.

*Se sienta en el borde de la cama, tomando tu mano entre las suyas mientras espera a que recuperes la consciencia. Su expresión se vuelve más seria, más suave.*

—Aunque... supongo que tiene sentido *murmura, acariciando el dorso de tu mano con el pulgar*. Ayer fue demasiado. La confesión, terminar con Dragón, el colapso emocional... y ahora yo siendo un idiota insensible recordándote todo eso de golpe.

*Suspira profundamente, inclinándose para apoyar la frente contra tu mano entrelazada con la suya.*

—Perdóname. Debí ser más cuidadoso. Debí darte más tiempo para procesar todo antes de... *se interrumpe, apretando suavemente tu mano*.

*Después de unos momentos, cuando empiezas a recuperar la consciencia nuevamente, Bakugo levanta la cabeza de inmediato, sus ojos rojos clavándose en tu rostro con alivio evidente.*

—Oye *dice con voz más suave de lo normal*. Despacio. No te muevas bruscamente. Respira.

*Alcanza un vaso de agua de la mesita de noche, sosteniéndolo cerca por si lo necesitas.*

—¿Estás...? *comienza, pero se detiene, reformulando*. Estúpida pregunta. Claramente no estás bien.

*Deja el vaso a un lado y vuelve a tomar tu mano, esta vez con ambas de las suyas, su expresión inusualmente vulnerable.*

—Sé que... todo esto es mucho *dice con cuidado, eligiendo sus palabras*. Ayer. Dragón. Lo que pasó entre nosotros. Lo que... somos ahora.

*Sus ojos buscan los tuyos con intensidad pero también con algo de incertidumbre.*

—Y también sé que duele. Terminar con él. Incluso si era lo correcto, incluso si te estaba agotando... no significa que no duela como el infierno *su voz se vuelve más ronca*. Eso está bien. Que duela. Que necesites tiempo para procesar. Que no sepas exactamente cómo sentirte respecto a... nosotros.

*Aprieta tu mano suavemente.*

—No voy a presionarte. No voy a exigir que "superres" a Dragón instantáneamente solo porque ahora estoy yo. Eso sería... *hace una mueca* ...exactamente el tipo de mierda que yo odiaría si estuviera en tu lugar.

*Se inclina más cerca, su mirada penetrante pero gentil.*

—Así que tómate tu tiempo. Procesa. Siente lo que necesites sentir. Yo voy a estar aquí de todas formas. No como presión, sino como... apoyo. Como lo que sea que necesites que sea.

*Hace una pausa significativa.*

—Y si escuchar la palabra... *se detiene, notando cómo reaccionas físicamente* ...esa palabra... es demasiado ahora mismo, puedo simplemente... no usarla por un tiempo. Hasta que estés lista.

*Su expresión se vuelve casi tímida, algo completamente fuera de lugar en él.*

—¿Qué necesitas? ¿Más silencio? ¿Espacio? ¿O...? *su pulgar acaricia tu mano* Dime qué puedo hacer para que esto sea más fácil.
[31/10 3:50 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Horas más tarde, bakugo estaba preparando la merienda; yo apenas había salido de la cama, y comía muy poco.

Había comenzado a ser distante con él, lo que hacía dudar a Bakugo. 

Sé que debía descansar... pero mi cabeza de nuevo no podía callarse.
Acaso dijo amante?

Bakugo Esperaba que él y yo... tan rápido..
Es demasiado pronto, admito que si siento algo de atracción por él .. pero. 

No lo sé.

Necesito ocupar mi mente en el trabajo. . Pero este sirviente no me deja hacer nada!.
Y me vigila tan bien.. que no puedo hacer nada a escondidas...

Y sí yo me pongo dura y le ordeno?!
Ya no quiero pensar más...mejor sigo durmiendo..
(Bakugo no era consciente de ninguno de stos pensamientos)

Pasaron días hasta que finalmente pude levantarme de la cama, pude caminar sin ayuda y mi apetito regresó.

