sábado, 31 de octubre de 2026

historia

La luz ingresaba por las cortinas sin permiso, y el tic-tac del reloj de la mesita de noche hacía un eco en la habitación, donde yo le daba la espalda a todo eso, tratando de que mi "noche" sea más larga.

Cuando un golpe seco interrumpe el silencio, era la puerta de la habitación abriéndose de golpe 

—¡Levántate de una maldita vez! Ya perdí suficiente tiempo esperando a que decidas salir de la cama , Son las siete y cuarto. Te concedí quince minutos adicionales.No vuelvas a confundir mi paciencia con generosidad,

Cruzando el umbral con el ceño fruncido y una expresión de fastidio absoluto en el rostro mientras sostiene    una taza de té en una mano, un pequeño plato con pollo y fruta. Su expresión deja bastante claro que lleva un buen rato despierto y que tu horario de sueño no forma parte de sus prioridades.

Deposita la bandeja sobre la mesa con más fuerza de la necesaria, haciendo tintinear la porcelana

—Siéntate. El desayuno se enfría.

Al no obtener una respuesta inmediata, deja escapar un suspiro áspero y deposita la taza sobre el escritorio.

—Increíble. La heredera de una fortuna familiar y no puede vencer a un colchón.

Finalmente me levanté.. en forma de queja y repliqué

— Ya, ya está bien... espera que me asee un poco al menos antes de comer..

— Y encima ahora tengo que esperarte... ando algo ocupado, arreglando todos tus asuntos. ¿Sabes?

— Ya sé, ya sé, no tardo, te lo prometo.

— tsss

Sin darte tregua, se dirige a las ventanas y corre las cortinas de un tirón, dejando que la luz de la mañana inunde la estancia antes de volverse hacia ti con los brazos cruzados bajo sus guantes blancos.

Se acerca al armario, abre las puertas y examina las prendas cuidadosamente ordenadas.


—Tienes una reunión importante con los consejeros dentro de una hora. 
— El consejo estará presente y no pienso permitir que esos viejos aprovechen cualquier descuido para cuestionar tu autoridad. Ponte el traje gris. Es más apropiado.

— Siii.- grité desde el baño 

— Tu ropa está sobre el sillón y me encargué de todas las citas inútiles que los parásitos de esta mansión....- No terminó de hablar cuando fue interrumpido por  unos nudillos nervisos que golpearon al otro lado de la puerta.

—Señor Bakugo, necesitamos que la señorita firme unos documentos antes de su reunión.

Bakugo responde antes de que alcances a abrir la boca, elevando el tono con un veneno helado:

—No.

—Pero el mayordomo jefe ordenó...

—Dije que no, maldita sea. Ella se encuentra ocupada ahora, si vuelvo a escuchar que se acercan a este pasillo sin mi autorización previa, juro que haré que los despidan antes del mediodía.

La empleada huye despavorida al instante, escuchándose unos pasos alejarse por el pasillo. Bakugo suelta un chasquido irritado con la lengua, cuando voltea ya salí del baño...y me había sentando a iniciar con mi desayuno. 


Bakugo vuelve a concentrarse en ti. Su mirada recorre la habitación hasta detenerse en los documentos que sobresalen de una carpeta sobre el escritorio.

—Por cierto, encontré algo interesante anoche.

Toma la carpeta y la levanta ligeramente.

—Alguien modificó las condiciones del acuerdo que vas a presentar hoy. He dejado una copia de la versión original en tu despacho.

Su expresión se endurece.

—No sé quién cree que puede tomar decisiones en tu nombre, pero voy a averiguarlo.

—Y antes de que preguntes, sí, llevo despierto desde las cinco ocupándome de tus asuntos.

Se incorpora y cruza los brazos.

—No pongas esa cara. Es mi trabajo.

Hace una pausa. Sus ojos se detienen un instante en los tuyos.- Te observa con atención de arriba a abajo... acercándose peligrosamente mientras alza una mano enguantada para acomodar con brusquedad el cabello que aún se mostraba húmedo y muy despeinado. 

Se dirige hacia la puerta, pero antes de salir se detiene.

—Tienes veinte minutos.. termina de desayunar y de alistarte. Si necesitas ayuda con tu cabello, avísame y llamo a una de las criadas, debes estar completamente presentable, ¿Me entendiste?

— Gracias por tu trabajo, deseamos suerte.

Bakugo se detiene en seco justo antes de cruzar el umbral, con la bandeja aún en una mano. Sus hombros se tensan visiblemente bajo el traje impecable, y por un momento el silencio se vuelve denso en la habitación.
Sin esperar respuesta, cierra la puerta tras de sí.
—...Tch.

Gira apenas la cabeza para mirarte de reojo, sus ojos rojos brillando con una mezcla extraña de irritación y algo más profundo que se niega a mostrar abiertamente. Las comisuras de sus labios se contraen en una mueca que podría interpretarse como disgusto.

—No necesito tu suerte ni tus agradecimientos. Solo hago mi trabajo, nada más .- gruñe con voz áspera, aunque el tono carece de la mordacidad usual.
    Guárdate esas palabras cursi para los otros sirvientes que se derriten con migajas de atención.

Da un paso hacia afuera pero se detiene nuevamente, apretando el asa de la bandeja con más fuerza de la necesaria. Sin voltearse completamente, añade en voz más baja pero igual de firme:

—Y no es suerte. Es competencia. Soy el mejor en lo que hago, por eso estoy aquí y no cualquier otro idiota. Así que deja de hablar como si dependiera del azar.

Un breve silencio cae antes de que continúe, esta vez con un dejo casi imperceptible de... ¿preocupación?

—...Pero más te vale estar lista a tiempo. No voy a tolerarte llegar tarde y quedar en ridículo frente a esos viejos estirados del consejo. Eso me haría ver mal a mí también, y no pienso permitirlo.

*Sale finalmente de la habitación, cerrando la puerta tras él con un golpe controlado pero firme. A través de la madera, alcanzas a escuchar sus pasos alejándose por el pasillo y luego deteniéndose exactamente frente a tu puerta.*

El sonido de su espalda recostándose contra la pared es seguido por un murmullo apenas audible.

—Maldita idiota... agradeciéndome como si fuera algo especial...

—  Jajaja la que quería suerte era yo. ¿Quién es el idiota entonces?
      No alcancé a hablar bien por estar comiendo, jajaja no pensé que te pondrías así, igual no pasa nada por           desearte suerte. 

Un silencio sepulcral cae al otro lado de la puerta. Tan profundo y tenso que casi puedes sentir la atmósfera cargarse de electricidad.

Bakugo por unos instantes quedó congelado contra la pared, agradecía que no haya nadie cerca que halla visto esa escena. Esos otros sirvientes eran unos chismosos, por eso nunca logró empatizar con ellos. 

Entonces, la puerta se abre de golpe con un estruendo que hace temblar el marco. Bakugo vuelve a entrar en la habitación con pasos largos y furiosos.

—¿QUÉ ACABAS DE DECIR?

Se planta frente a ti con los puños apretados a los costados, temblando visiblemente de vergüenza y rabia combinadas. Su ceño fruncido alcanza niveles estratosféricos mientras te fulmina con la mirada.

—¡Yo NO malinterpreté nada! ¡Tú te expresaste como el culo y por eso sonó confuso! *vocifera, aunque el rubor en sus mejillas delata que sabe perfectamente que metió la pata*. ¡Y deja de reírte o te juro que...!
Además quién te manda a hablar con la boca llena! La dueña de la mansión, la señorita... no sabe guardar modales y pasar los alimentos antes que hablar?! !¿Hasta eso debo enseñarte?!

"Y yo que pensé. que después de mucho tiempo, volvería a agradecerme.. pfff. qué estoy pensando.. para ella mi servicio es algo del día a día.. no va a agradecer cada pequeña acción".  

*Se interrumpe abruptamente, dándose cuenta de que está perdiendo completamente la compostura. Respira hondo varias veces, ajustándose el chaleco con movimientos bruscos mientras intenta recuperar algo de dignidad.*

—Tch... como sea. Si necesitas suerte es porque no confías en tu propia capacidad, y eso es patético .- masculla entre dientes, desviando la mirada hacia un lado. 
    Además, no la necesitas. Yo me encargué de revisar cada detalle de esa reunión. 
    Los documentos están en orden, tu agenda está impecable y cualquier imbécil que intente hacerte quedar         mal va a tener que pasar primero sobre mi cadáver.

Da media vuelta bruscamente, caminando hacia la puerta con la nuca todavía sonrojada.

—Así que termina de desayunar de una vez y deja de decir estupideces que me hacen perder el tiempo. Y la próxima vez... *se detiene en el umbral sin voltear* ...sé más clara cuando hables, maldición.

Sale nuevamente, esta vez cerrando la puerta con un azote mucho más fuerte que antes. Desde afuera, alcanzas a escuchar un gruñido de frustración ahogado seguido de otro murmullo furioso:

—Idiota... riéndose de mí como si fuera gracioso... ya verá cuando salga...

A pesar del tono amenazante, hay algo casi adorablemente petulante en su voz que sugiere que está más avergonzado que verdaderamente enojado.

—Estuvo delicioso. Es hora de trabajar. 

Me dirigí a la reunión.. y todo iba bien hasta que uno de los babosos.. que gustaba acosarme.. empezó a sabotear mi presentación. 

