Katsuki bajó un poco la mirada. Su pulgar acarició distraídamente el dorso de tu mano.
—No lo es cuando se trata de cambiar una costumbre cualquiera.
Levantó los ojos hacia ti.
—Durante años fui tu guardián. Tenía que mantener cierta distancia, cuidar mis palabras, vigilar mis gestos... incluso cuando quería hacer exactamente lo contrario.
Soltó un suspiro, acompañado de una sonrisa torcida.
—Y ahora resulta que puedo tomarte de la mano, llamarte cariño y besarte sin tener que inventar una excusa.
Se inclinó para rozar tu nariz con la suya.
—Aunque parece que tendré que aprender a no comportarme como un guardián cada vez que quiero acercarme a mi novia.
Hizo una pausa y añadió con su habitual tono desafiante:
—Pero no esperes que aprenda todo de una noche para otra. No soy precisamente un hombre fácil de domesticar.
- Tranquilo, eso es exactamente lo que me gusta de ti. Ese carácter fuerte. .. que me hace temblar
Katsuki alzó una ceja. Una sonrisa lenta y bastante satisfecha apareció en su rostro.
—¿Ah, sí? ¿Te hago temblar?
Se acercó un poco más, inclinándose para quedar a tu altura.
—Y yo que pensaba que eras una mujer bastante difícil de intimidar.
Su mano se deslizó hasta encontrar la tuya. La sostuvo con firmeza, sin apartar los ojos de ti.
—No voy a suavizar mi carácter para complacerte, Delyra. Ya sabes cómo soy. Me enfado, soy terco y no tengo demasiada paciencia.
Hizo una pausa. Su expresión se volvió más cálida.
—Pero quiero que puedas decirme cuando algo te moleste. No quiero que confundas mi carácter con tener que soportarlo todo.
Entonces sonrió de lado.
—Aunque, si lo que te hace temblar es que te mire así... me temo que vas a tener un problema con tu novio.
Reí con un pequeño tono de burla... yo creo que me refería a otro tipo de temblor
Katsuki se quedó mirándote unos segundos. Primero frunció el ceño, intentando interpretar aquella sonrisa burlona. Luego, cuando comprendió la insinuación, sus ojos se entrecerraron.
—...
Una sonrisa ladeada apareció lentamente en sus labios.
—Ah. Ese tipo de temblor.
Se acercó a tu oído y habló en voz baja, con ese tono grave y seguro tan característico suyo.
—Deberías tener cuidado con lo que dices, cariño. Todavía estoy aprendiendo a ser tu novio, pero no soy precisamente un hombre tímido.
Se apartó apenas para observar tu expresión, claramente divertido.
—Aunque me pregunto si seguirás burlándote cuando deje de ser tan educado.
Volteé mi rostro con la intención de besarlo
Katsuki dejó escapar una pequeña sonrisa al notar tu movimiento. Esta vez no hizo ningún comentario ingenioso.
Se inclinó hacia ti y recibió tus labios en un beso pausado, llevando una mano hasta tu mejilla. Su otra mano permaneció en tu cintura, acercándote con delicadeza.
Cuando se separó apenas unos centímetros, mantuvo los ojos sobre los tuyos.
—Mucho mejor que discutir sobre mis modales, ¿no crees?
Rozó tu frente con la suya y añadió en voz baja:
—Aunque podría acostumbrarme bastante rápido a que me beses así, cariño.
- Y porque no me das otro..
Katsuki arqueó una ceja, complacido por tu petición.
—¿Otro? ¿Eso es una orden de mi señora o una petición de mi novia?
No esperó demasiado para averiguarlo. Te tomó suavemente del mentón y volvió a acercarse, esta vez besándote con más calma, prolongando el contacto mientras su mano acariciaba tu mejilla.
Al separarse, dejó un último beso breve en la comisura de tus labios.
—Creo que voy a necesitar muchas más noches como esta para recuperar todos los besos que me prohibí darte.
Sonrió de lado.
—¿Cuántos más quieres, cariño?
Los que hagan falta insistí uniendo nuestros labios por tercera vez
Katsuki correspondió al tercer beso sin intentar interrumpirte. Su mano se afirmó suavemente en tu cintura y, por primera vez en toda la noche, pareció olvidarse por completo de los informes, las amenazas y las obligaciones que lo esperaban.
Cuando finalmente se separó, mantuvo su frente apoyada contra la tuya. Tenía las mejillas ligeramente encendidas.
—Vaya... y yo que pensaba que tendría que convencerte de que me besaras.
Soltó una risa baja y acarició tu mejilla con el pulgar.
—Pues tendrás todos los que hagan falta, cariño. No pienso llevar la cuenta.
Te dio otro beso, esta vez breve, antes de murmurar:
—Aunque si seguimos así, tus cartas tendrán que esperar hasta mañana.
- Jaja sí iré por ellas.
suki soltó tu cintura y se hizo a un lado para dejarte pasar, aunque no pudo evitar seguirte con la mirada.
—Bien. Pero nada de agotarte para descubrir el futuro de toda la familia esta noche.
Se acomodó las mangas de la camisa y caminó contigo.
—Y quiero ver esas luces violetas de cerca. Siempre me han parecido hermosas.
Hizo una pausa y añadió con una sonrisa traviesa:
—Aunque espero que las cartas no se pongan celosas si vuelvo a besarte mientras las consultas.
Tomé las cartas y comencé a barajarlas ¿Dime, CARIÑO, qué te gustaría saber?
Katsuki, que estaba acomodando una silla frente a ti, se detuvo al escuchar cómo pronunciabas aquella última palabra. Te miró de reojo.
—Lo has dicho a propósito.
Una sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro. Se sentó frente a ti y apoyó los antebrazos sobre la mesa, observando cómo las cartas pasaban entre tus manos.
—A ver... —reflexionó unos instantes—. Quiero saber algo.
Su expresión se volvió un poco más seria.
—¿Qué me espera en el camino que he elegido? No como guardián de esta casa, ni como soldado... sino como el hombre que ha decidido quedarse a tu lado.
Te sostuvo la mirada.
—Y no quiero que suavices la respuesta para complacerme, cariño. Si las cartas tienen algo desagradable que decir, quiero escucharlo.
Después añadió, con una pequeña sonrisa desafiante:
—Aunque también puedes preguntar si mi novia piensa seguir besándome tanto. Esa respuesta me interesa bastante.
Iré por la primera
Comencé a barajar mientras me concentraba .. y las luces comenzaron a a aparecer sin darme cuenta..
Amaba tener mis cartas entre mis manos..
Separé la cartas en tres montoncitos
- Escoge un grupo. Sin tocarlas.
Katsuki observó los tres montoncitos con atención. Las pequeñas luces violetas comenzaron a reflejarse en sus ojos carmesíes.
—Vaya... nunca deja de sorprenderme.
Se inclinó ligeramente sobre la mesa, sin tocar ninguna carta. Examinó los tres grupos como si estuviera evaluando una decisión estratégica.
—El de la derecha.
Levantó la mirada hacia ti.
—No tengo una razón especial. Simplemente me llamó la atención.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—¿Y ahora qué, cariño? ¿Debo prepararme para recibir noticias desagradables?
Guardé nosotros dos y comencé a sacar las cartas de ese montoncito salía la estrella las enamorados 10 de bastos seis de copas y 10 de copas.
Dijo los nombres conforme iban saliendo.
Las luces violetas se desprendían de tus manos y se posaban sobre cada carta a medida que la colocabas sobre la mesa. Katsuki permaneció en silencio, siguiendo el movimiento de tus dedos.
La Estrella.
Los Enamorados.
Diez de Bastos.
Seis de Copas.
Diez de Copas.
Al escuchar la última carta, Katsuki miró la disposición completa. Después volvió los ojos hacia ti.
—Cinco cartas... ¿Y qué significa todo eso?
Antes de que pudieras responder, las pequeñas luces violetas comenzaron a desplazarse sobre las ilustraciones, como si quisieran unirlas.
La lectura parecía tener una historia bastante clara.
La Estrella hablaba de esperanza, recuperación y de volver a encontrar un propósito después de atravesar momentos difíciles. No era una promesa de que todo sería sencillo, sino la posibilidad de recuperar la confianza en el camino.