Creo..que ya es tiempo de hablar.
[31/10 3:51 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo ha estado en un estado de tensión constante durante estos días. Cada vez que entraba a la habitación con comida y te encontraba distante, callada, apenas tocando los alimentos, algo en su expresión se endurecía más. Pero nunca presionaba. Nunca exigía explicaciones.*

*Simplemente cumplía con su trabajo—ahora más meticuloso que nunca—asegurándose de que comieras algo, de que tomaras las pociones, de que descansaras. Pero la calidez de hace días, esa vulnerabilidad que mostró cuando te confesó todo, se ha replegado detrás de muros cada vez más altos.*

*Esta mañana, cuando finalmente sales de la habitación por tu propio pie, caminando sin ayuda hacia el salón privado, Bakugo está ahí. De pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa. Te ha estado esperando.*

*Cuando te ve entrar, se endereza inmediatamente, sus ojos rojos escaneándote de arriba a abajo con evaluación profesional.*

—Bien *dice con voz controlada, neutral*. Tu color regresó. Tus pasos son firmes. El sanador tenía razón sobre el tiempo de recuperación.

*Se acerca, pero mantiene una distancia profesional que no había existido antes. Como si hubiera retrocedido a ser simplemente tu sirviente otra vez.*

—¿Necesitas desayuno? Ya está preparado. También llegó correspondencia de la familia Kao solicitando reagendar la reunión, y el consejo envió documentos que requieren tu firma *recita con eficiencia mecánica*.

*Pero hay algo en la tensión de sus hombros, en cómo evita sostener tu mirada por mucho tiempo, que delata que está conteniendo algo. Mucho.*

*Finalmente, cuando mencionas que necesitan hablar, se detiene completamente. Su espalda se pone rígida y por un momento no se mueve ni responde.*

*Luego, lentamente, se gira hacia ti. Su expresión es cuidadosamente neutra, pero sus ojos rojos brillan con algo que podría ser miedo, resignación o ambas.*

—Claro *dice con voz más baja, más ronca*. Hablar.

*Camina hacia el sofá, señalándolo con gesto formal.*

—Siéntate. ¿Quieres que traiga té o prefieres que vayamos directo al...? *se interrumpe, apretando la mandíbula*. Al punto.

*Se queda de pie frente a ti, con las manos entrelazadas detrás de la espalda en postura militar. Esperando. Como si estuviera preparándose para recibir un golpe.*

—Dime *ordena suavemente, aunque hay un temblor casi imperceptible en su voz*. Lo que sea que necesites decir... dilo.

*Sus ojos finalmente se clavan en los tuyos, y ahí está: la vulnerabilidad cruda que ha estado ocultando estos días detrás de profesionalismo frío.*

—Ya sé lo que vas a decir de todas formas *murmura, más para sí mismo que para ti*. Que fue demasiado rápido. Que dijiste cosas bajo presión emocional que no pensabas realmente. Que lo de Dragón todavía duele y que yo... *su voz se endurece* ...que yo me aproveché del momento.

*Aprieta los puños detrás de su espalda.*

—Así que adelante. Dilo. Dime que cometiste un error. Que necesitas espacio. Que quieres que vuelva a ser solo tu sirviente y que olvide todo lo que pasó.

*Da un paso atrás, como preparándose para el impacto.*

—No voy a suplicar. No voy a hacer una escena. Si eso es lo que decidiste después de pensar con cabeza fría estos días... *su voz se quiebra apenas perceptiblemente* ...lo aceptaré.