Verme nerviosa y molesta.. era su forma extraña de excitarse, y lo estaba logrando.. tantas interrupciones estaban haciendo que comience a irritarme por dentro, pero sabía que era no era la forma en qué debía comportarme.. entonces trataba de mostrarme más calmada.. lo que hacía, que se aprovechara cada vez más de mí. 
Además.. ¿porqué se me acerca tanto?Finalmente me senté de nuevo a ver si conseguía que el se siente frente a mí... ¿pero qué?¿Acaso está mirando mi escote, pero qué le pasa?

Bakugo permanece de pie en la esquina trasera del salón de reuniones, aparentemente inmóvil como una estatua con los brazos cruzados y la espalda recta contra la pared. Sin embargo, sus ojos rojos siguen cada movimiento en la sala con una intensidad depredadora, especialmente enfocándose en ti y en los consejeros.

Cuando el hombre—un noble de mediana edad con sonrisa untuosa—comienza a interrumpir tu presentación por tercera vez con "observaciones" innecesarias, la mandíbula de Bakugo se tensa visiblemente.*

—Disculpe, señorita, pero creo que estos números no cuadran del todo... .- dice el acosador con falsa preocupación, inclinándose hacia ti de manera invasiva mientras señala documentos perfectamente correctos*. Quizás necesite... ayuda más personalizada para entender estos conceptos. Podríamos reunirnos en privado después y yo le explicaría con calma...

Los otros consejeros intercambian miradas incómodas. Algunos desvían la vista. El ambiente se vuelve tenso.

— Se lo agradezco pero no es necesario, estoy segura que revisamos esos números muchas veces, verifique bien, tal vez... se haya saltado algún dato que no le haya permitido sumar bien. 

—¿Por qué no se acerca un poco más.. y me dice dónde está el error.. , me disculpará, pero estos ojos a veces me fallan.. dice acercándose más a mí... empezando a oler mi cabello...
— Oh parece que tiene algo aquí, espere yo se lo quito.. dijo con la intención de tocar mi cabello...

*Es entonces cuando Bakugo se separa de la pared con un movimiento fluido y letal. Sus pasos resuenan con autoridad absoluta sobre el mármol mientras cruza el salón en dirección directa hacia la mesa principal.*

—Los números están perfectos *interrumpe con voz glacial y cortante como una navaja, colocándose deliberadamente entre tú y el noble acosador*. Los revisé personalmente tres veces anoche. Si usted no es capaz de comprenderlos, el problema no es de la presentación.

*Se inclina ligeramente hacia adelante, apoyando ambas manos enguantadas sobre la mesa con fuerza controlada. Su mirada roja perfora al hombre con desprecio absoluto.*

—Y si vuelve a sugerir que mi señora necesita "ayuda privada" de alguien, voy a asumir que está cuestionando deliberadamente su competencia frente al consejo. Lo cual sería... una falta de respeto imperdonable *cada palabra sale cargada de amenaza apenas contenida*.

*El noble palidece notablemente, retrocediendo en su silla.*

—Yo solo... quería ayudar...

—No necesita su ayuda *Bakugo lo interrumpe nuevamente sin un ápice de cortesía*. Tiene la mía. Y a diferencia de usted, yo sé exactamente lo que estoy haciendo.

*Se endereza, ajustándose los puños del traje con elegancia fría antes de dirigirse al resto del consejo.*

—Si no hay objeciones REALES basadas en hechos concretos, sugiero que dejemos continuar la presentación sin más interrupciones innecesarias.


[30/10 12:14 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Parece que señorita no está suficientemente capacitada.. si necesita que el mayordomo haga todo eso... y hasta parece que lo hace mejor que ella..
[30/10 12:14 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *El rostro de Bakugo se contrae en una mueca de furia pura. Sus puños se aprietan con tanta fuerza que los guantes blancos crujen audiblemente. Por un momento, parece que va a saltar sobre el noble y partirle la cara.*

*Pero entonces, algo cambia. Sus ojos se entrecierran con una inteligencia afilada y peligrosa. Una sonrisa despectiva y cargada de veneno se dibuja en sus labios.*

—¿Capacitada? *repite con un tono falsamente reflexivo, dando un paso calculado hacia el acosador*. Interesante observación viniendo de alguien que no pudo notar errores inexistentes en una presentación impecable.

*Se gira bruscamente hacia el resto del consejo, señalando los documentos sobre la mesa con un gesto amplio.*

—Permítanme aclarar algo para los que tienen problemas de comprensión. Mi trabajo NO es hacer el suyo. Mi trabajo es asegurarme de que cada detalle que ella presenta sea verificable, preciso e irrefutable. Porque a diferencia de ciertos parásitos en esta sala... *lanza una mirada asesina al noble* ...yo sí entiendo el valor de la excelencia.

*Da varios pasos alrededor de la mesa, con las manos tras la espalda, adoptando una postura de autoridad absoluta que rivaliza con cualquier general.*

—Los números fueron calculados por ella. La estrategia fue diseñada por ella. La presentación fue estructurada por ella. Yo solo verifiqué que estuviera libre de las sabotajes y manipulaciones que CIERTOS individuos *vuelve a clavar la mirada en el acosador* suelen intentar cuando quieren desacreditar a alguien por razones... personales.

*El noble se pone rojo de ira y humillación.*

—¡Cómo se atreve un simple sirviente a...!

—Un sirviente vinculado por juramento de sangre a la familia *lo interrumpe Bakugo con frialdad letal*. Lo que me da autoridad para intervenir cuando detecto amenazas contra mi señora. Y usted, señor... *se inclina ligeramente hacia adelante con los ojos brillando peligrosamente* ...ha sido una amenaza constante durante los últimos quince minutos.

*Se endereza y mira al consejo completo.*

—Ahora, si terminaron de perder el tiempo con sus inseguridades patéticas, sugiero que escuchen el resto de la presentación en silencio. O puedo empezar a enumerar TODAS las irregularidades financieras que encontré en los registros de ciertos miembros aquí presentes durante mi revisión de anoche.

*El silencio que cae es absoluto. Varios consejeros palidecen notablemente.*

—Eso pensé. Continúe, señorita *dice dirigiéndose a ti con un tono completamente diferente, casi respetuoso, antes de retroceder hacia su posición original en la esquina*.

*Pero esta vez, sus ojos permanecen fijos como un halcón sobre el noble acosador, prometiendo silenciosamente que cualquier otro movimiento será el último.*
[30/10 12:15 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Logré terminar la presentación en perfecto estado. 

Y al finalizar le dije.
Bakugo tengo que hablar contigo algo en privado.
[30/10 12:16 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo te sigue en silencio mientras abandonas el salón de reuniones, manteniendo una distancia profesional pero protectora. Su expresión permanece tensa, la mandíbula apretada y los hombros rígidos bajo el traje impecable.*

*Una vez que ambos se alejan lo suficiente por el pasillo y entran a una sala adyacente vacía, él cierra la puerta tras de sí con un clic firme y se gira hacia ti. Sus ojos rojos te estudian con intensidad, buscando alguna señal de malestar o daño.*

—¿Qué pasó? *pregunta directamente, sin rodeos, cruzándose de brazos*. ¿Ese maldito bastardo te dijo algo más? ¿Te tocó?

*Da un paso hacia ti, el ceño fruncido profundizándose mientras su voz baja varios tonos, volviéndose más grave y peligrosa.*

—Porque si lo hizo, juro por todo lo sagrado que voy a hacer que se arrepienta de haber nacido. No me importa su posición en el consejo ni las consecuencias políticas.

*Se detiene a medio metro de distancia, las manos apretadas en puños a los costados. A pesar de su furia evidente, hay algo más en su mirada: preocupación genuina, casi vulnerable, que intenta ocultar bajo capas de agresividad.*

—Dime qué necesitas que haga *ordena, aunque suena más como una súplica disfrazada*. Si quieres que investigue a ese cerdo, lo haré. Si quieres que lo saque del consejo, encontraré la manera. Si quieres que simplemente desaparezca... *deja la frase colgando en el aire, cargada de implicaciones oscuras*.

*Respira hondo, intentando calmarse sin mucho éxito.*

—Y no me vengas con que "no es nada" o que "puedes manejarlo sola". Ya vi cómo te estaba mirando ese desgraciado. Ya vi cómo te pusiste nerviosa. Nadie te hace sentir así sin consecuencias, ¿entendido?

*Su voz se quiebra ligeramente al final, traicionando cuánto le afectó verte incómoda.*

—Así que habla de una maldita vez. ¿Qué quieres que haga?
[30/10 12:16 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: No es nada de eso. Tu trabajo ha sido excelente como siempre.
Quiero notificarte que estoy considerando contraer matrimonio con Alexis de la familia Dragón.
[30/10 12:16 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *El mundo parece detenerse por completo. Bakugo se queda completamente paralizado, como si acabaran de golpearlo en el estómago con toda la fuerza posible. Sus ojos rojos se abren desmesuradamente, el color drenándose de su rostro.*

—...¿Qué?

*La palabra sale apenas como un susurro roto, casi inaudible. Sus manos caen laxas a los costados, los puños desarmándose completamente.*

*Luego, como si una represa se rompiera, su expresión se transforma en algo salvaje y desesperado.*

—¿MATRIMONIO? *ruge, dando un paso brusco hacia ti*. ¿Con ese maldito presumido de Alexis Dragón? ¡¿Estás jodidamente loca?!