Los Enamorados representaban una elección importante. No solamente el amor, sino la decisión consciente de compartir la vida con alguien. Una unión que debía elegirse libremente, incluso cuando existieran obligaciones y circunstancias complicadas.
El Diez de Bastos introducía una advertencia. Katsuki llevaba demasiadas responsabilidades sobre sus hombros. Su sentido del deber podía llevarlo a cargar con problemas que no le correspondían, hasta olvidar que también tenía derecho a vivir.
El Seis de Copas señalaba el pasado, los recuerdos y los vínculos que habían sobrevivido al paso del tiempo. Había sentimientos antiguos que finalmente encontraban un lugar donde expresarse.
Y finalmente...
El Diez de Copas.
Una carta de plenitud emocional, hogar, afecto compartido y felicidad construida junto a las personas que uno ama.
Katsuki permaneció contemplando aquella última carta durante unos segundos.
—Así que... ¿me estás diciendo que después de cargar con medio mundo sobre mis hombros podría terminar teniendo una vida tranquila?
Soltó una risa discreta, aunque su expresión se volvió pensativa.
—La parte de los recuerdos me resulta curiosa. Y la de las responsabilidades... bueno, supongo que no necesito que las cartas me lo recuerden.
Levantó la mirada hacia ti.
—Pero quiero saber algo, cariño. ¿Ese Diez de Copas habla de un hogar? ¿De una familia?
Su voz perdió un poco de su tono bromista.
—¿De nosotros?
Si habla de la posibilidad que existe que nosotros formemos una familia Feliz Mírala bien es una familia los niños están allí incluso hay un perro jugando en la carta
Katsuki volvió a mirar la carta. Esta vez se inclinó un poco más, fijándose en los pequeños detalles de la ilustración: la pareja, los niños jugando y el perro que parecía correr alegremente a su alrededor.
—Vaya...
Su expresión cambió. Aquella sonrisa desafiante que solía llevar desapareció lentamente, dejando ver una emoción mucho más difícil de disimular.
—Una familia...
Repitió las palabras en voz baja, como si estuviera probando la idea.
—Nunca me había detenido a imaginarlo con tanto detalle.
Levantó los ojos hacia ti.
—He pensado en protegerte, en construir algo contigo, en tener un hogar al que regresar después de un día difícil. Pero no había llegado tan lejos en mis pensamientos.
Miró nuevamente a los niños de la carta y soltó una pequeña risa.
—¿Y también tendremos un perro? Espero que no sea tan malcriado como sus dueños.
Después extendió la mano y tomó la tuya con delicadeza.
—No sé qué nos depara el futuro, Delyra. Pero si algún día tenemos esa familia... quiero que sea una donde nuestros hijos nunca tengan que preguntarse si son amados.
Besó tus nudillos.
—Y donde tú sigas siendo mi persona favorita, incluso cuando tengamos que perseguir a un perro por todo el jardín.
Tener un perro no es mala idea... siempre y cuando no se coma a Ricky y a Beatriz.
Dije en tono de broma
Katsuki soltó una carcajada breve, de esas que le salían sin intentar contenerlas. Miró hacia las aves y después volvió los ojos a las cartas, deteniéndose en el pequeño perro de la ilustración.
—Entonces tendremos que elegirlo con cuidado. No pienso permitir que un perro convierta esta casa en su comedor particular.
Se recostó ligeramente en la silla, cruzándose de brazos con una sonrisa ladeada.
—Aunque, conociendo a Ricky, probablemente el perro termine escondiéndose debajo de la mesa cada vez que ese pájaro decida reclamar su territorio.
Volvió a mirar el Diez de Copas. Su expresión se suavizó, pero esta vez no apartó la mirada.
—Un jardín, una casa llena de ruido... y tú discutiendo conmigo porque el perro se ha subido a algún mueble.
Hizo una pausa y arqueó una ceja.
—No suena nada mal. Pero yo elijo el perro. No pienso dejar que conviertas esto en otra de tus decisiones sentimentales.
- Que sea bonito
Katsuki arqueó una ceja, mirándola con cierta incredulidad.
—¿Bonito? Por supuesto. ¿Qué esperabas? No voy a tener cualquier perro rondando por mi casa.
Tomó la carta del Diez de Copas y observó la pequeña figura del animal.
—Pero que sea bonito no significa que vaya a salirse con la suya. Tendrá que aprender a obedecer, no perseguir a tus aves y, sobre todo, no dormir en nuestra cama.
Hizo una pausa. Una sonrisa desafiante apareció en su rostro.
—Aunque estoy empezando a sospechar que tú serás la primera en dejarlo subir. Y luego tendré que ser yo quien lo saque.
Dejó la carta sobre la mesa y la miró directamente.
—Dime, ¿ya estás planeando consentir a nuestro futuro perro antes siquiera de tenerlo?
. Jakakaj ya me descubriste.
Katsuki soltó una risa por la nariz y negó lentamente con la cabeza.
—Lo sabía. Tienes esa expresión cada vez que algo te parece adorable y ya has decidido que puede hacer lo que quiera.
Se inclinó hacia ella, apoyando un brazo sobre la mesa.
—Escúchame bien, Delyra. Cuando ese animal termine durmiendo en nuestra cama, no quiero oírte decir que fue culpa mía.
Le dedicó una sonrisa torcida y añadió, con absoluta seguridad:
—Aunque, si voy a ser sincero, probablemente termine consintiéndolo tanto como tú. Pero eso no sale de esta habitación. ¿Entendido?
En ese instante tocaron la puerta.
Carta del general yamamoto
La sonrisa de Katsuki desapareció al escuchar los golpes. Su mirada se dirigió hacia la puerta.
—Adelante.
Un sirviente entró con un sobre sellado. Llevaba el emblema del general Yamamoto.
—Una carta para la señorita Delyra. Ha llegado hace apenas unos minutos.
Katsuki extendió la mano y recibió el sobre. Reconoció el sello de inmediato. Su expresión se volvió seria.
—Yamamoto no suele escribir a estas horas sin un motivo.
Dejó la carta frente a Delyra, pero antes de apartarse examinó brevemente el sello.
—Es para ti. Parece que nuestra tranquila velada tendrá que esperar.
Su tono conservaba cierta resignación, aunque sus ojos ya estaban atentos al contenido que pudiera revelar aquella carta.
Abrí la carta.. era la confirmación de la alianza con las dos familias
Katsuki permaneció de pie junto a la mesa mientras leías. Al escuchar que ambas familias habían confirmado la alianza, sus hombros perdieron parte de la tensión que había acumulado durante el día.
—Ravencrest y Thornfield... Entonces Yamamoto consiguió lo que buscaba.
Se acercó un poco más, apoyando una mano en el respaldo de tu silla.
—Eso cambia nuestra posición. Ya no tendremos que investigar a los Wolfs contando únicamente con nuestros propios recursos.
Su mirada descendió hacia la carta.
—Pero supongo que la confirmación no es lo único que trae. Yamamoto mencionó que tenía hallazgos que quería informarte personalmente.
Volvió a mirarte, serio.
—¿Indica cuándo será la reunión? ¿O pretende venir a contártelo en persona?
El viernes..
La fiesta se gala será el jueves.
Katsuki frunció el ceño mientras ordenaba mentalmente las fechas.
—La gala el jueves y la reunión con Ravencrest y Thornfield el viernes...
Se apartó del respaldo de la silla y caminó unos pasos, pensativo.
—Una noche para observar a los Wolfs y sus aliados; al día siguiente, una reunión privada para compartir lo que hayamos descubierto. Yamamoto está aprovechando bien la ocasión.
Se detuvo y volvió a mirarte.
—La gala será especialmente delicada. Dmitri estará allí, y dudo que haya dejado de interesarse por tus movimientos. No quiero que te encuentres a solas con él.
Su mandíbula se tensó ligeramente.
—No voy a impedirte asistir ni a decidir con quién puedes hablar. Pero estaré cerca. Y si ese hombre intenta algo, tendrá que vérselas conmigo.
Luego señaló la carta con la mirada.
—¿Yamamoto menciona algo sobre los hallazgos de Ravencrest? Me interesa saber qué descubrieron antes de entrar en esa gala.
Si.