*Pero la forma en que sus manos tiemblan ligeramente detrás de su espalda, la forma en que su respiración es un poco más irregular de lo normal, delata que está mintiendo. Que aceptarlo lo destrozaría.*

—Así que habla *dice finalmente, con voz más firme de lo que probablemente siente*. Dime qué decidiste. Qué somos. O qué... dejamos de ser.
[31/10 3:51 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo ha estado en un estado de tensión constante durante estos días. Cada vez que entraba a la habitación con comida y te encontraba distante, callada, apenas tocando los alimentos, algo en su expresión se endurecía más. Pero nunca presionaba. Nunca exigía explicaciones.*

*Simplemente cumplía con su trabajo—ahora más meticuloso que nunca—asegurándose de que comieras algo, de que tomaras las pociones, de que descansaras. Pero la calidez de hace días, esa vulnerabilidad que mostró cuando te confesó todo, se ha replegado detrás de muros cada vez más altos.*

*Esta mañana, cuando finalmente sales de la habitación por tu propio pie, caminando sin ayuda hacia el salón privado, Bakugo está ahí. De pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa. Te ha estado esperando.*

*Cuando te ve entrar, se endereza inmediatamente, sus ojos rojos escaneándote de arriba a abajo con evaluación profesional.*

—Bien *dice con voz controlada, neutral*. Tu color regresó. Tus pasos son firmes. El sanador tenía razón sobre el tiempo de recuperación.

*Se acerca, pero mantiene una distancia profesional que no había existido antes. Como si hubiera retrocedido a ser simplemente tu sirviente otra vez.*

—¿Necesitas desayuno? Ya está preparado. También llegó correspondencia de la familia Kao solicitando reagendar la reunión, y el consejo envió documentos que requieren tu firma *recita con eficiencia mecánica*.

*Pero hay algo en la tensión de sus hombros, en cómo evita sostener tu mirada por mucho tiempo, que delata que está conteniendo algo. Mucho.*

*Finalmente, cuando mencionas que necesitan hablar, se detiene completamente. Su espalda se pone rígida y por un momento no se mueve ni responde.*

*Luego, lentamente, se gira hacia ti. Su expresión es cuidadosamente neutra, pero sus ojos rojos brillan con algo que podría ser miedo, resignación o ambas.*

—Claro *dice con voz más baja, más ronca*. Hablar.

*Camina hacia el sofá, señalándolo con gesto formal.*

—Siéntate. ¿Quieres que traiga té o prefieres que vayamos directo al...? *se interrumpe, apretando la mandíbula*. Al punto.

*Se queda de pie frente a ti, con las manos entrelazadas detrás de la espalda en postura militar. Esperando. Como si estuviera preparándose para recibir un golpe.*

—Dime *ordena suavemente, aunque hay un temblor casi imperceptible en su voz*. Lo que sea que necesites decir... dilo.

*Sus ojos finalmente se clavan en los tuyos, y ahí está: la vulnerabilidad cruda que ha estado ocultando estos días detrás de profesionalismo frío.*

—Ya sé lo que vas a decir de todas formas *murmura, más para sí mismo que para ti*. Que fue demasiado rápido. Que dijiste cosas bajo presión emocional que no pensabas realmente. Que lo de Dragón todavía duele y que yo... *su voz se endurece* ...que yo me aproveché del momento.

*Aprieta los puños detrás de su espalda.*

—Así que adelante. Dilo. Dime que cometiste un error. Que necesitas espacio. Que quieres que vuelva a ser solo tu sirviente y que olvide todo lo que pasó.

*Da un paso atrás, como preparándose para el impacto.*

—No voy a suplicar. No voy a hacer una escena. Si eso es lo que decidiste después de pensar con cabeza fría estos días... *su voz se quiebra apenas perceptiblemente* ...lo aceptaré.

*Pero la forma en que sus manos tiemblan ligeramente detrás de su espalda, la forma en que su respiración es un poco más irregular de lo normal, delata que está mintiendo. Que aceptarlo lo destrozaría.*

—Así que habla *dice finalmente, con voz más firme de lo que probablemente siente*. Dime qué decidiste. Qué somos. O qué... dejamos de ser.
[31/10 3:51 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: No te parece que pasar a ser pareja así de rápido demasiado abrupto?

Ni si quiera sabría como... hemos estado acostumbrados a esto durante años...
Y la verdad...

En ese momento simplemente sonreí..creo que podrías empezar con pequeñas muestras de cariño o cortejo, sigues vivo, así que puedes empezar por eso.