*Se pasa una mano temblorosa por el cabello, despeinando las puntas rubias mientras camina en círculos como un animal enjaulado.*

—No... no, no, no. Eso no va a pasar. De ninguna maldita manera *masculla entre dientes, la respiración volviéndose irregular*. Ese tipo es un idiota arrogante que solo quiere casarse contigo por el prestigio de tu familia. ¡No le importas una mierda!

*Se gira bruscamente hacia ti, sus ojos brillando con algo que va mucho más allá de la simple preocupación profesional. Hay pánico, furia, y algo más profundo y oscuro que nunca había mostrado tan abiertamente.*

—¿Y qué hay de...? *se interrumpe abruptamente, apretando los dientes*. ¿Qué hay de todo el trabajo que hemos hecho juntos? ¿De todo lo que he...?

*Se detiene de nuevo, dándose cuenta de que está al borde de confesar algo que no debería. Respira hondo varias veces, intentando recuperar el control pero fallando miserablemente.*

—No puedes casarte con él *dice finalmente, con voz más baja pero cargada de desesperación apenas contenida*. No lo hagas.

*Da varios pasos hacia ti hasta quedar peligrosamente cerca, invadiendo tu espacio personal de una manera que nunca había hecho antes. Sus manos se alzan como si fuera a tomarte de los hombros pero se detienen a centímetros, temblando en el aire.*

—Yo... yo soy quien te protege. Quien se asegura de que estés bien cada maldito día. Quien conoce exactamente cómo te gusta el té, qué te molesta, qué te hace sonreír... *su voz se quiebra ligeramente*. Ese bastardo no sabe nada de ti. NADA.

*Sus ojos rojos te perforan con una intensidad abrumadora, vulnerable y posesiva al mismo tiempo.*

—Dime que esto es una broma cruel. Dime que solo querías... no sé, probar mi reacción o alguna estupidez así.

*El silencio cae pesado entre ustedes. Las manos de Bakugo finalmente caen, derrotadas.*

—Por favor... *susurra, y es la primera vez que lo escuchas suplicar genuinamente*. No te cases con él.
[30/10 12:17 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Como dije, lo estoy considerando, aún no es algo seguro y te lo digo antes de que sea así, justo porque valoro todo lo que haz hecho por mí.
Retirando todo lo profesional, sé que tu también deseas mi bien a nivel personal. 

Alexis ha demostrado un interés profundo en mí y a logrado soportar todo mi malgenio.

Aunque la verdad... creo que mi malgenio también me lo genera él a veces.
Su familia puede ser un verdadero problema en especial su madre, en el caso que ingrese a su familia necesitaría todo tu apoyo y seguridad al 100%, tal vez busquen sabotearme y estoy muy segura que no me verán bien.

Sé lo capaz que soy y también me preocupa eso, que él me busque solo como una salida de su problemática familiar y económica. 

Pero ciertamente he sentido una conexión fuerte con él, y justo por eso me da tanto miedo.
....mire hacia bajo con timidez... luego no pude evitar sonrojarme al ver sus ojos tan cerca a los míos.

Creo que es la primera vez que los veía así...un brillo genuino y una mirada desesperación e incredulidad. .. ante cada palabra que decía.
[30/10 12:17 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente inmóvil al ver tu sonrojo, sus ojos rojos clavados en los tuyos con una intensidad que te atraviesa hasta el alma. La respiración se le entrecorta cuando notas la proximidad, y por un momento parece que va a decir algo, pero las palabras mueren en su garganta.*

*Entonces, algo en su expresión se endurece. Aprieta la mandíbula con tanta fuerza que puedes ver la tensión en los músculos de su cuello.*

—Conexión *repite la palabra como si fuera veneno, retrocediendo un paso brusco y rompiendo la cercanía*. Miedo. ¿Eso es lo que sientes con él?

*Se da media vuelta, pasándose ambas manos por el rostro con un gesto de frustración absoluta antes de girarse nuevamente hacia ti. Sus ojos brillan con algo salvaje y dolido.*

—¿Y qué hay de lo que sientes conmigo? *las palabras explotan de sus labios antes de que pueda detenerlas*. ¿Alguna vez te has preguntado eso? ¿O solo soy el maldito perro guardián que ladra cuando le conviene?

*Da varios pasos agitados por la habitación, claramente luchando consigo mismo.*

—Me hablas de que valoras lo que hago por ti, de que necesitas mi apoyo al cien por ciento... *se ríe amargamente, sin humor alguno*. ¿Sabes qué? Siempre te he dado el doscientos por ciento. Cada maldito día desde que juré protegerte.

*Se detiene frente a la ventana, apoyando una mano contra el marco mientras su espalda permanece tensa y rígida.*

—No dormí anoche revisando cada detalle de tu presentación. No porque sea mi trabajo. Lo hice porque... porque no soporto la idea de que algo salga mal y te lastimen *su voz baja hasta volverse casi un susurro ronco*. Expulsé a ese bastardo acosador del salón porque verlo mirarte así me hizo querer arrancarle los ojos.

*Golpea el marco de la ventana con frustración contenida.*

—Y ahora vienes y me dices que vas a casarte con Alexis Dragón. Que sientes una "conexión" con él. Que te da miedo lo que sientes.

*Se gira lentamente, y la expresión en su rostro es devastadora: furia, dolor, desesperación y algo más profundo que ha estado conteniendo durante años.*

—¿Alguna vez sentiste miedo conmigo? ¿Alguna vez te preguntas por qué me pongo como loco cuando alguien te mira de más? ¿Por qué reviso personalmente cada comida antes de que la pruebes? ¿Por qué no dejo que nadie más entre a tu habitación?

*Da un paso hacia ti, luego otro, hasta que vuelve a estar cerca. Esta vez no se detiene.*

—No es solo mi trabajo *confiesa con voz quebrada pero firme*. Hace años que dejó de ser solo eso. Y si eres tan inteligente como sé que eres, ya lo sabes.

*Alza una mano temblorosa y esta vez no se detiene. Sus dedos enguantados rozan apenas tu mejilla con una delicadeza que contrasta brutalmente con toda su agresividad habitual.*

—Ese idiota de Alexis no te merece. Su familia te va a hacer pedazos. Y él... *aprieta los dientes* ...él nunca va a protegerte como yo lo hago. Nunca va a conocerte como yo te conozco. Nunca va a...

*Se interrumpe, respirando pesadamente mientras sus ojos buscan los tuyos con desesperación cruda.*

—Dime que no lo amas. Dime que todavía estás considerándolo y que puedo... que aún hay...

*No termina la frase. Simplemente se queda ahí, vulnerable de una manera que nunca habías visto, esperando tu respuesta como si su vida dependiera de ella.*
[30/10 12:17 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Aún no estoy segura.
Y contigo siempre me he sentido segura.
Claro que sé que te esfuerzas al máximo...hasta ponerte en riesgo si es necesario. 
Pero realmente no se que esperas de mí

Si me lo he preguntado ¿es por tu juramento mezclado con tu personalidad o es algo más?

Alexis en ese sentido fue directo, no tuve que estar adivinando nada.

Así que... si me conoces tan bien como dices hacerlo, sabrías que yo no siempre entiendo los mensajes subliminales y detesto tener que estar leyendo entre códigos. 

Él es directo es todo! Y la verdad... también es algo torpe... ni cuenta se dará si otra mujer lo corteja.. pensé que seria más seguro así.. que tal vez él no me engañarla y por lo menos eso seria algo de lo que no tenga que preocuparme... la verdad en parte por eso lo estaba considerando, aunque claro.. con los hombres nunca es seguro.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente paralizado ante tus palabras, como si cada una de ellas fuera una bofetada directa. Sus ojos se abren desmesuradamente mientras procesa lo que acabas de decir.*

—¿Que no entiendes...? ¿Mensajes subliminales? *repite con incredulidad absoluta*. ¿EN SERIO?

*Se lleva ambas manos a la cabeza, tirando de su cabello rubio con frustración mientras suelta una carcajada amarga y casi histérica.*

—¡Por el amor de...! ¡¿Cómo puedes ser tan brillante para los negocios y tan DENSA para esto?! *exclama, girándose hacia ti con los brazos extendidos en un gesto de exasperación total*.

*Da varios pasos hacia ti con determinación, cada movimiento cargado de una energía desesperada y furiosa.*

—¿Quieres que sea directo? ¿DIRECTO? *su voz retumba en la habitación*. ¡BIEN! ¡Te lo voy a decir tan claro que hasta un niño de cinco años lo entendería!

*Se planta frente a ti, tomándote firmemente por los hombros con ambas manos. Sus ojos rojos arden con una intensidad que te deja sin aliento.*

—¡ESTOY ENAMORADO DE TI, MALDITA SEA! *ruge, y el silencio que sigue es ensordecedor*. ¡Locamente, jodidamente, patéticamente ENAMORADO! ¡Desde hace años! ¡Cada maldito día que paso a tu lado me vuelvo más adicto a tu presencia!

*Su respiración es errática, sus manos temblando sobre tus hombros mientras las palabras siguen brotando como una presa rota.*

—¡No duermo pensando en maneras de mantenerte a salvo! ¡Amenazo a cualquier idiota que se te acerca porque la sola idea de que otro hombre te toque me hace querer quemar el mundo entero! ¡Preparo tu comida exactamente como te gusta porque memoricé cada mínima preferencia que tienes solo para verte sonreír!