Aunque solo es un breve resumen.
Katsuki tomó la carta con cuidado y la acercó para leer el breve informe. Sus ojos recorrieron las líneas con rapidez. A medida que avanzaba, su expresión se endurecía.
—Veamos...
Leyó en voz alta:
—«La familia Ravencrest ha confirmado irregularidades en sus acuerdos financieros con los Wolfs. Hace ocho meses, un intermediario solicitó revisar las garantías de un préstamo que hasta entonces había sido pagado puntualmente. En documentos posteriores aparece una sociedad acreedora distinta, cuya titularidad aún está bajo investigación».
Pasó a la siguiente línea.
—«También se han detectado discrepancias en manifiestos de carga, mercancías sin descripción precisa y movimientos hacia instalaciones pertenecientes a la familia Rapso. Ravencrest asegura que no autorizó esas operaciones».
Hizo una pausa. Su dedo se detuvo sobre el siguiente párrafo.
—«La propuesta de crear una compañía logística conjunta con los Wolfs fue rechazada debido a las condiciones abusivas de permanencia y penalización. La familia revisará ahora sus contratos, préstamos y registros comerciales».
Dejó la carta sobre la mesa.
—Y Thornfield ha aceptado cooperar discretamente. No se anunciará ninguna alianza pública por el momento.
Levantó la mirada hacia ti.
—Hay algo más. Yamamoto considera que Rapso podría estar funcionando como intermediaria para introducir mercancías en las rutas de Ravencrest. Todavía no tienen pruebas suficientes para afirmarlo.
Su expresión se volvió severa.
—Así que el jueves tendremos que observar. No provocar, no acusar y, sobre todo, no dejar que Dmitri sospeche cuánto sabemos.
Miró brevemente la carta y luego a Delyra.
—Parece que esa gala será bastante más interesante de lo que esperábamos.
También sospechan que dentro de la familia Ravenscret ya haya algún infiltrado
Deberá moverse con cautela
Katsuki volvió a tomar la carta y leyó nuevamente el último párrafo. Su expresión se ensombreció.
—Eso explicaría cómo consiguieron información sobre sus contratos y movimientos internos...
Dejó el documento sobre la mesa y apoyó ambas manos en el borde, inclinándose ligeramente.
—Si hay un infiltrado en Ravencrest, no podemos asumir que todo lo que compartan con nosotros permanecerá en secreto. Ni siquiera dentro de su propia casa.
Sus ojos se fijaron en ti.
—Tendremos que limitar la información que circula. Nobiki puede revisar los movimientos financieros sin revelar todas las líneas de investigación. Y Kirishima deberá extremar las precauciones cuando se acerque a las damas de los Wolfs.
Hizo una pausa, pensativo.
—También debemos considerar que el infiltrado podría estar informando sobre las decisiones del patriarca, no solamente sobre los negocios.
Se enderezó y cruzó los brazos.
—El jueves no quiero que menciones esta sospecha delante de nadie. Ni siquiera si Dmitri intenta provocarte para que reveles lo que sabemos.
Su tono se volvió más firme.
—No podemos permitir que descubran cuánto hemos avanzado. Si los Wolfs tienen a alguien dentro de Ravencrest, cualquier movimiento precipitado podría poner sobre aviso a toda su organización.
Katsu..
Nosotros no hemos revisado si tenemos infiltrados..
Katsuki se quedó quieto. Su mirada regresó a la carta y luego a ti. Durante unos segundos no respondió.
—...Tienes razón.
Se incorporó lentamente, pasándose una mano por la nuca. La observación parecía haberle molestado, no por venir de ti, sino porque no se le había ocurrido antes.
—Estamos tan concentrados en averiguar quién trabaja para los Wolfs que hemos dado por sentado que nuestra propia casa está limpia.
Su mandíbula se tensó.
—Eso es un error que no pienso repetir.
Se acercó a la mesa y señaló el informe.
—Tendremos que revisar los accesos a los documentos, las comunicaciones, los registros de entrada y salida, y quién ha tenido contacto con nuestros informantes. Sin levantar sospechas.
Te miró con seriedad.
—Y no voy a convocar a todo el personal para anunciar que buscamos un traidor. Si tenemos uno, sería lo primero que necesitaría saber.
Hizo una pausa y añadió con su habitual firmeza:
—Mañana empezaré por los informes de acceso. Nobiki puede rastrear las filtraciones financieras. Yo revisaré la seguridad interna.
Su expresión se suavizó apenas.
—Bien visto, Delyra. Esta vez se me escapó algo importante.
Am.. ya te tienes que ir?
Katsuki levantó la mirada. La pregunta pareció tomarlo por sorpresa. Miró la carta, luego los documentos que aún tenía pendientes y finalmente volvió a fijarse en ti.
—¿Quieres que me vaya?
Su tono fue directo, aunque no severo. Se acercó a tu silla y apoyó una mano en el respaldo.
—Puedo dejar esos informes para mañana. No voy a resolver toda la maldita investigación esta noche.
Se inclinó un poco hacia ti, con una sonrisa apenas perceptible.
—Además, todavía tenemos una conversación pendiente sobre nuestro futuro perro. Y no pienso dejar que decidas su nombre sin consultarme.
Quédate.
Hanna dije haciendo sonar una campana.
Una sirvienta pequeña y tímida se aproximó a la habitación
Si mi señora, recoge los platos, ya hemos terminado de comer.
Sí señora.
Katsuki observó cómo la pequeña sirvienta se acercaba a recoger los platos. Se apartó ligeramente para dejarle espacio y esperó a que terminara de recibir las indicaciones.
—Gracias, Hanna.
Su voz fue más tranquila de lo habitual. Cuando la joven se retiró con la vajilla, Katsuki volvió a ocupar su lugar junto a Delyra.
—Bien. Me quedo.
Tomó la carta de Yamamoto, la dobló cuidadosamente y la dejó a un lado, lejos de las cartas del tarot.
—Los asuntos de los Wolfs pueden esperar hasta mañana. Esta noche no pienso permitir que vuelvan a robarnos el tiempo.
La miró con una sonrisa ladeada.
—Ahora... ¿qué hacemos con el resto de nuestra velada?
Me acompañas a mi dormitorio?
Katsuki se levantó de inmediato y le ofreció el brazo. Una sonrisa pequeña, casi arrogante, apareció en sus labios.
—Por supuesto. ¿Creías que iba a dejarte caminar sola después de pedirme que me quedara?
Esperó a que ella estuviera lista y luego tomó la carta de Yamamoto para guardarla entre sus documentos.
—Mañana tendremos suficientes problemas que atender. Esta noche me perteneces un poco de tiempo.
La miró de reojo, con aquella expresión desafiante tan propia de él.
—Y no pienso desperdiciarlo sentado en ese comedor.
Guardé mis cartas de tarot y salimos de la habitación tomados del brazo... con una que otra mirada tímida de los sirvientes
Katsuki notó las miradas de los sirvientes apenas cruzaron el umbral. Algunos fingieron estar ocupados; otros bajaron la cabeza con una rapidez poco convincente.
Él no soltó tu brazo. Al contrario, acomodó el suyo con naturalidad y continuó caminando como si no hubiera nada que explicar.
—Parece que esta casa tiene demasiados ojos y muy poco trabajo —murmuró entre dientes.
Al pasar junto a una de las criadas, esta hizo una reverencia algo apresurada. Katsuki respondió con un breve movimiento de cabeza.
—Buenas noches.
Cuando estuvieron un poco más lejos, se inclinó hacia ti y habló en voz baja, con una sonrisa ladeada.
—Mañana tendremos rumores nuevos en la cocina. Apostaría mi espada a que ya están organizando sus propias conclusiones.
Su pulgar rozó discretamente tu brazo.
—Que miren. No voy a caminar a tres pasos de ti solo para alimentar sus sospechas de que no nos soportamos.
Espera qué? Eso creían de nosotros durante estos años?
Katsuki giró ligeramente la cabeza hacia ti. Su expresión pasó de la diversión a una incredulidad casi divertida.
—¿De verdad no te habías dado cuenta?
Soltó una breve risa y siguió caminando a tu lado.