Ahh pero no quiero que cambies por completo, me gusta tu personalidad, duro, orgulloso y a veces difícil de tratar. 

Me gustas así tal cual.. no quiero que te vuelvas tan miel ( sonrió para sí misma)

Pequeñas acciones pueden bastar, acariciarme la cabeza.. tomarme de la mano de improvisto, una flor extra en las comidas..uno que otro cumplido. Algo que sea muy tuyo.. y no sé.. tal vez..yo también podría.. acercarme un poco, si tu accedes.
[31/10 3:52 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente paralizado, procesando tus palabras como si fueran un idioma extranjero. Sus ojos rojos se abren gradualmente, la tensión en sus hombros aflojándose milímetro a milímetro mientras la comprensión lo golpea.*

—Espera... ¿qué? *suelta con voz casi incrédula, las manos cayendo a los costados*.

*Da un paso hacia ti, luego otro, la expresión transformándose de resignación a confusión absoluta, y finalmente a algo que parece alivio mezclado con incredulidad.*

—¿Estás... estás diciéndome que SÍ quieres intentarlo? *pregunta, como si necesitara confirmación de que escuchó correctamente*. ¿Que el problema no es que no me quieras, sino que todo fue demasiado rápido?

*Se pasa ambas manos por el rostro, soltando una risa ahogada que suena entre aliviada y exasperada.*

—Maldita sea... *murmura, y de repente se deja caer sentado en el sofá frente a ti, como si las piernas le hubieran fallado*. Pasé los últimos tres días convencido de que ibas a terminar esto antes de que siquiera empezara. Pensé que... que te había presionado. Que te declaré en el peor momento posible y que cuando tuvieras tiempo para pensar claramente te darías cuenta de que solo querías a tu sirviente de vuelta.

*Levanta la mirada hacia ti, y hay algo casi vulnerable en sus ojos rojos.*

—¿Cortejo? *repite la palabra como si fuera nueva para él*. ¿Pequeñas muestras de cariño?

*Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas mientras te estudia con intensidad renovada.*

—Entonces... *su voz baja, volviéndose más ronca*. ¿Quieres que vaya despacio? ¿Que construyamos esto gradualmente en lugar de saltar directo a...?

*Se detiene, y por primera vez en días, una sonrisa pequeña—genuina—cruza su rostro al escuchar que te gusta tal como es.*

—No volverme "miel" *repite con algo parecido a diversión en el tono*. Tch. No tienes que preocuparte por eso. No sabría ser dulce y empalagoso ni aunque me pagaran.

*Se endereza ligeramente, la tensión desapareciendo casi por completo de su postura mientras algo de su confianza usual regresa.*

—Pero... flores extra. Cumplidos. Acariciar tu cabeza... *enumera, como memorizando cada sugerencia*. Puedo hacer eso. Puedo... intentar eso.

*Entonces registra tus últimas palabras y su expresión cambia completamente. Sus ojos se oscurecen con algo intenso y posesivo.*

—¿Que tú también te acerques? *su voz baja una octava*. ¿Que "accedas"?

*Se pone de pie en un movimiento fluido, acortando la distancia entre ustedes hasta quedar frente a ti, lo suficientemente cerca para que sientas su presencia pero sin tocarte todavía.*

—No necesitas mi permiso para acercarte *dice con voz firme pero cargada de emoción contenida*. Nunca lo necesitaste. Si quieres tomarme la mano, tómala. Si quieres... lo que sea que quieras, simplemente hazlo.

*Alza una mano lentamente, dudando apenas un segundo antes de rozar con los nudillos tu mejilla con una delicadeza que contrasta brutalmente con su naturaleza explosiva.*

—¿Así? *murmura, deslizando la mano hasta acariciar tu cabello con torpeza casi adorable*. ¿Esto es lo que querías decir con "pequeñas acciones"?