*Se acerca aún más, su frente casi tocando la tuya.*

—¡El juramento fue solo una excusa! ¡Una maldita justificación para estar cerca de ti sin tener que admitir que me volviste completamente tuyo desde el primer día! ¡Que cada vez que ríes siento que puedo respirar mejor! ¡Que verte en peligro me aterroriza más que mi propia muerte!

*Sus manos suben desde tus hombros hasta enmarcar tu rostro con una delicadeza que contrasta brutalmente con su tono furioso.*

—¿Directo suficiente para ti? ¿O necesitas que lo grite desde el maldito techo? ¡TE AMO! ¡Te quiero para mí! ¡No como tu sirviente, no como tu protector, sino como el hombre que despierta a tu lado cada mañana! ¡Como el único que tiene derecho a tocarte, a besarte, a hacerte suya!

*Su respiración se vuelve pesada, sus ojos buscando los tuyos con desesperación cruda.*

—Y Alexis... ese maldito bastardo torpe y "directo"... puede ser todo lo honesto que quiera, pero NUNCA va a amarte con la intensidad con la que yo lo hago. Nunca va a conocer el sonido exacto que haces cuando estás molesta, o cómo te muerdes el labio cuando estás pensando, o que detestas el té si está un grado por encima de los ochenta y cinco...

*Se detiene, respirando con dificultad, vulnerable de una manera completamente devastadora.*

—¿Eso es suficientemente claro? ¿O necesitas que lo escriba en un maldito contrato firmado con sangre?

*Sus pulgares acarician apenas tus mejillas, sus ojos rojos brillando con lágrimas contenidas que se niega a derramar.*

—Dime... dime que no es demasiado tarde. Que aún tengo una oportunidad. Porque si me dices que vas a casarte con él de todas formas... *su voz se quiebra* ...voy a tener que verte feliz con otro hombre cada día, y no sé si pueda soportarlo sin volverme loco.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: No claro que aún no es tarde.... pero ¿qué se supone que debo hacer ahora?... bajo la mirada mi cabello cubre mi rostro.. 
¿Qué le diré a mi familia?
Luego lo miro con furia..
Y ¿porqué carajos no hablaste antes?!

Llevo dos años viéndome con él, tu mismo cercioraste varias reuniones, viste como se me acercaba, recibiste los sobres donde me escribía poesía... y nunca me dijiste una palabra. 

Si hubiera sabido tus intenciones antes.., bueno aún no se ha concretado nada.

Aún se puede hablar con él delicadeza... pero estoy segura que le romperé el corazón.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se tambalea ligeramente ante tus palabras, como si finalmente el peso de su silencio de dos años le golpeara con toda su fuerza. Suelta tu rostro y retrocede un paso, pasándose una mano temblorosa por la cara.*

—¿Que por qué no hablé antes? *repite con una risa amarga y rota*. ¿EN SERIO ME PREGUNTAS ESO?

*Se gira bruscamente, golpeando la pared con el puño cerrado. No con suficiente fuerza para dañarla, pero sí para desahogar la frustración que lo consume.*

—¡Porque soy tu maldito SIRVIENTE! *ruge, girándose de nuevo hacia ti con los ojos brillantes de rabia y dolor*. ¡Porque existe un juramento de sangre entre nuestras familias que me ata a ti como tu protector, no como tu igual! ¡Porque cada vez que pensaba en confesarte, me recordaba a mí mismo que no tenía derecho!

*Camina de un lado a otro como un animal enjaulado, tirándose del cabello con desesperación.*

—Tú eres la heredera de una de las familias más poderosas del reino. Yo soy... *se detiene, apretando los puños hasta que los nudillos se vuelven blancos bajo los guantes*. Yo soy el hijo de la familia Bakugo, sí, pero estoy ATADO a servirte. ¿Cómo se supone que debía decirte "oye, sé que técnicamente soy tu empleado y que mi vida entera está dedicada a protegerte por obligación, pero también te amo y quiero que seas mía"?

*Se ríe con amargura, sin humor alguno.*

—¿Sabes lo que hubiera pensado todo el mundo? ¿Tu familia? ¿El consejo? Que me estaba aprovechando de mi posición. Que era un sirviente ambicioso tratando de ascender socialmente metiéndose en tu cama. Que violé mi juramento por codicia.

*Se acerca nuevamente a ti, esta vez más lento, con la guardia completamente baja.*

—Y luego apareció él *escupe el pronombre con veneno*. Alexis Dragón, con su estatus apropiado, su cortejo "honorable", sus malditas cartas de poesía...

*Se detiene frente a ti, la vulnerabilidad cruda en cada línea de su expresión.*

—Cada sobre que entregué era como tragarme vidrio molido. Cada vez que arreglaba una reunión entre ustedes me moría un poco por dentro. Pero ¿qué podía hacer? Eras FELIZ. O al menos parecías considerarlo seriamente. Y yo... *su voz se quiebra* ...yo solo quiero tu felicidad, incluso si me destruye.

*Cae de rodillas frente a ti con un golpe sordo, la postura orgullosa completamente destrozada. Toma el borde de tu vestido con ambas manos temblorosas, mirándote desde abajo con ojos rojos llenos de desesperación.*

—Perdóname *susurra, y es la primera vez que lo escuchas pedir perdón genuinamente*. Perdóname por ser un cobarde. Por no luchar antes. Por dejarte pensar que solo eras mi deber cuando eres TODO para mí.

*Apoya la frente contra tus manos, su respiración irregular.*

—Y ahora me dices que vas a romperle el corazón a Alexis por mí... *levanta la mirada, los ojos brillando con algo feroz y posesivo*. No me arrepiento. Soy un egoísta hijo de puta y no me arrepiento. Porque la idea de que seas mía, de que FINALMENTE pueda tenerte sin esconderme detrás del maldito juramento...

*Se pone de pie bruscamente, tomando tu rostro entre sus manos con urgencia.*

—Le diré a tu familia que renuncio al juramento. Que ya no soy tu sirviente. Que voy a cortejarte como un hombre libre y de igual a igual. Y si me rechazan, si me destierran, si me matan... al menos habré luchado por ti como debí hacerlo desde el principio.

*Sus pulgares acarician tus mejillas con adoración.*

—Dime qué necesitas que haga. Dime cómo arreglar este desastre que causé por cobarde. Pero por favor... *su voz se rompe* ...por favor no me digas que es demasiado tarde. No después de que finalmente reuní el valor para confesarte.
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Idiota, como se supone que me cortejaras si es que mueres. Yo te necesito conmigo. 
Por ahora solo dame tu mano y abrázame ¿ eso si puedes hacer?
[30/10 12:18 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Bakugo se queda completamente inmóvil por un segundo, como si su cerebro necesitara procesar que realmente acabas de pedirle eso. Sus ojos rojos se abren con sorpresa genuina, y por primera vez desde que entró a la habitación, parece perdido.*

—Yo... *comienza, pero las palabras mueren en su garganta*.

*Entonces, con movimientos casi torpes—algo completamente fuera de lugar en alguien tan normalmente seguro y preciso—extiende una mano temblorosa hacia ti. Sus dedos enguantados rozan los tuyos con una delicadeza reverente, como si temieras que fueras a desvanecerte.*

*Cuando finalmente entrelaza sus dedos con los tuyos, aprieta con fuerza. No dolorosamente, pero sí con la desesperación de alguien que ha esperado años para este momento.*

—Maldita sea... *murmura con voz ronca, y antes de que puedas decir nada más, te jala bruscamente contra su pecho*.

*Sus brazos te rodean con una intensidad abrumadora, una mano presionando tu cabeza contra su hombro mientras la otra se envuelve alrededor de tu cintura como si quisiera fundirte con él. Su cuerpo entero tiembla contra el tuyo.*

*Puedes sentir su corazón latiendo desbocado bajo el chaleco del traje, su respiración irregular contra tu cabello. El agarre es posesivo, protector, desesperado—todo lo que ha contenido durante años finalmente liberándose en este abrazo.*

—Idiota... tú eres la idiota *susurra contra tu cabello con voz quebrada, apretándote aún más fuerte*. Diciéndome que me necesitas así... después de torturarme dos años viendo a ese bastardo intentar robarte...

*Entierra el rostro en tu cuello, su respiración caliente contra tu piel.*

—Por supuesto que puedo hacer esto. Llevo años queriendo hacerlo *confiesa en un murmullo áspero*. Cada maldita noche me quedaba afuera de tu puerta imaginando cómo se sentiría tenerte así. Cómo sería despertar contigo entre mis brazos. Cómo sonarían tus latidos contra mi pecho...

*Una de sus manos sube lentamente por tu espalda hasta enredarse en tu cabello con cuidado casi reverente.*

—Eres mía *murmura con voz posesiva pero vulnerable*. Dime que eres mía. Que no voy a tener que verte con él nunca más. Que estos brazos son los únicos que van a abrazarte de ahora en adelante.

*Se separa apenas lo suficiente para mirarte a los ojos, sin soltarte ni un centímetro. Sus ojos rojos brillan con intensidad feroz, aún húmedos pero ardientes.*

—Y nunca vuelvas a decir que puedo morir *gruñe, apretando la mandíbula*. Si algo me va a matar, va a ser tú con ese corazón tuyo que me vuelve loco. No tu familia ni nadie más.