—Vamos, Delyra. Delante de los demás discutíamos por cualquier cosa. Tú cuestionabas mis órdenes, yo te reprendía por ignorar las precauciones y, cuando intentaba protegerte, encontrabas la manera de hacer exactamente lo contrario.
Alzó una ceja.
—Para ellos, probablemente somos dos personas que apenas se toleran por obligación.
Hizo una pausa y bajó un poco la voz.
—Aunque debo admitir que no ayudaba demasiado. Nunca fui especialmente amable contigo cuando había gente mirando.
Te dedicó una mirada de reojo.
—Y tú tampoco parecías muy interesada en facilitarme las cosas, mujer.
Yo también tengo un lado rebelde.. y con mi cargo.. no he aprendido mucho a seguir ordenes... más que de mis padres.
Katsuki soltó una risa grave y ladeó la cabeza para mirarte.
—Eso lo sé bastante bien. He tenido que soportar tus pequeñas rebeliones durante años.
Su sonrisa se ensanchó ligeramente.
—Aunque hay una diferencia entre desobedecer una orden y tener criterio propio. No espero que bajes la cabeza cada vez que alguien te diga qué hacer.
Se detuvo un instante en el corredor, sin soltar tu brazo.
—Pero hay algo que debes entender, Delyra. Cuando estamos trabajando, puedo discutir contigo, puedo exigirte explicaciones y puedo decirte que estás cometiendo una estupidez. Y tú puedes hacer exactamente lo mismo conmigo.
Se inclinó un poco hacia ti, con una mirada desafiante.
—Lo que no pienso hacer es convertirme en otro hombre que pretenda gobernarte.
Reanudó el paso y añadió con una sonrisa torcida:
—Aunque eso no significa que vaya a dejar de discutir contigo. Sería una pérdida de una de mis actividades favoritas.
Llegamos a la habitación Katsuki me abrió la puerta.. yo ingresé.
Y él se quedó unos pasos atrás en la puerta por unos instantes..
Yo lo quedé mirando... te tengo que invitar a pasar?
Katsuki se sorprendió al escuchar esa pregunta y al notar que su propio cuerpo se había congelado en el umbral..
Katsuki parpadeó, como si acabara de darse cuenta de lo absurdo de su propia reacción. Miró el umbral detrás de él y luego volvió los ojos hacia ti.
—¿Invitarme?...
Soltó una risa breve y se pasó una mano por el cabello, ligeramente avergonzado. No era habitual verlo perder la compostura por algo tan sencillo.
—He entrado en esta habitación cientos de veces para revisar ventanas, comprobar cerraduras o asegurarme de que estuvieras bien. Y ahora resulta que necesito una invitación.
Dio un paso hacia el interior, pero se detuvo frente a ti.
—Supongo que estoy intentando acostumbrarme a que las cosas sean diferentes.
Su mirada se volvió más intensa. Ya no estaba frente a la heredera a la que debía proteger, sino frente a la mujer que había elegido amar.
—Antes tenía una obligación que me daba derecho a estar cerca de ti. Ahora quiero estar aquí porque tú me quieres aquí.
Una sonrisa ladeada suavizó su expresión.
—Así que sí, Delyra. Esta vez esperaré a que me invites. Aunque no prometo tener tanta paciencia la próxima vez.
Puedes ingresar Katsuki Bakugo.. .
Y te invito también a sentarte conmigo. En la cama.
Katsuki alzó las cejas al escuchar su nombre completo. Una sonrisa desafiante apareció en su rostro.
—¿Katsuki Bakugo? Vaya, qué formalidad. ¿También vas a pedirme que presente mis credenciales?
Finalmente cruzó el umbral y cerró la puerta con cuidado. Se acercó a la cama y se sentó a tu lado, dejando inicialmente una pequeña distancia entre ambos.
—Gracias por la invitación, señorita.
Te miró de reojo, con una expresión divertida. Después apoyó una mano sobre el colchón, cerca de ti.
—Es extraño, ¿sabes? Durante años entré aquí pensando en si las ventanas estaban cerradas, si habías descansado o si necesitabas algo.
Giró el rostro hacia ti.
—Y ahora estoy sentado en tu cama porque mi novia quiere que la acompañe.
La última palabra salió con una satisfacción apenas disimulada.
—Creo que voy a acostumbrarme bastante rápido a esto.
- Venn léeme un poco de mis novelas románticas.
Katsuki giró lentamente la cabeza hacia ti. Su expresión pasó de la curiosidad a una mezcla de desconcierto y diversión.
—¿Que te lea tus novelas románticas?
Miró alrededor, buscando el libro que querías, y luego volvió a observarte.
—Después de todo lo que hemos enfrentado, resulta que mi siguiente misión consiste en leer historias de hombres enamorados y mujeres que suspiran por ellos.
Extendió una mano, dispuesto a recibir el libro.
—Dámelo. Pero te advierto algo, Delyra: si el protagonista es un idiota que tarda trescientas páginas en confesar lo que siente, voy a perder la paciencia.
Se acomodó junto a ti, apoyando la espalda contra el cabecero.
—Y no te rías si cambio alguna frase. Tengo derecho a criticar una historia mientras la leo.
Jaja y está iniciada, voy por la mitad.
Katsuki tomó la novela y examinó la portada. Después buscó la página marcada y acomodó el libro entre sus manos.
—Por la mitad... Bien. Al menos no tendré que soportar toda la introducción.
Se aclaró la garganta con exagerada solemnidad y comenzó a leer. Su voz, normalmente firme y enérgica, adquirió un ritmo más pausado.
—«La lluvia golpeaba los ventanales del castillo mientras ella aguardaba junto a la chimenea. Había pasado toda la tarde esperando una respuesta que nunca llegó. Se repetía que no le importaba, que aquel hombre no tenía poder sobre sus sentimientos...»
Katsuki hizo una pausa y levantó los ojos del libro.
—Ajá. Ya empezamos. Dice que no le importa, pero lleva toda la tarde esperando.
Continuó.
—«Cuando finalmente escuchó sus pasos en el corredor, su corazón la traicionó. La puerta se abrió y él apareció con el abrigo empapado. No pronunció disculpa alguna. Simplemente la miró, como si todas las palabras que había ensayado durante el camino hubieran desaparecido».
Se detuvo otra vez.
—¿Y este imbécil no puede decir simplemente que la extrañó?
Miró a Delyra, con una ceja levantada.
—No me mires así. Estoy intentando comprender por qué disfrutas tanto estas historias.
Bajó la vista y siguió leyendo, aunque una pequeña sonrisa comenzaba a asomarse en sus labios.
—«Él dejó los guantes sobre la mesa y se acercó a la chimenea. Durante un largo instante, ninguno de los dos habló. Hasta que ella, cansada de esperar, preguntó si había venido a despedirse».
Katsuki cerró el libro sobre un dedo para no perder la página.
—Bueno... esa pregunta sí me interesa. Quiero saber qué responde.
Volvió a abrirlo, dispuesto a continuar.
Mientras el me leia poco a poco me fui acomodando en su regazo
Katsuki interrumpió la lectura al sentir que te acomodabas sobre su regazo. Bajó la mirada hacia ti y después observó el libro, como si intentara decidir si aquello iba a dificultarle la tarea.
—Ah... Así que ese era el verdadero propósito de pedirme que leyera.
Una sonrisa torcida apareció en sus labios. Pasó un brazo alrededor de tu cintura para sostenerte cómodamente y volvió a acomodar la novela con la otra mano.
—Eres bastante astuta, mujer.
Retomó la lectura, aunque su voz se volvió un poco más baja.
—«Él la observó durante unos segundos antes de responder: “No he venido a despedirme. He venido porque no soporto seguir fingiendo que puedo vivir sin ti”».
Katsuki hizo una pausa. Miró la frase y luego a ti.
—Hmph... Al menos este hombre ha conseguido decir algo sensato.
Te ajustó suavemente contra él y continuó leyendo, con una pequeña sonrisa que intentaba disimular.
Finalmente se hicieron las 10 de la noche.. momento en que caí dormida.. mientras el seguía leyendo.
Katsuki continuó leyendo durante varios minutos, hasta que notó que ya no reaccionabas a los diálogos de la novela.
—¿Delyra?
Bajó la mirada. Tu respiración se había vuelto pausada y tu cuerpo descansaba por completo contra él.