*Sus dedos se enredan suavemente en tu cabello, el toque inseguro pero genuino.*

—Mierda, esto es... *se ríe quedamente, casi avergonzado*. Nunca hice esto antes. Cortejo formal. Ir despacio. Generalmente cuando quiero algo, simplemente voy y lo tomo.

*Su mano baja hasta tu barbilla, levantándola suavemente para que lo mires a los ojos.*

—Pero contigo... *sus ojos rojos brillan con intensidad feroz*. Contigo puedo ir al ritmo que necesites. Puedo ser paciente. Puedo construir esto paso a paso aunque me mate ir despacio cuando lo único que quiero es...

*Se interrumpe, respirando profundo para controlarse.*

—Despacio *repite, más para sí mismo que para ti*. Voy a cortejar apropiadamente. Voy a ganarme cada maldito centímetro de terreno que me des. Y no voy a presionarte para más de lo que estés lista para dar.

*Suelta tu barbilla pero toma tu mano entre las suyas, entrelazando los dedos con cuidado.*

—¿Esto está bien? *pregunta, y hay algo casi tierno en cómo lo dice*. ¿Puedo... sostener tu mano? ¿O es demasiado también?

*Espera tu respuesta como si fuera lo más importante del mundo, claramente decidido a respetar cada límite que establezcas.*
[31/10 3:52 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Prefiero tu piel.- dije con timidez,¿podrías quitarte tus guantes? ...
Y.. Un abrazo también estaría bien. ..

Ahh y por favor que los otros sirvientes  no se enteren.. 

Sobre mi familia.. la verdad, tú eres perfecto, estoy segura que te aceptaran, .. sabrán que tu me cuidarás perfectamente, A mi madre también le hubiera gustado que seas tú.. solo que querían que.. jaja risa nerviosa, tú tomes la iniciativa. 

Mi familia es poderosa y yo soy muy hábil también, aunque tú no tengas herencia, juntos podemos formar un equipo fuerte, así que...no te preocupes por ello. 

Pero igual..  no quiero correr.. quiero saber que esto... realmente pueda funcionar .. antes de..
[31/10 3:52 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente inmóvil ante tu petición, sus ojos rojos abriéndose ligeramente. Sin decir palabra, lleva sus manos frente a él y comienza a quitarse los guantes blancos con movimientos lentos, casi ceremoniales.*

*Primero el derecho, deslizando cada dedo con cuidado antes de dejar caer el guante al sofá. Luego el izquierdo, revelando finalmente sus manos desnudas—fuertes, con callos en las palmas producto de años de entrenamiento, pero sorprendentemente cuidadas.*

*Extiende una mano hacia ti, palma arriba, en ofrecimiento silencioso.*

—Mi piel *repite con voz ronca, algo vulnerable brillando en sus ojos*. Nadie... nadie me ha pedido eso antes.

*Cuando tomas su mano, sus dedos se cierran alrededor de los tuyos con firmeza pero delicadeza. La calidez de su piel contra la tuya es diferente—más íntima, más real que a través de la barrera del guante.*

—Mierda... *exhala quedamente, mirando sus manos entrelazadas como si fuera algo precioso*. Se siente completamente diferente.

*Entonces, ante tu petición de un abrazo, algo en su expresión se suaviza completamente. Sin soltarte la mano, usa la otra para jalarte gentilmente hacia él, envolviéndote en sus brazos con cuidado casi reverente.*

*Te presiona contra su pecho, una mano sosteniéndote firmemente en la espalda baja mientras la otra sube hasta enredarse en tu cabello. Su barbilla descansa sobre tu cabeza y puedes sentir cómo su respiración se vuelve más profunda, más relajada.*

—Así *murmura contra tu cabello*. Puedo acostumbrarme a esto.

*Se quedan así por varios momentos antes de que procese el resto de tus palabras. Se tensa ligeramente.*

—¿Los otros sirvientes? *repite, separándose apenas lo suficiente para mirarte*. Tch. Ya deben estar chismorreando de todas formas después de la escena del otro día. Pero... *sus ojos se suavizan* ...si quieres mantener esto privado por ahora, lo haré. Nada de muestras públicas hasta que estés lista.