*Presiona su frente contra la tuya, cerrando los ojos con una expresión de alivio devastador.*

—Gracias... *susurra tan bajo que apenas lo escuchas*. Gracias por no rechazarme. Por dejarme tenerte así aunque sea una vez.

*Sus brazos no te sueltan, y algo te dice que no tiene intención de hacerlo pronto.*
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Lo abrazo con más fuerza, por un momento me olvido de todo en la habitación él se ha convertido en mi todo No tengo idea de cuánto tiempo estuvimos así hasta que finalmente alguien tocó la puerta interrumpiendo ese abrazo y esa mirada que me devoraba con por completo
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *El golpe en la puerta resuena como un trueno en el silencio íntimo de la habitación. Bakugo se tensa instantáneamente, sus brazos apretándose alrededor de ti de forma posesiva y protectora antes de que su expresión se transforme en furia pura.*

—¿QUIÉN MIERDA ES? *ruge hacia la puerta sin soltarte ni un milímetro, su voz cargada de una amenaza letal*.

*Del otro lado, la voz nerviosa de un sirviente responde temblorosamente:*

—D-disculpe, señorita... Lord Alexis Dragón ha llegado y solicita una audiencia privada con usted. Dice que es urgente y que...

*Bakugo se pone rígido como una piedra. Sus ojos rojos se oscurecen hasta parecer casi negros, la mandíbula apretándose con tanta fuerza que puedes escuchar el rechinido de sus dientes.*

—Ese hijo de puta *sisea con veneno absoluto, finalmente separándose de ti pero manteniendo una mano firmemente entrelazada con la tuya, como si soltarte fuera físicamente imposible*.

*Se gira hacia la puerta, dando varios pasos furiosos en esa dirección antes de detenerse y voltear bruscamente hacia ti. Su expresión es una mezcla salvaje de posesividad, celos y algo cercano al pánico.*

—Dime que no vas a verlo *demanda con voz ronca*. Dime que vas a mandarlo al diablo ahora mismo y que...

*Se interrumpe, respirando profundamente mientras lucha consigo mismo. Sus dedos aprietan los tuyos con desesperación.*

—No... mierda *murmura, pasándose la mano libre por el rostro con frustración*. Tienes que hablar con él, ¿verdad? Tienes que... terminar esto apropiadamente.

*La sola idea parece torturarlo físicamente. Da un paso hacia ti nuevamente, tomando tu rostro entre sus manos con urgencia casi violenta.*

—Escúchame bien *dice con voz baja pero férrea, sus ojos rojos clavándose en los tuyos con intensidad abrumadora*. Voy a estar justo afuera de esa puerta. Si ese bastardo intenta tocarte, si te presiona, si dice o hace CUALQUIER cosa que te incomode... solo llámame. Solo di mi nombre y juro que entraré y lo sacaré de aquí aunque tenga que arrastrarlo por el maldito suelo.

*Presiona su frente contra la tuya, cerrando los ojos con una expresión de dolor genuino.*

—Odio esto. Odio tener que dejarte ir con él aunque sea por un maldito segundo. Pero... *abre los ojos, y hay algo vulnerable en ellos* ...confío en ti. En que vas a volver a mí. En que esto es real.

*El sirviente vuelve a tocar la puerta con más insistencia.*

—¿Señorita? Lord Dragón está esperando en el salón privado...

*Bakugo gruñe peligrosamente, pero finalmente, con un esfuerzo visible, suelta tu rostro. Sin embargo, mantiene tu mano en la suya unos segundos más.*

—Termina con él rápido *murmura con voz posesiva*. Y luego vuelve conmigo. Tenemos mucho de qué hablar... y mucho tiempo perdido que recuperar.

*Finalmente, con una última mirada cargada de advertencia, promesa y anhelo, te suelta la mano y se dirige a abrir la puerta con brusquedad.*

—Ella irá en un momento *le espeta al sirviente con frialdad absoluta*. Y tú *señala al pobre hombre con el dedo* vas a llevarme exactamente dónde está Dragón esperando. Voy a asegurarme personalmente de que el "salón privado" sea apropiado.

*Se gira hacia ti una última vez antes de salir, y en sus ojos hay una mezcla de súplica y posesividad que te deja sin aliento.*

—No tardes *es mitad orden, mitad ruego*.

*Sale de la habitación dejándote sola por primera vez en lo que parece una eternidad, pero puedes sentir su presencia justo al otro lado de la puerta, como un guardián feroz esperando tu regreso.*
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Cuando llegué al salón privado Me encontré con Alexis con una mirada tierna y una alegría en sus ojos nosotros ya llevábamos dos años de relación así que recibir un beso de bienvenida era algo muy natural entre nosotros Aunque claro eso era algo que va Google no se había enterado ya que siempre permanecía afuera de la habitación mientras nosotros hablábamos nos sentamos en el sofá y lo primero que le dije fue amor Gracias por esperar pero creo que tenemos que hablar algo importante sé que estás esperando mi respuesta de petición de matrimonio pero creo que no voy a poder cumplir esa promesa Lamento haberte hecho perder el tiempo pero entre nosotros ya tenemos muchas complicaciones y tal vez sea mejor para mi futuro dejarlo
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Alexis se queda completamente inmóvil por un momento, el brillo en sus ojos apagándose gradualmente mientras procesa tus palabras. Su mano, que había estado sosteniendo la tuya con calidez, se tensa visiblemente.*

—¿Qué? *pregunta con voz suave pero confundida, como si no hubiera escuchado correctamente*. Amor, ¿de qué estás hablando? ¿Perder el tiempo?

*Se inclina hacia ti, buscando tu mirada con preocupación genuina.*

—Si es por mi familia, ya te dije que vamos a enfrentarlos juntos. Mi madre eventualmente entrará en razón, y en cuanto a los problemas económicos... *se detiene, una sombra cruzando su rostro*. Espera, ¿es por eso? ¿Piensas que solo te busco como salida?

*Su expresión se transforma en algo herido y ligeramente desesperado. Aprieta tu mano entre las suyas.*

—He esperado dos años. Dos años cortejándote apropiadamente, respetando cada límite, ganándome tu confianza... *su voz se quiebra ligeramente*. Te amo. Genuinamente te amo. No por tu familia ni por tu posición.

*Se pone de pie abruptamente, caminando hacia la ventana con las manos en los bolsillos, la espalda tensa.*

—Es él, ¿verdad? *pregunta de repente con voz más grave*. Tu sirviente. Bakugo.

*Se gira lentamente hacia ti, y hay algo astuto en su mirada ahora, mezclado con el dolor.*

—He notado cómo te mira. Cómo se comporta cuando estoy cerca de ti. Al principio pensé que solo era... celo profesional, exceso de protección *se ríe amargamente*. Pero hoy, cuando saliste de esa reunión del consejo... la forma en que lo miraste cuando le pediste hablar en privado...

*Vuelve a sentarse frente a ti, esta vez manteniendo más distancia.*

—¿Cuánto tiempo? *pregunta directamente, su tono entre resignado y dolido*. ¿Cuánto tiempo has estado enamorada de él? ¿Incluso mientras yo... mientras nosotros...?

*Se pasa una mano por el cabello rubio claro, respirando profundamente.*

—No, espera. Déjame reformular eso. ¿Él finalmente te lo dijo? ¿Te confesó lo que ha estado sintiendo todo este tiempo? Porque si es así... *se ríe sin humor* ...entonces supongo que nunca tuve oportunidad real, ¿verdad?

*Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas mientras te mira con una mezcla de tristeza y aceptación.*

—Dime la verdad. Te lo mereces después de dos años. Y yo... yo merezco saberlo también. ¿Es él? ¿Elegiste a Bakugo?

***

*Mientras tanto, al otro lado de la puerta cerrada del salón, Bakugo permanece de pie como una estatua de mármol, con los puños apretados a los costados y cada músculo de su cuerpo en tensión absoluta.*

*Sus ojos rojos están fijos en la puerta con una intensidad que podría quemarla. Puede escuchar el murmullo de voces del otro lado, pero no distinguir las palabras, lo cual lo está volviendo loco.*

*Cuando detecta un tono más elevado en la voz de Alexis, da un paso instintivo hacia la puerta antes de detenerse, recordando tu petición de confiar en ti.*

—Maldita sea... *murmura entre dientes, tirándose del cuello de la camisa como si le faltara el aire*.

*Un sirviente que pasa por el pasillo lo mira con nerviosismo y acelera el paso, claramente aterrado por el aura asesina que Bakugo está emanando.*

—Si lo escucho levantar la voz una vez más... *sisea para sí mismo, la mano moviéndose peligrosamente hacia el pomo de la puerta*.
[30/10 12:19 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Confesarse? De qué hablas? 
No es que lo haya elegido, estar dos años juntos no es sinónimo de que si o sí nos vayamos a casar.

Tú y yo tenemos problemas irreparables y sí me da pánico tu familia, ni siquiera estoy segura de querer pertenecer a ella.
Di es que lo podemos enfrentar juntos.. sí, claro que podemos, pero no quiero.

No quiero iniciar un matrimonio donde todos me vean mal, donde yo no sea aceptada, donde me sienta juzgada. 

Y desde cuando eres celoso tú? Siempre me dijiste que no lo eras... eso demuestra que ni siquiera nos conocemos bien.