Se quedó quieto unos instantes, cuidando de no moverte. Después cerró el libro con delicadeza y colocó un separador en la página.
—Y yo que pensaba terminar el capítulo...
Su voz apenas fue un murmullo.
Dejó la novela sobre la mesita de noche y acomodó un mechón de cabello que había quedado cerca de tu rostro. Luego te rodeó con ambos brazos, observándote con una expresión mucho más serena de la habitual.
—Terca... me pediste que me quedara y te dormiste antes de que terminara la historia.
Depositó un beso suave sobre tu frente.
Por primera vez en muchos días, Katsuki no pensó en los informes, en los Wolfs ni en la gala del jueves.
Simplemente se quedó allí, sosteniéndote.
A media noche.. tocaron la puerta brevemente ... era él cambio de guardia con Kirishima
Los golpes suaves en la puerta hicieron que Katsuki levantara la mirada. Miró el reloj de la mesita: pasada la medianoche.
Con cuidado, retiró uno de sus brazos de tu cintura y se incorporó lo suficiente para no despertarte. Se acercó a la puerta y la abrió apenas.
Kirishima estaba al otro lado, vestido con el uniforme de guardia.
—Bakugo. Vengo por el cambio de turno.
Katsuki salió al corredor y cerró la puerta detrás de sí, procurando no hacer ruido.
—Habla más bajo. Delyra está dormida.
—¿Te quedaste aquí toda la noche?
—¿Ves a alguien más ocupando mi puesto?
Kirishima soltó una risita, pero enseguida adoptó una expresión más seria.
—Todo está tranquilo. No hemos registrado movimientos extraños en los alrededores.
—Bien. Mantén la vigilancia habitual. Y presta atención a cualquier persona que intente acercarse a las habitaciones sin autorización.
—Entendido.
Katsuki le dirigió una última mirada.
—Y Kirishima...
—¿Sí?
—Mañana quiero hablar contigo sobre las damas de la familia Wolf. Hay algunas precauciones que debemos establecer antes de que sigas con esa tarea.
Kirishima asintió.
—Claro. Descansa un poco, hombre. Yo me encargo.
Katsuki regresó a la habitación, cerró suavemente la puerta y se acercó a la cama. Al comprobar que seguías dormida, dejó escapar un suspiro.
—Por fin una noche tranquila... —murmuró.
Volvió a acomodarse a tu lado.
- ... am hombre..
Vas a dormir aquí con ella?
Katsuki se detuvo junto a la puerta y miró a Kirishima por encima del hombro.
—¿Y qué otra cosa crees que estoy haciendo?
Kirishima abrió un poco los ojos y después miró discretamente hacia la puerta cerrada.
—No, bueno... es que nunca te había visto quedarte toda la noche en su habitación.
Katsuki frunció el ceño.
—¿Vas a interrogarme o vas a cubrir mi turno?
—¡No, no! Solo preguntaba.
El pelirrojo sonrió, comprendiendo más de lo que Katsuki estaba dispuesto a admitir.
—Me alegra por ustedes, hermano.
Katsuki apartó la mirada, algo incómodo, y se cruzó de brazos.
—Ocúpate de la guardia, idiota. Y no vayas contando cosas que no te corresponden.
—¡Entendido!
Antes de entrar, Katsuki añadió en voz baja:
—Y si alguien pregunta, estoy aquí porque ella necesita descansar. ¿Quedó claro?
—Clarísimo.
Kirishima se alejó con una sonrisa que no consiguió disimular.
Katsuki: ahora.. donde me ubico yo?
Katsuki cerró la puerta y se quedó unos segundos contemplando la cama. Luego miró el espacio que habías dejado libre a tu lado.
—Magnífico... —murmuró para sí—. Puedo enfrentarme a una docena de soldados, pero no sé dónde demonios acomodarme sin despertarla.
Se quitó las botas y dejó el uniforme exterior cuidadosamente sobre una silla. Después se acercó al colchón y se sentó en el borde.
Te observó dormir. Finalmente, levantó con cuidado una esquina de las mantas y se deslizó a tu lado, procurando no mover demasiado el colchón.
—Como te despiertes y me des una patada, voy a recordártelo mañana...
Se acomodó de espaldas, dejando un brazo cerca de ti. Pasaron unos segundos antes de que soltara un suspiro y girara ligeramente hacia tu lado.
—Buenas noches, Delyra.
Y, por primera vez, se permitió dormir en aquella habitación sin estar pendiente de la puerta cada pocos minutos.
Durmieron juntos toda la noche.. hasta que se hizo las 5:30 am
Donde Katsuki se levantaba para iniciar el día.
Kirishima seguía vigilando la habitación y los alrededores
El reloj marcaba las cinco y treinta cuando Katsuki abrió los ojos. La claridad del amanecer apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas.
Permaneció unos segundos inmóvil, orientándose. Luego miró hacia su lado y encontró a Delyra todavía dormida.
—Hmph... cinco minutos más no habrían estado mal.
Con cuidado, apartó la manta y se incorporó. Se vistió en silencio, ajustándose la camisa y las botas sin hacer ruido.
Antes de salir, se acercó a la cama y acomodó la manta sobre ti. Se inclinó y depositó un beso breve en tu frente.
—Sigue durmiendo. No tienes que levantarte conmigo.
Abrió la puerta despacio.
Kirishima estaba apostado en el corredor, atento a los alrededores. Al verlo salir, enderezó la espalda.
—Buenos días, Bakugo. Todo tranquilo durante la noche.
—Bien. ¿Algún movimiento?
—Ninguno. Los relevos se hicieron sin incidentes.
Katsuki asintió y cerró la puerta con cuidado.
—Continúa con la vigilancia. Y procura que nadie entre a despertarla antes de la hora habitual.
—Entendido.
Katsuki comenzó a caminar por el corredor, pero Kirishima lo llamó en voz baja.
—Oye, hermano...
El rubio se detuvo y lo miró por encima del hombro.
—¿Qué?
—Tienes mejor cara que ayer.
Katsuki frunció el ceño.
—Será porque por fin dormí unas horas. No inventes estupideces.
Sin embargo, no pudo ocultar del todo la pequeña sonrisa que apareció antes de alejarse.
Katsuki comenzó a asearse..cambiar de vestuario e iniciar sus actividades
Después de dejar las habitaciones, Katsuki se dirigió a sus aposentos privados. Se aseó, se cambió la camisa por una limpia y ajustó las correas de su uniforme. Recogió sus documentos y revisó brevemente la agenda del día.
Su primera tarea sería reunirse con Nobiki para organizar la revisión de seguridad interna. Después tendría que revisar los informes financieros y preparar las instrucciones para la gala del jueves.
Kirishima apareció poco después.
—¿Ya tienes el día organizado, Bakugo?
—Más o menos. Primero quiero hablar con Nobiki. Necesitamos revisar quién ha tenido acceso a nuestros archivos y comunicaciones.
—¿Y después?
—Después voy a ocuparme del asistente que necesitamos contratar. No pienso seguir acumulando informes hasta cometer un error por agotamiento.
Kirishima sonrió.
—Delyra tenía razón, entonces.
Katsuki le lanzó una mirada de advertencia.
—No empieces.
Tomó su carpeta y se dirigió hacia el despacho. Sin embargo, antes de alejarse, miró brevemente hacia el corredor que conducía a las habitaciones de Delyra.
—Y que nadie la despierte. Ha descansado muy poco estos días.
—Descuida. La guardia está cubierta.
—Bien. Vamos a trabajar.
A las 6:10 de la mañana ya estaba en una reunión privada con Nobiki.
El despacho privado estaba iluminado por varias lámparas. Sobre la mesa se encontraban los registros de acceso, informes financieros y una lista de las personas que habían intervenido en las comunicaciones recientes con Ravencrest y Thornfield.
Nobiki esperaba frente a Katsuki con una carpeta abierta.
—He preparado una primera revisión, Bakugo. Pero antes de comenzar, debo señalar algo: si tenemos un infiltrado, no necesariamente será alguien con acceso directo a los documentos confidenciales.
Katsuki se sentó y dejó su propia carpeta sobre la mesa.
—Explícate.