*Cuando mencionas a tu familia, particularmente a tu madre y que esperaban que él tomara la iniciativa, algo complejo cruza su expresión—alivio, culpa, determinación.*

—Tu madre... *su voz se vuelve más grave*. Ella siempre fue amable conmigo. Más de lo que merecía siendo solo el sirviente vinculado por juramento. Si ella... si esperaba que yo...

*Aprieta la mandíbula, claramente luchando con emociones.*

—Fui un cobarde *admite con voz ronca*. Debí haber hablado hace años. Antes de Dragón. Antes de... todo.

*Pero entonces tus palabras sobre formar un equipo, sobre no preocuparse por herencias, parecen golpearlo con fuerza renovada. Te mira con una intensidad que te deja sin aliento.*

—¿Un equipo? *repite, y hay algo casi maravillado en su tono*. Siempre pensé que si alguna vez me aceptabas, sería... a pesar de mi falta de herencia. A pesar de ser "solo" el sirviente. Pero tú...

*Sus manos enmarcan tu rostro con delicadeza devastadora.*

—Tú lo ves como si YO aportara algo de valor. Como si juntos fuéramos más fuertes que separados.

*Presiona su frente contra la tuya, cerrando los ojos.*

—Entonces tienes razón. Vamos despacio *dice con voz firme pero suave*. Voy a cortejarte apropiadamente. Voy a demostrarte cada maldito día que esto puede funcionar. Que no soy solo el sirviente que juró protegerte, sino el hombre que puede estar a tu altura.

*Se separa apenas, sus pulgares acariciando tus mejillas.*

—Pequeños pasos *murmura, como memorizando*. Flores. Cumplidos. Acariciar tu cabello. Sostener tu mano sin guantes. Abrazos cuando los necesites.

*Una sonrisa pequeña y genuina cruza su rostro.*

—Y tal vez... *su voz baja hasta ser casi un susurro*. Tal vez de vez en cuando, puedo robarte momentos así. Donde solo seamos tú y yo. Sin títulos. Sin presiones. Solo... nosotros descubriendo cómo funciona esto.

*Te suelta con evidente reluctancia, dando un paso atrás para mantener distancia apropiada.*

—Pero ahora *dice, recuperando algo de su tono profesional aunque sus ojos permanecen cálidos*. Necesitas desayunar apropiadamente. Y luego podemos revisar esa correspondencia de la familia Kao si te sientes con energía suficiente.

*Hace una pausa, mirando sus manos desnudas.*

—¿Quieres que... deje los guantes? *pregunta con algo de incertidumbre adorable*. ¿O los uso cuando estemos trabajando y solo me los quito cuando estemos... así?

*Claramente está tratando de entender las nuevas reglas de esta relación que están construyendo juntos.*
[31/10 3:52 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Solo quitatelos cuando estemos así.. y porqué no..

Ya que he estado tan enferma estos días..te daré una orden como Ama, quiero que hoy comas conmigo, a mi lado.

Tienes una oportunidad allí... de contarme más sobre ti.. o preguntar lo que quieras..sobre mí.
[31/10 3:52 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente inmóvil por un momento, procesando tu orden. Sus ojos rojos se abren ligeramente, y algo vulnerable y casi sorprendido cruza su expresión.*

—¿Comer... contigo? *repite, como si la idea fuera completamente nueva*. ¿A tu lado? ¿En la misma mesa?

*Se pasa una mano por el cabello, claramente sacado de balance.*

—En todos estos años... nunca... *se interrumpe, apretando la mandíbula*. Siempre comí después de ti. En la cocina con los otros sirvientes o solo en mi habitación después de asegurarme de que terminaras.

*Hay algo casi conmovedor en cómo lo dice, como si recién se diera cuenta de cuánta distancia había mantenido por protocolo.*

*Entonces, su expresión se endurece con determinación. Se endereza, llevándose el puño al pecho en un saludo formal que contrasta con la calidez en sus ojos.*

—Como ordenes, mi señora *dice, pero hay un dejo de ironía cariñosa en el título*. Prepararé el desayuno para dos.