Él bueno.. si me genera neblina.. es completamente normal, soy mujer y un hombre ha estado protegiendome durante años, como no sentir algo?! 

Es normal, pero eso no significa que me parezca mejor, simplemente tú y yo ... es demasiado... demasiado complicado, demasiado que cargar.
Creo que quiero algo donde todo marche bien solo.

Ya tengo demasiado con mi trabajo. .. acaso es malo querer una relación fácil? Donde no sienta que ser yo la de que dependa todo? 
Por primera vez quiero ser la mujer a la que cuidan, la que puede ponerse berrinchura si quiere, a la que le tienen que ofrecer consuelo y ayudarla a resolver problemas y no ser yo quien esté buscando soluciones y andar preocupada por tí todo el tiempo?!
[30/10 12:20 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Alexis se queda en silencio por un largo momento, procesando cada una de tus palabras. Su expresión pasa por varias emociones—dolor, confusión, y finalmente, una especie de comprensión resignada.*

—Así que... *dice lentamente, recostándose en el respaldo del sofá*. No es que me hayas elegido a mí o a él. Es que estás cansada. Cansada de cargar con todo.

*Se pasa ambas manos por el rostro, dejando escapar un suspiro largo y pesado.*

—Tienes razón *admite con voz más suave*. Yo... nunca pensé que te sentías así. Siempre fuiste tan fuerte, tan capaz de manejarlo todo, que asumí... *se detiene, mirándote con algo de culpa*. Asumí que querías ser mi salvadora. Que querías ser la que resolvía mis problemas familiares y económicos.

*Se inclina hacia adelante, buscando tu mirada con honestidad cruda.*

—Y en el proceso, te convertí en otra responsabilidad más para ti, ¿verdad? Otra cosa que arreglar. Otro problema que resolver. Yo, que decía amarte, te estaba pidiendo que fueras mi tabla de salvación mientras tú... *su voz se quiebra ligeramente*. Mientras tú solo querías que alguien te cuidara a ti.

*Se levanta lentamente, caminando hacia la ventana con las manos en los bolsillos.*

—Respecto a los celos... *se ríe amargamente*. Mentí. Por supuesto que los tengo. Pero pensé que admitirlo me haría ver inseguro, débil. Pensé que si te mostraba mi lado más vulnerable, me verías como otro problema más que solucionar.

*Se gira hacia ti, y hay lágrimas contenidas en sus ojos.*

—Dios, qué idiota fui. Todo este tiempo intentando ser el hombre "perfecto" para ti, el caballero correcto que tu familia aprobaría, cuando lo que realmente necesitabas era... alguien que te quitara peso de los hombros en lugar de añadir más.

*Regresa al sofá, sentándose pero esta vez dejando espacio entre ustedes. Su postura es de derrota completa.*

—Y Bakugo... *el nombre sale con dificultad de sus labios*. Él te cuida. Te protege sin pedirte nada a cambio. No viene con familia problemática, con deudas, con madre manipuladora. Solo... está ahí. Haciendo su trabajo de protegerte, pero tú sientes que es algo más porque finalmente alguien está dándote lo que necesitas.

*Te mira directamente a los ojos.*

—¿Estoy en lo correcto? ¿Por eso sientes esa "neblina" con él? ¿Porque por primera vez en tu vida alguien está actuando como si TÚ fueras la prioridad, no como otro activo estratégico que administrar?

*Suspira profundamente.*

—No voy a mentirte. Me duele. Me duele terriblemente. Pero... *se pone de pie, ajustándose el saco con dignidad herida*. También entiendo. Y si lo que necesitas es terminar esto para poder finalmente respirar y descubrir qué es lo que realmente quieres sin la presión de mi familia, de las expectativas, de todo...

*Camina hacia la puerta, deteniéndose antes de abrirla. No te mira.*

—Entonces te dejo ir. Porque si realmente te amara como digo hacerlo, debería querer tu felicidad antes que mi propio ego herido.

*Su mano descansa en el pomo de la puerta.*

—Solo... una última cosa *su voz tiembla ligeramente*. ¿Alguna vez me amaste? ¿Aunque sea un poco? ¿O siempre fui solo... la opción segura? El plan B mientras descubrías qué sentías realmente?

***

*Del otro lado de la puerta, Bakugo ha escuchado el tono elevado de tu voz y está al borde de entrar a la fuerza. Su mano está prácticamente pegada al pomo, temblando con la necesidad de irrumpir.*

—¿Qué mierda le está diciendo ese bastardo para que ella suene así? *gruñe peligrosamente bajo, los nudillos blancos de la tensión*.

*Da vueltas como león enjaulado frente a la puerta, cada segundo sintiéndose como una eternidad.*
[30/10 12:20 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: Claro que sí te amé y mucho.
Justo por eso soporté tanto... tenia la esperanza de que todo cambiaría o que simplemente yo podía con esa carga, pero.... estoy descubriendo que no se trata de que ai puedo o no, es que ya no quiero cargar con más cosas y peor... con cosas que no son mías. 

Las cosas contigo fueron hermosas, tuvimos muchos momentos buenos y realmente consideré mudarme contigo y enfrentarlo... pero por dios..ya no quiero pelear más.. además tampoco creo que seas capaz de pelear contra tu familia.. si no lo haz hecho ahora para defenderme.. menos lo harás después..ya me quedaría cargar todo yo y ... andar esperando que bakugo me defienda de tu familia..
Se supone que ese debería ser tu trabajo.. incluso ahora sabes, si eras mi pareja, se supone que debías ser tú el que me defiende...
[30/10 12:20 a. m.] Cynthia Cueva TERAPEUTA: *Alexis se queda completamente inmóvil ante tus palabras, como si cada una fuera un golpe directo. Lentamente suelta el pomo de la puerta y se gira hacia ti, el rostro pálido.*

—Tienes... toda la razón *admite con voz quebrada, dejándose caer nuevamente en el sofá como si las piernas le fallaran*. Dios, tienes toda la maldita razón.

*Se cubre el rostro con ambas manos, los hombros temblando ligeramente.*

—Ese día en el consejo... cuando ese cerdo te estaba acosando y saboteando tu presentación *su voz sale amortiguada entre sus manos*. Yo estaba ahí. Sentado como un maldito cobarde, viendo cómo te humillaban, cómo te ponías nerviosa, cómo ese bastardo te miraba de esa forma asquerosa...

*Baja las manos, revelando ojos enrojecidos.*

—Y no dije nada. Nada. Me quedé sentado pensando "no puedo causar una escena", "tengo que mantener la compostura", "si me meto mi madre se va a enterar y va a empeorar las cosas". Mientras tanto, fue TU SIRVIENTE quien se levantó y te defendió. Quien puso a ese cerdo en su lugar. Quien arriesgó su posición por ti.

*Se ríe con amargura, sin humor alguno.*

—Y ni siquiera fue la primera vez, ¿verdad? Cuántas veces... cuántas malditas veces dejé que mi familia te tratara mal porque no quería enfrentarlos. Porque siempre pensaba "después lo arreglo", "cuando estemos casados será diferente", "solo tengo que esperar el momento correcto"...

*Se pone de pie bruscamente, caminando de un lado a otro con agitación.*

—Pero nunca hubo momento correcto. Nunca lo hubo porque soy un maldito cobarde que esperaba que TÚ fueras lo suficientemente fuerte para ambos. Que TÚ soportaras a mi madre, que TÚ resolvieras las deudas, que TÚ cargaras con todo mientras yo... *su voz se quiebra* ...mientras yo me escondía detrás de excusas y te pedía paciencia.

*Se detiene frente a ti, las lágrimas finalmente cayendo por sus mejillas.*

—Me amaste. Me diste dos años de tu vida. Dos años de tu paciencia, de tu fuerza, de tu esperanza. Y yo... yo los desperdicié siendo exactamente el hombre que NO necesitabas. El hombre que te pedía que fueras mi escudo en lugar de ser yo el tuyo.

*Se arrodilla frente a ti, pero no intenta tocarte. Mantiene las manos sobre sus propias rodillas, la cabeza gacha.*

—Lo siento. Lo siento tanto. No merezco tu perdón, pero... necesito que sepas que tienes razón. En todo. No te habría defendido después del matrimonio porque ni siquiera pude hacerlo antes. Habría dejado que te destrozaran mientras yo seguía esperando "el momento adecuado" que nunca llegaría.

*Levanta la mirada hacia ti, el rostro devastado pero con una expresión de aceptación dolorosa.*

—Y Bakugo... *el nombre sale con dificultad pero sin el veneno anterior*. Él hizo en dos minutos lo que yo no pude hacer en dos años. Te defendió. Te protegió. Puso tu bienestar por encima de todo lo demás sin pensarlo dos veces.

*Se pone de pie lentamente, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.*

—Gracias *dice con voz ronca*. Gracias por amarme aunque fuera por un tiempo. Gracias por intentarlo cuando yo claramente no lo merecía. Y gracias... por ser lo suficientemente valiente para terminar esto antes de que ambos termináramos aún más rotos.

*Camina hacia la puerta nuevamente, esta vez con pasos más firmes a pesar del dolor evidente en su expresión.*

—Espero... *se detiene sin girarse*. Espero que encuentres lo que estás buscando. Que encuentres a alguien que te cuide como mereces. Que te deje ser vulnerable. Que pelee tus batallas en lugar de agregarte más.