—Alguien podría estar obteniendo información a través de terceros. Personal administrativo, mensajeros, asistentes, comerciantes e incluso empleados que no tienen acceso a los informes principales.
Katsuki entrecerró los ojos.
—Entonces no vamos a limitarnos a revisar las autorizaciones de acceso. Quiero conocer quién solicitó cada documento, quién lo recibió y quién tuvo contacto con esas personas.
—Eso llevará tiempo.
—Tómate el tiempo necesario. Prefiero una investigación lenta a acusar a un inocente.
Nobiki asintió y deslizó una segunda carpeta hacia él.
—También he encontrado algo que merece atención. Durante las últimas semanas hubo varias solicitudes de información sobre los movimientos del Grupo Neón. No todas procedían de las personas autorizadas.
Katsuki dejó de pasar las páginas.
—¿Nombres?
—Tengo tres solicitudes identificadas. Estoy verificando quién las realizó realmente.
El rubio apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—No confrontes a nadie todavía. Necesito saber si esas solicitudes fueron auténticas, si alguien utilizó identidades ajenas o si se trata de simples irregularidades administrativas.
Su mirada se endureció.
—Y Nobiki, esta conversación no sale de este despacho. Ni siquiera Kirishima necesita conocer los detalles hasta que tengamos algo concreto.
—Entendido.
La reunión continuó con la revisión de los primeros registros.
Y tienes alguna actualización sobre las actividades de los wolfs en el.exttamjero?
Haz logrado comunicarte con tus hombre?
Nobiki abrió una segunda carpeta. Había varios informes con anotaciones en los márgenes y un mapa comercial con rutas marcadas.
—Sí. He conseguido comunicarme con dos de nuestros hombres en el extranjero. El tercero todavía no ha respondido a los mensajes.
Katsuki tomó el mapa y lo extendió sobre la mesa.
—Empieza por lo confirmado.
—Las actividades de los Wolfs continúan en el extranjero. Hemos detectado movimientos comerciales vinculados a tres compañías intermediarias. Una opera desde Europa oriental y las otras dos aparecen relacionadas con rutas marítimas hacia Sudamérica.
Nobiki señaló dos puntos del mapa.
—En los registros comerciales figuran como empresas de transporte y distribución. Sin embargo, nuestros hombres han observado reuniones entre representantes de esas compañías y personas vinculadas a Viktor Sokolov.
Katsuki levantó la mirada.
—¿Sokolov está fuera del país?
—No podemos confirmarlo. Uno de nuestros contactos asegura haber visto a un hombre que coincide con su descripción, pero no tenemos identificación suficiente.
—Entonces no lo registres como un hecho.
—Por supuesto.
Nobiki pasó otra hoja.
—Hay algo más preocupante. Uno de nuestros hombres informa que los Wolfs están buscando nuevos socios para ampliar sus operaciones portuarias. No sabemos si pretenden utilizar las rutas de Ravencrest o si ya tienen acuerdos con otras familias.
Katsuki apoyó un dedo sobre el mapa.
—¿Y el tráfico de personas?
Nobiki hizo una pausa antes de responder.
—Tenemos indicios de que las mismas compañías intermediarias podrían estar facilitando traslados de personas bajo documentación laboral. Todavía necesitamos pruebas que relacionen directamente esas operaciones con los Wolfs.
Katsuki cerró la carpeta lentamente.
—Quiero que mantengas comunicación con los dos hombres. Que no intenten acercarse demasiado ni comprometan sus identidades. Y encuentra al tercero.
Su mirada se volvió particularmente severa.
—Si alguien ha descubierto nuestra investigación, no quiero que nuestros informantes terminen pagando las consecuencias.
—Me ocuparé de ello.
—Bien. Y Nobiki... quiero un informe antes de la gala del jueves. Aunque sea parcial. No vamos a entrar a esa reunión a ciegas.
Katuski: Necesito comunicarme con kabuya espera aquí. Tal vez ella tenga algo que darnos, que pueda alimentar tu información.
Posteriormente se levantó para tomar el teléfono y pedir que kabuya se acerque con urgencia
Katsuki se levantó de la mesa y se dirigió al teléfono del despacho. Solicitó comunicación con Kabuya y, cuando consiguió que atendieran, habló sin rodeos.
—Necesito que Kabuya venga al despacho. Es urgente. Dile que la espero personalmente.
Colgó y regresó junto a Nobiki.
—Kabuya ha tenido acceso a información que nosotros todavía no hemos podido contrastar. Si sus datos coinciden con los de nuestros hombres en el extranjero, podremos establecer conexiones que hasta ahora son solamente sospechas.
Nobiki cerró parcialmente su carpeta.
—¿Crees que conoce las operaciones de los Wolfs fuera del país?
—Creo que puede saber más de lo que nos ha contado hasta ahora.
Katsuki se sentó nuevamente, aunque esta vez no abrió los documentos.
—Mientras esperamos, quiero que compares las tres compañías intermediarias con los registros de Sokolov. No compartas esa información con nadie más.
—Entendido.
El rubio miró brevemente el reloj.
—Y cuando Kabuya llegue, primero escucharemos lo que tenga que decir. No quiero adelantarle nuestras conclusiones.
Nobiki: Mientras esperamos te brindaré información sobre lo que tengo de sokolov.
Katsuki se acomodó en su silla y extendió una mano hacia Nobiki.
—Adelante. Quiero todos los detalles, incluso aquellos que parezcan insignificantes.
Nobiki abrió una carpeta más delgada y extrajo varios documentos.
—Viktor Sokolov. Intermediario comercial de origen extranjero. Durante los últimos cuatro años ha aparecido vinculado a adquisiciones de propiedades y participaciones empresariales en distintos territorios. No figura como propietario directo en la mayoría de las operaciones.
—¿Utiliza testaferros?
—Es una de las hipótesis. Hemos identificado tres sociedades cuyos representantes legales cambian con frecuencia. Sin embargo, los beneficiarios finales parecen conducir a un mismo grupo de inversores.
Nobiki colocó tres fotografías sobre la mesa.
—Su nombre aparece en las negociaciones que precedieron a la absorción de dos familias menores. En ambos casos, las deudas fueron renegociadas mediante sociedades acreedoras diferentes. Después, Sokolov intervino en la compra de sus propiedades.
Katsuki examinó las fotografías.
—Un procedimiento bastante conveniente. Primero los endeudan y luego aparecen compradores dispuestos a quedarse con lo que ya no pueden pagar.
—Exactamente. También hemos encontrado correspondencia indirecta entre una de sus sociedades y una empresa relacionada con Rapso.
Los ojos de Katsuki se estrecharon.
—¿Rapso otra vez?
—Sí. Pero todavía no podemos demostrar que exista una relación directa entre Sokolov y el patriarca Wolf.
Katsuki dejó una de las fotografías sobre la mesa.
—Quiero saber quién financia realmente esas sociedades. Y, sobre todo, quién les da instrucciones.
Levantó la mirada hacia Nobiki.
—Sokolov puede ser un intermediario importante, pero no voy a confundir al hombre que ejecuta las operaciones con quien las dirige. Continúa. ¿Qué más encontraste?
Sabes quienes son los Rapso? Y cómo se formó esa familia? Con quienes trabaja? De donde nació su dinero? Como consiguieron tu título de noble...
Nobiki acomodó los documentos y buscó una carpeta que tenía una marca roja en el extremo superior.
—He comenzado a investigar a los Rapso desde que apareció su nombre en los registros de Ravencrest. Es una familia relativamente nueva dentro de la aristocracia, pero su crecimiento ha sido demasiado rápido para pasar inadvertido.
Katsuki apoyó los brazos sobre la mesa.
—Quiero saber de dónde salieron. No solamente dónde están ahora.
—Por supuesto. Esto es lo que tenemos hasta el momento.
Nobiki abrió la carpeta.
—1. Origen de la familia. Los Rapso no pertenecían a las antiguas casas nobles. Hace aproximadamente tres años comenzaron a aparecer en círculos comerciales y reuniones privadas de familias aristocráticas. Su ascenso fue gradual, pero muy bien calculado.
—¿Quién fundó la familia?
—El actual patriarca. Su nombre aparece vinculado a varias empresas mercantiles anteriores a su reconocimiento nobiliario. Todavía no he conseguido reconstruir completamente su trayectoria.