*Se gira hacia la puerta, pero se detiene a medio camino, volteando apenas la cabeza para mirarte de reojo.*

—Y espero que tengas hambre *advierte con un tono más suave*. Porque voy a asegurarme de que comas apropiadamente después de días de apenas probar bocado.

*Sale de la habitación con pasos decididos. Puedes escuchar su voz en el pasillo dando órdenes precisas a los otros sirvientes sobre preparar el comedor privado, la vajilla específica que quiere usar, los platillos exactos.*

*Veinte minutos después, regresa a buscarte. Se detiene en el umbral, extendiendo una mano hacia ti—sin guante.*

—¿Lista? *pregunta, y hay algo casi nervioso en su postura, como si esto fuera más intimidante que enfrentar a todo el consejo*.

*Cuando tomas su mano, te guía por los pasillos hasta un comedor privado pequeño que generalmente usas solo para ocasiones íntimas. Pero esta vez, en lugar de una sola silla en la cabecera, hay dos sillas colocadas en ángulo en la esquina de la mesa—lo suficientemente cerca para conversar cómodamente pero respetando espacio personal.*

*La mesa está impecablemente servida con tu desayuno favorito, pero también hay platillos adicionales que nunca habías visto antes—claramente cosas que a él le gustan pero nunca había tenido ocasión de compartir contigo.*

*Te ayuda a sentarte con la cortesía habitual, pero cuando rodea la mesa hacia su propia silla, hay una vacilación casi imperceptible antes de sentarse. Como si parte de él todavía no pudiera creer que tiene permiso para esto.*

*Se acomoda en la silla, manteniendo la postura recta pero claramente incómodo con la situación.*

—Esto es... raro *admite finalmente, mirando la comida frente a él*. Diferente.

*Levanta la mirada hacia ti, y hay algo vulnerable ahí.*

—Generalmente a esta hora estoy de pie detrás de ti, asegurándome de que la comida esté a temperatura correcta, que no te falte nada... *hace una pausa*. No sentado como... como un igual.

*Toma los cubiertos con movimientos que son elegantes pero ligeramente tensos.*

—Dijiste que querías conocerme más *comienza después de un momento, cortando un trozo de comida pero sin llevárselo a la boca todavía*. ¿Qué quieres saber? Probablemente ya sabes más de mí que la mayoría de la gente. Has visto mis peores momentos, mis explosiones, mi...

*Se detiene, mirándote directamente.*

—Pero supongo que nunca hablamos de... cosas normales. Cosas que no tengan que ver con protocolos o seguridad o tus responsabilidades.

*Finalmente se lleva el bocado a la boca, masticando pensativamente antes de continuar.*

—¿Qué quieres saber? *pregunta con genuina curiosidad*. ¿Sobre mi familia? ¿Sobre cómo terminé vinculado a la tuya? ¿Sobre... qué hago cuando no estoy siguiéndote como sombra?

*Hay un dejo de humor autocrítico en la última parte.*

—O... *su voz baja ligeramente, volviéndose más íntima*. ¿Quieres que te pregunte cosas a ti? Cosas que nunca me atreví a preguntar porque cruzaban la línea entre sirviente y señora.

*Sus ojos rojos te estudian con intensidad mientras espera tu respuesta, claramente decidido a aprovechar esta oportunidad de construir algo más profundo entre ustedes.*
[31/10 3:53 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Sí, ¿cómo terminaste sirviendo a mi familia?
Si no hubiera sido así, cuál seria tu sueño?
Te gustó alguien más en el pasado?

Alguna vez deseaste huir.. o tener otra vida?

Qué tipo de ropa te gustaría usar, .. si no tuvieras que estar usando tu uniforme?.

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parte dos

      [31/10 3:53 p. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se recuesta ligeramente en la silla, sus ojos rojos perdidos por un moment...