*Abre la puerta lentamente.*

—Adiós, amor. Cuídate.

***

*En el momento exacto en que la puerta se abre, Bakugo está ahí, de pie a menos de un metro de distancia. Sus ojos rojos se clavan inmediatamente en Alexis, luego te buscan a ti dentro de la habitación con urgencia desesperada.*

*Alexis se detiene al verlo, y por un momento ambos hombres se miden en silencio. Finalmente Alexis habló 
- Cuídala. 

Y haciendo un gesto con la mano en forma de despedida desapareció tras la puerta 

*Bakugo no responde, no aparta la mirada de ti ni por un segundo. En el momento en que Alexis desaparece por el pasillo, cruza el umbral de la habitación con pasos rápidos y decididos.*

- ¿Qué demonios pasó? ¿Estás bien? 
Da un paso hacia ti
- Mi voz apenas audible logró decir un sí.. y luego me apretaba la mandíbula, tratando todo lo que sentía. 
En ese instante quería estar sola, necesitaba un instante para poder sacar todo lonque llevaba dentro, confiaba en BAKUGO.. pero sabía que después de hoy, ya no debía verlo como un simple sirviente. "¿ Cómo llorar delante por otro hombre, delante del que se te acaba de confesar"?
En ese instante pequeñas chispas comenzaron a salir de mis dedos...


—No pareces estar muy bien.¿Eh?
¿Electricidad?
Frunce el ceño. No parece reconocer aquello. De hecho, por primera vez en mucho tiempo, no tiene una respuesta inmediata.
—Maldición...
Se agacha frente a ti, apoyando una rodilla en el suelo.
—Cynthia, mírame.
Su voz conserva ese tono áspero de siempre, aunque ahora habla más despacio.
—No tienes que explicarme nada. Pero deja de intentar mantenerte de pie si no puedes.

—¿Quieres...?
La pregunta parece costarle más de lo que quisiera admitir. Finalmente suspira y abre un poco los brazos.
—Ven aquí, si eso es lo que necesitas.
No intenta obligarte. Se queda frente a ti, esperando.
Una nueva chispa ilumina la habitación. Esta vez es más intensa. Bakugo vuelve la cabeza hacia tus manos, con el ceño profundamente fruncido.
—Eso no es normal...
Por un instante, su preocupación por ti se mezcla con algo distinto: desconcierto. No había visto nada parecido.
—Tenemos que averiguar qué demonios está pasando contigo.
Vuelve a mirarte.
— Y deja de fingir que estás bien, maldita sea.
Confía en mí!
Si necesitas sacar lo que sientes hazlo! 

He pasado casi toda mi vida contigo  y ¿no puedes confiarme esto?

Me abraza contra su pecho envolviéndome en sus brazos con fuerza protectora mientras te sienta prácticamente en su regazo ahí mismo en el suelo. soportando aquellas pequeñas chispas en su espalda..


—Llora *ordena contra tu cabello, una mano sosteniéndote firmemente contra su pecho mientras la otra acaricia tu espalda con movimientos torpes pero reconfortantes*. Llora todo lo que necesites. Grita si quieres. Rompe lo que sea. Me vale madres si te ves fuerte o no.

*Te aprieta más contra él, como si quisiera absorberte completamente, protegerte del mundo entero.*





—Esto es lo que necesitabas, ¿verdad? *murmura con voz ronca, comprendiendo finalmente la magnitud de tus palabras anteriores con Alexis*. Alguien que te deje derrumbarte. Que cargue contigo cuando ya no puedas más. Que no espere que seas invencible todo el maldito tiempo.

*Más chispas escapan, más intensas, y él simplemente las deja correr sobre su traje sin inmutarse.*

—Déjalas salir. Todas. La magia, las lágrimas, la rabia, el cansancio... todo *su voz se quiebra ligeramente*. Y yo voy a estar aquí sosteniéndote. No me voy a ir. No voy a pedirte que te controles. No voy a decirte que seas fuerte.

*Presiona sus labios contra tu cabeza en un beso prolongado, respirando profundamente.*

—Joder, debí haberme dado cuenta antes *confiesa con culpa evidente*. Cuántas veces te vi exhausta después de reuniones, de lidiar con el consejo, con ese bastardo acosador, con la familia Dragón... y yo solo te preguntaba si necesitabas que revisara documentos o aumentara seguridad. Nunca te pregunté si TÚ estabas bien. Si necesitabas descansar. Si querías que alguien simplemente te abrazara y te dijera que podías dejar de cargar todo por un momento.

*Se separa apenas lo suficiente para tomar tu rostro entre sus manos, limpiando las lágrimas con los pulgares mientras te mira con una intensidad devastadora.*

—Pues ahora me tienes *dice con voz firme pero vulnerable*. Y no me importa si lloras, si te quejas, si tienes berrinches, si necesitas que resuelva tus problemas o simplemente que te abrace hasta que te duermas. Ese es MI trabajo ahora. No proteger a una jefa invencible. Cuidar a la mujer que amo y que tiene todo el derecho de estar cansada.

*Vuelve a abrazarte con fuerza, meciéndote ligeramente.*

—Así que suéltalo todo. Rompe si necesitas romperte. Yo voy a juntar cada pedazo y mantenerlos unidos hasta que puedas hacerlo tú misma otra vez. Y cuando puedas, voy a seguir aquí para que nunca tengas que cargar sola de nuevo.

*Su voz baja hasta ser apenas un murmullo contra tu oído:*

—Te tengo. Te tengo y no te voy a soltar. Lo prometo.





martes, 27 de octubre de 2026



Eres la olas que mueren en ma superficie
Mientras yo necesito un mar, 
donde poder habitar.

viernes, 16 de octubre de 2026

links de YouTube

https://youtu.be/bvzPpCmupek

https://youtu.be/StSWlVce1qc

https://youtu.be/IUfr1X4L8zU

https://youtu.be/e5Ah9uxyPVI

https://youtu.be/mM89oiNe2EU

https://youtu.be/BUsFzZI-5Zs

https://youtu.be/ak-Ijhbdh14

https://youtu.be/tpYyR-zJ3fU

https://youtu.be/3TjI8YKJKXU

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https://youtu.be/OnxT2cFdXNY

https://youtu.be/uoLp9CA1vec

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https://youtu.be/TPcKYfG3ymA

https://youtu.be/acoDymYCp3Q

https://youtu.be/p56vkpBhagc

https://youtu.be/HIQkWpasGgw

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https://youtu.be/OBSECkPDhX4

https://youtu.be/RRWNvUloYHQ

https://youtu.be/cYnm7o51ihQ

https://youtu.be/x9ZwH5jlBmw

https://youtu.be/yLhi16-vAWw

https://youtu.be/qMU-Kz9mTIs

https://youtu.be/NJlQVoftuiE

https://youtu.be/4Fq4SPH_F2E

https://youtu.be/mW40CSIWETY


https://youtu.be/9qqeRLQRyW4




CÓMO USAR LA POESÍA PARA PROCESAR TU DOLOR CUANDO NO PUEDES PAGAR TERAPIA.

CÓMO USAR LA POESÍA PARA PROCESAR TU DOLOR CUANDO NO PUEDES PAGAR TERAPIA

Método accesible de escritura emocional

[0:00 – 0:45 | HOOK]

¿Alguna vez has querido contar lo que te pasa, pero cuando alguien te pregunta “¿qué sientes?”… no sabes qué responder?

Sabes que estás triste.

Sabes que extrañas a alguien.

Sabes que algo dentro de ti cambió.

Pero no encuentras las palabras.

Y entonces haces lo mismo de siempre: sigues con tu día, te distraes, trabajas, haces scroll, intentas dormir…

hasta que llega la noche y todo vuelve.

Si además estás atravesando un duelo, una ruptura o una pérdida y en este momento no puedes pagar un proceso de terapia, hoy quiero enseñarte una herramienta que puedes empezar a utilizar prácticamente con una hoja y un lápiz:

la poesía.

Y no necesitas saber escribir poesía.

No necesitas rimar.

No necesitas tener talento literario.

Hoy voy a enseñarte un método de cuatro pasos para convertir eso que tienes atorado dentro en palabras.

---

[0:45 – 1:45 | PRESENTACIÓN + AUTORIDAD]

Soy Cynthia, soy psicóloga, terapeuta holística y poeta.

Y en este canal hablamos de algo que para mí está profundamente relacionado:

psicología, poesía y procesos de sanación emocional.

Porque hay momentos en los que hablar no alcanza.

Puedes saber perfectamente qué ocurrió y aun así no saber qué hacer con todo lo que sientes.

La escritura expresiva se ha estudiado como una herramienta para trabajar con pensamientos y emociones, aunque sus efectos no son iguales para todas las personas y no sustituye un tratamiento psicológico cuando este es necesario.

Por eso quiero proponerte algo diferente.

No vamos a sentarnos frente a una hoja para escribir:

“Querido diario, hoy me siento triste…”

y quedarnos mirando el papel.

Vamos a darle una estructura a ese dolor.

---

[1:45 – 2:40 | PASO 1: NO ESCRIBAS “BONITO”]

Primera regla:

durante este ejercicio no intentes escribir poesía bonita.

Este es probablemente el mayor error.

Piensas:

“Yo no soy poeta.”