Pasó una página.
—2. Origen de su fortuna. Oficialmente, su riqueza procede de inversiones comerciales, transporte, almacenamiento y adquisición de propiedades. Sin embargo, no hemos encontrado documentación suficiente que explique el capital inicial que permitió semejante expansión.
—¿Y sus socios?
—Trabajan con diferentes comerciantes y sociedades de distribución. Algunas aparecen relacionadas indirectamente con empresas utilizadas por los Wolfs. No sabemos si se trata de alianzas comerciales legítimas o de una estructura diseñada para ocultar a los verdaderos beneficiarios.
—Continúa.
—3. Reconocimiento nobiliario. Obtuvieron su título mediante una concesión formal de la Corona, después de presentar una importante contribución económica y comercial al territorio. Pero hay una irregularidad: los documentos públicos no detallan con claridad quién recomendó su candidatura ni qué familias respaldaron su ascenso.
Katsuki entrecerró los ojos.
—Así que compraron influencia antes de conseguir un título.
—No puedo afirmarlo todavía. Pero su reconocimiento parece haber llegado en un momento particularmente conveniente para sus negocios.
Nobiki colocó otra hoja frente a él.
—4. Relaciones actuales. Hemos identificado contactos con comerciantes extranjeros, empresas de transporte y representantes de los Wolfs. También aparecen en las instalaciones donde Ravencrest recibió tres cargas no declaradas correctamente.
Katsuki permaneció unos segundos en silencio, examinando los documentos.
—Quiero los nombres de quienes respaldaron su título. Quién presentó su candidatura, quién la aprobó y quién estuvo presente en las negociaciones.
Levantó la mirada.
—Y averigua si los Rapso ya tenían relaciones con los Wolfs antes de convertirse en nobles.
—Eso podría llevarnos hasta el origen de su fortuna.
—Exactamente.
Katsuki cerró la carpeta con firmeza.
—Una familia puede conseguir un título mediante dinero, méritos o favores políticos. Pero quiero saber cuál de esas tres cosas compraron los Rapso... y a quién tuvieron que pagarle.
Mientras tanto kabuya ya había llegado y estaba tocando la.puerta.
Los tres golpes en la puerta interrumpieron la conversación.
Katsuki levantó la mirada hacia Nobiki.
—Debe ser Kabuya. Adelante.
La puerta se abrió y Kabuya entró en el despacho. Llevaba una carpeta pequeña bajo el brazo y una expresión seria.
—General Bakugo. Me informaron que necesitaba verme con urgencia.
—Así es. Toma asiento.
Kabuya saludó brevemente a Nobiki antes de ocupar la silla frente a ellos.
—¿Ha ocurrido algo?
Katsuki entrelazó los dedos sobre la mesa.
—Estamos investigando las operaciones de los Wolfs en el extranjero. Han aparecido varias compañías intermediarias, movimientos financieros sospechosos y posibles conexiones con la familia Rapso.
Hizo una pausa para observar su reacción.
—Nobiki está reuniendo información, pero necesito saber qué has descubierto tú. Cualquier dato sobre sus socios, rutas comerciales, intermediarios o movimientos fuera del territorio puede ser importante.
Nobiki abrió su carpeta y añadió:
—Especialmente si has tenido contacto con alguna de las compañías vinculadas a Viktor Sokolov.
Katsuki se recostó ligeramente en su silla.
—Bien, Kabuya. Te escuchamos. ¿Qué tienes para nosotros?
Katsuki: también quiero saber si haz conseguido información sobre las familias fe los niños.
O si conoces a dónde fueron llevados.
¿Qué Jan dicho la gente del lugar.. sobre los productos ilícitos de ventas?
Etc etc
Kabuya dejó la carpeta que llevaba sobre sus rodillas y su expresión se volvió considerablemente más seria. Miró primero a Katsuki y después a Nobiki.
—He conseguido algunos datos. No todos están confirmados, pero creo que debemos prestarles atención.
Katsuki se inclinó hacia delante.
—Empieza por los niños.
—He localizado referencias a varias familias que denunciaron la desaparición de sus hijos en los últimos meses. En dos casos, los registros oficiales indican que los menores fueron trasladados bajo la tutela de instituciones privadas. Sin embargo, las familias aseguran que nunca autorizaron esos traslados.
Nobiki dejó de escribir.
—¿Instituciones privadas? ¿Tienes nombres?
—Dos nombres comerciales. Estoy intentando comprobar si ambas instituciones pertenecen a la misma red. Hay testimonios que mencionan vehículos de transporte sin distintivos y documentos de traslado firmados por representantes que las familias no reconocen.
Katsuki apretó la mandíbula.
—¿Y sabes dónde están ahora?
—Todavía no. Pero uno de mis contactos escuchó que algunos menores fueron llevados fuera de la región. No puedo asegurar que sigan allí ni que todos hayan sido trasladados al mismo lugar.
—Necesito ubicaciones, Kabuya. No rumores.
—Lo sé. Estoy trabajando en ello.
Kabuya abrió su carpeta y sacó unas anotaciones.
—Sobre los productos ilícitos, he recogido testimonios de comerciantes y habitantes de las zonas cercanas a los almacenes. Hablan de mercancías que llegan mezcladas con productos legales. Algunas cajas se registran como suministros médicos, otras como productos químicos y materiales industriales.
Nobiki intervino:
—Eso coincide con las discrepancias que encontramos en las cargas recibidas por Ravencrest.
—Hay algo más —añadió Kabuya—. Algunos comerciantes dicen que ciertos productos se venden a través de establecimientos aparentemente legales. No conocen a los proveedores reales. Solo reciben instrucciones de intermediarios.
Katsuki apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—¿Alguien mencionó a los Wolfs?
—No directamente. Pero dos personas hablaron de un hombre que se presenta como representante de una compañía de distribución. Una de ellas describió a alguien que podría coincidir con Sokolov.
El silencio se hizo más pesado.
—¿Podrías conseguir que esos comerciantes hablen con nosotros? —preguntó Katsuki.
—Con discreción, sí. Pero algunos tienen miedo. No quieren que sus nombres aparezcan en ninguna investigación.
—No aparecerán sin su consentimiento.
Katsuki miró a Nobiki.
—Cruza los nombres de esas instituciones con las sociedades intermediarias. Quiero saber si existe alguna conexión financiera.
Después volvió a Kabuya.
—Y necesito que priorices la localización de esos niños. Sus familias deben saber qué ocurrió con ellos. No vamos a perderlos de vista mientras investigamos las operaciones comerciales.
Kabuya asintió solemnemente.
—Entendido, general.
Katsuki se recostó apenas en su silla, pensativo.
—Una última cosa, Kabuya. ¿Has escuchado algo sobre la familia Rapso? ¿Su nombre aparece en esos testimonios?
El gobierno de Brasil... está al tanto de las desapariciones misteriosas?
Kabuya intercambió una mirada breve con Nobiki antes de responder. Después volvió los ojos hacia Katsuki.
—No puedo asegurarlo, señor. Las desapariciones figuran en denuncias locales y algunos traslados aparecen registrados por instituciones privadas. Pero no he encontrado indicios de que el gobierno brasileño haya iniciado una investigación conjunta ni de que exista una alerta nacional relacionada con todos estos casos.
Nobiki intervino, señalando uno de los documentos.
—Eso no significa que las autoridades desconozcan cada desaparición. Podrían existir denuncias independientes en distintas jurisdicciones, sin que nadie haya conectado los casos.
Katsuki apoyó ambas manos sobre el escritorio. Su expresión se endureció.
—Entonces averiguaremos si las familias denunciaron ante la policía, si intervino alguna autoridad de protección de menores y quién autorizó esos traslados. Quiero saber si las instituciones tienen respaldo legal o si alguien está utilizando documentos oficiales para encubrir algo.
Miró a Kabuya.
—Y averigua si las autoridades brasileñas han recibido denuncias sobre vehículos, rutas o intermediarios relacionados con esas instituciones. No vamos a asumir que todo forma parte de la misma operación sin pruebas. Pero tampoco vamos a dejar que esos niños desaparezcan entre papeles administrativos.
Kabuya:
He escuchado algunos rumores también , sobre niños huérfanos que vivían en las calles.