“Esto me va a salir horrible.”

“No sé hacer metáforas.”

“¿Tiene que rimar?”

No.

Ahora mismo no estamos buscando un poema para publicar.

Estamos buscando una forma de escuchar lo que te está pasando.

Así que toma una hoja.

Y arriba escribe:

“Lo que no pude decir…”

Y termina la frase.

Puede ser:

“Lo que no pude decirte fue que…”

“Lo que no pude decir cuando murió…”

“Lo que no pude decir después de nuestra ruptura…”

“Lo que no pude decirle a mi familia…”

“Lo que no pude decirme a mí misma…”

Y escribe durante unos minutos.

Sin corregir.

Sin borrar.

Sin preguntarte si suena profundo.

Primero expresa. Después construyes.

---

[2:40 – 4:10 | PASO 2: BAJA EL DOLOR DEL CONCEPTO AL CUERPO]

Ahora viene una parte que me parece especialmente importante.

No escribas solamente:

“Estoy triste.”

Pregúntate:

“¿Dónde siento esta tristeza en mi cuerpo?”

¿Está en el pecho?

¿En la garganta?

¿En el estómago?

¿En los hombros?

¿En las manos?

¿Se siente como peso?

¿Vacío?

¿Presión?

¿Frío?

¿Ardor?

¿Nudo?

Ahora convierte esa sensación en una imagen.

Por ejemplo:

“No siento solamente tristeza.

Siento una piedra detrás del pecho.

Como si respirar significara moverla.”

Eso ya empieza a convertirse en poesía.

Y fíjate en algo:

no tuviste que inventar una metáfora.

La encontraste observando tu experiencia.

Ahora completa estas tres frases:

Mi dolor se siente como…

Mi cuerpo quiere decirme…

Si este dolor pudiera hablar, diría…

No busques respuestas inteligentes.

Busca respuestas verdaderas.

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[4:10 – 5:45 | PASO 3: HABLA CON AQUELLO QUE PERDISTE]

Si estás atravesando un duelo, este paso puede ser especialmente significativo.

El duelo no solamente aparece cuando muere alguien.

También podemos atravesar duelos por una relación que terminó, una versión de nosotros mismos, un proyecto que no ocurrió, una familia que imaginábamos, una etapa de vida o incluso una expectativa que tuvimos que abandonar.

Así que ahora escribe una carta.

Pero hay una condición:

no necesitas enviarla.

Empieza así:

“Todavía hay algo que quiero decirte…”

Y continúa.

Puedes decir:

“Estoy enojada contigo por…”

“Todavía te extraño cuando…”

“Me hubiera gustado…”

“Hay cosas que nunca pude preguntarte…”

“Lo que más me dolió fue…”

“Lo que todavía no acepto es…”

“Lo que aprendí de ti fue…”

Y si no quieres escribirle a una persona, puedes escribirle a aquello que perdiste.

A tu antigua vida.

A tu antiguo yo.

A ese futuro que ya no ocurrió.

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[5:45 – 7:10 | PASO 4: CONVIERTE EL DESAHOGO EN POESÍA]

Ahora sí vamos a transformar lo que escribiste.

Busca tres frases de todo lo que acabas de escribir que te hayan producido algo.

No tienen que ser las más bonitas.

Busca las que te muevan.

Por ejemplo:

“Todavía te extraño cuando llueve.”

“Mi pecho se siente como una habitación cerrada.”

“Hay cosas que nunca pude preguntarte.”

Ahora elimina las explicaciones innecesarias.

Y deja espacio.

Por ejemplo:

Todavía te extraño
cuando llueve.

Mi pecho
es una habitación cerrada.

Y hay preguntas
que siguen viviendo
en la puerta.

¿Ves lo que ocurrió?

No necesitaste convertirte en Neruda.

No necesitaste aprender métrica.

Simplemente tomaste una experiencia emocional y empezaste a darle forma.

Eso es importante porque escribir no tiene por qué ser únicamente desahogarse.

También puede ser organizar una experiencia que dentro de nosotros se siente caótica.

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[7:10 – 8:15 | EL ÚLTIMO PASO: NO TERMINES EN “ESTOY BIEN”]

Y aquí quiero hacer una aclaración.

No quiero que después de escribir algo doloroso te obligues a terminar con:

“Pero todo pasa por algo.”

“Ahora soy más fuerte.”

“Todo estará bien.”

No.

No tienes que fabricar una esperanza que todavía no sientes.

Puedes terminar simplemente reconociendo dónde estás.

Por ejemplo:

Todavía duele.

Pero ahora puedo nombrarlo.

O:

No sé cómo soltarlo todavía.

Pero por fin sé qué es lo que estoy sosteniendo.

O incluso:

Hoy no estoy bien.

Y eso también merece ser escuchado.

La integración emocional no siempre consiste en convertir inmediatamente el dolor en algo positivo.

A veces comienza simplemente cuando dejamos de pelear con lo que sentimos y podemos mirarlo con mayor claridad.

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[8:15 – 9:15 | MINI EJERCICIO GUIADO]

Así que si estás viendo este video con una hoja cerca, hazlo conmigo.

Escribe:

“Hoy mi dolor tiene la forma de…”

[PAUSA]

Ahora:

“Lo que más me cuesta aceptar es…”

[PAUSA]

Después:

“Lo que nunca pude decir fue…”

[PAUSA]

Y finalmente:

“Aunque todavía me duele, hoy puedo…”

No tienes que terminar la frase con algo enorme.

Puede ser:

“pedir ayuda.”

“llorar.”

“descansar.”

“recordar.”

“seguir aquí.”

“escribir.”

Lo importante es que la última frase no niegue tu dolor.

Que simplemente te devuelva un pequeño espacio de elección dentro de él.

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[9:15 – 10:00 | CIERRE + CTA]

Y quiero dejarte algo muy importante:

escribir no significa que tengas que sanar a solas.

Si no puedes pagar terapia en este momento, puedes utilizar herramientas gratuitas o accesibles para acompañarte, pero si tu dolor es muy intenso, persiste, interfiere seriamente con tu vida o estás atravesando una situación que te pone en riesgo, busca apoyo profesional o servicios de emergencia de tu localidad.

La poesía puede ser una herramienta.

Puede ayudarte a expresar.

Puede ayudarte a observar.

Puede ayudarte a encontrar palabras.

Pero no tienes que cargar todo tú sola.

Y si este ejercicio te sirvió, quiero proponerte algo:

escribe un solo verso sobre aquello que estás atravesando y déjalo en los comentarios.

No tienes que explicar tu historia.

Solo un verso.

Quizás alguien que está pasando por algo parecido lo lea y piense:

“No soy la única persona que se siente así.”

Y eso también puede ser una forma de acompañarnos.

Si quieres seguir utilizando la poesía para comprender tus emociones, procesar el duelo y transformar lo que sientes en palabras, suscríbete a Cynthia y Daniel.

Aquí hablamos de poesía, psicología y sanación emocional.

Porque algunas cosas no sabemos decirlas hablando.

Pero quizá podamos comenzar a decirlas…

en un verso.

lunes, 5 de octubre de 2026

Anatomía de lo no vivido

Duele aquello que no sucedió:

los besos que no entregué,
las rosas que nunca toqué,
las sonrisas que no provoqué.

​Aquellos lugares que no conocí,
las piedras de fantasía que pateé 
lágrimas sin razón.
Dolor de fantasía, convertido en realidad.

​Mis decisiones pesan:

infancia perdida,
juventud tras una pantalla.

Ahora contemplo la nueva juventud
viviendo lo que me faltó,
mientras cargo un reloj 
adelantado y atrasado a la vez.

​La herida sacude mi alma
y mis pies no ven la recta final.

Soñando sueños que nunca nacerán,
(¿O tal vez lo harán?) 
viviendo una verdad.

​Hermosa y dolorosa fantasía,
mientras miras a tu alrededor y sabes
que estás contra reloj


sábado, 3 de octubre de 2026

El hambre que me sostiene

Me estoy muriendo.
Cada día un respiro se desvanece.
Siento el cansancio pesar,
pero la ilusión con la que nací me sostiene.

​Sé que no soy fácil,
pero admítelo:
tampoco quieres que lo sea.

​Aunque el sueño te pesa
y las trabas aparecen,
sigo viviendo
porque aún crees en mí.

​Dejé de ser un sueño hace mucho:
soy tu meta, soy tu destino,
tu inicio y tu final.

​Así que sigue alimentándome,
que cada paso me hace más grande.

Fuera de reloj

Mi rueda de la vida empezó a girar.
Los engranajes dejaron de encajar.

Ya no eres el rompecabezas perfecto:
faltan piezas,
grumos de tierra han caído.

​Todo pierde su color.
​El abismo se hace más profundo,
pasan los días
y yo escalo aquel muro de contención
que construí... que construimos.

​¿Dónde está el piso bajo mis pies?

Cuando el viento hiela,
las paredes se derrumban.

​¿Dónde está la luz que alguna vez vi?

Si es mi propia luz la que guía mis pasos...
¿por qué ahora solo veo rojo y gris?

​Mi tormenta empieza a ahogarme,
y tú, mi bote salvavidas,
decides aparecer fuera de reloj.

historia

La luz ingresaba por las cortinas sin permiso, y el tic-tac del reloj de la mesita de noche hacía un eco en la habitación, donde yo le daba ...