Dicen que ya no se les ha visto y que muchos de ellos desaparecieron en los parques cercanos a las fábricas de los wolfs.
Los lugareños.. vieron algunos caminando con policía de la zona llamado Noix.
El despacho quedó en silencio.
Katsuki levantó lentamente la mirada hacia Kabuya. La mención de un policía cambió el tono de la reunión: ya no se trataba únicamente de instituciones privadas y documentos de traslado.
—¿Noix? —repitió, con voz seca—. ¿Es un agente identificado? ¿Sabemos su rango, a qué comisaría pertenece y desde cuándo trabaja en esa zona?
Kabuya asintió con cautela.
—Eso es lo que intento averiguar, señor. Los lugareños lo reconocen como policía de la zona. Algunos aseguran haberlo visto caminando con varios de esos niños cerca de los parques próximos a las fábricas Wolf. No puedo confirmar todavía que fueran los mismos menores desaparecidos.
—¿Y los niños parecían estar bajo custodia?
—Algunos testigos dicen que caminaban con él voluntariamente. Otros aseguran que los llevaba hacia vehículos estacionados cerca de las instalaciones. No hay una versión uniforme.
Katsuki apartó uno de los informes y miró a Nobiki.
—Quiero que cruces el nombre de Noix con los registros policiales y las comunicaciones relacionadas con las instituciones privadas. También averigua si ha tenido contacto con representantes de las compañías intermediarias.
—Lo haré —respondió Nobiki.
Katsuki:. ¿Has escuchado algo sobre la familia Rapso? ¿Su nombre aparece en esos testimonios?
—Kabuya, localiza a los testigos. Por separado. Nada de interrogatorios colectivos y, sobre todo, no los pongas en peligro. Necesitamos saber qué vieron, cuándo ocurrió y si pueden identificar a los niños.
Hizo una pausa. Sus dedos se cerraron sobre el borde del escritorio.
—Y una cosa más: no contacten a Noix todavía. Si está involucrado, alertarlo podría hacer que desaparezcan las pruebas. Si es inocente, tampoco vamos a convertirlo en sospechoso por un rumor.
Su mirada se volvió especialmente fría.
—Quiero saber qué ocurrió con esos niños. Y quiero saber por qué nadie parece estar buscándolos.
Kabuya revisó las notas que llevaba consigo antes de responder.
—Sí, señor. El apellido Rapso ha aparecido en dos testimonios, aunque todavía no puedo establecer una conexión directa con las desapariciones.
Abrió su cuaderno y señaló un par de anotaciones.
—Un comerciante asegura que vio a un hombre relacionado con los almacenes Rapso conversando con el agente Noix cerca de uno de los parques. Fue hace aproximadamente tres semanas. No pudo escuchar la conversación, pero recuerda que después ambos se dirigieron hacia una fábrica Wolf.
Nobiki levantó la vista de los documentos.
—¿Y el segundo testimonio?
—Una mujer que trabajaba cerca de las instalaciones afirma que vio vehículos de una empresa de transporte vinculada comercialmente con los Rapso recogiendo cajas y trasladando a varias personas. No sabe quiénes eran ni si había menores entre ellas.
Katsuki permaneció callado unos segundos.
—¿Los testigos reconocieron al hombre?
—No con certeza. Uno cree que podría ser un empleado de confianza de la familia Rapso, pero no ha querido dar su nombre todavía.
—Entonces no tenemos una conexión demostrada. Tenemos dos testimonios que coinciden en una zona, un apellido y un agente policial.
Katsuki miró a Nobiki.
—Cruza esas fechas con los movimientos de las compañías intermediarias y los registros de transporte. Quiero saber si los vehículos pertenecían realmente a empresas vinculadas con los Rapso.
Después volvió a Kabuya.
—Y averigua quién es ese hombre. Sin presionarlo ni alertar a la familia. Si los Rapso están participando en esto, quiero saber qué función cumplen antes de que alguien se dé cuenta de que estamos investigando.
La reunión se prolongó durante casi una hora. Nobiki y Kabuya organizaron sus apuntes sobre la mesa, separando los hechos documentados de los testimonios y las sospechas. Katsuki pidió que no omitieran ninguna contradicción.
—Bien. Quiero una conclusión conjunta. No dos relatos separados. Díganme qué sabemos, qué coincide y qué información se complementa.
Nobiki tomó la palabra primero.
Informe conjunto: operaciones Wolf, desapariciones y posibles intermediarios
1. Coincidencias entre ambos informes
—Hay cuatro puntos que se repiten en las investigaciones —comenzó Nobiki—.
1. Las compañías intermediarias: tres sociedades aparecen relacionadas con operaciones comerciales de los Wolfs. Una opera desde Europa oriental y dos mantienen vínculos con rutas marítimas hacia Sudamérica. Sus actividades declaradas son transporte y distribución.
2. Viktor Sokolov: aparece vinculado a representantes de esas sociedades y a operaciones de adquisición de propiedades. Su nombre también ha sido mencionado por algunos comerciantes, aunque nadie ha confirmado directamente su participación en las desapariciones.
3. Las instalaciones Wolf: varios testimonios sitúan movimientos sospechosos cerca de sus fábricas y almacenes. Los parques próximos a esas instalaciones aparecen en los relatos sobre menores desaparecidos.
4. La familia Rapso: su nombre aparece indirectamente en sociedades de transporte y en dos testimonios recientes. Todavía no hay pruebas que demuestren que sus dirigentes hayan ordenado o participado en actividades ilícitas.
2. Información que se complementa
Kabuya desplegó sus anotaciones junto a los registros financieros de Nobiki.
—Mi investigación aporta algo que los documentos comerciales no muestran: personas.
Hay familias que denunciaron la desaparición de sus hijos.
En dos casos, los registros oficiales indican que los menores fueron trasladados bajo tutela de instituciones privadas, pero las familias niegan haber autorizado esos movimientos.
Otros testimonios hablan de niños huérfanos que vivían en las calles y dejaron de aparecer en los parques próximos a las fábricas Wolf.
Algunos habitantes dicen haber visto a varios menores caminando con un policía de la zona llamado Noix.
Un comerciante afirma haber visto a un hombre relacionado con los almacenes Rapso conversando con Noix. Ambos se habrían dirigido después hacia una fábrica Wolf.
Una mujer menciona vehículos de una empresa de transporte vinculada comercialmente con los Rapso que recogían cajas y trasladaban personas. No pudo identificar a esas personas.
Nobiki continuó:
—Mi investigación complementa esos relatos con las estructuras empresariales. Las compañías intermediarias tienen conexiones con rutas internacionales y aparecen relacionadas con operaciones de Sokolov. También existen indicios de que algunas facilitan traslados de personas mediante documentación laboral. Sin embargo, no tenemos evidencia que conecte directamente esas operaciones con los menores desaparecidos.
3. Elementos que todavía no están demostrados
Katsuki tomó una hoja y fue anotando mientras ambos hablaban.
Elemento | Situación actual |
|---|---|
Participación de los Wolfs | Sospechosa por proximidad, rutas y testimonios; no demostrada |
Participación de los Rapso | Vínculos comerciales indirectos y dos testimonios; sin prueba de dirección o conocimiento |
Viktor Sokolov | Vinculado a sociedades y adquisiciones; participación en desapariciones no confirmada |
Policía Noix | Mencionado por testigos; identidad, funciones y conducta pendientes de verificar |
Instituciones privadas | Dos nombres comerciales bajo investigación; titularidad y autorizaciones pendientes |
Destino de los menores | Desconocido; algunos podrían haber sido trasladados fuera de la región, sin confirmación |
4. Conclusión de la investigación
Nobiki juntó ambos documentos.
—Los informes sugieren que podríamos estar ante dos líneas de actividad que se cruzan: una estructura de sociedades comerciales que facilita movimientos de mercancías y personas, y una serie de desapariciones y traslados irregulares de menores. Hay coincidencias geográficas y algunos nombres que aparecen en ambas investigaciones, pero aún no podemos afirmar que exista una sola organización detrás de todos los hechos.
—La conexión más delicada —añadió Kabuya— es la posible intervención de un agente policial. Si Noix está utilizando su autoridad para trasladar menores, podría estar facilitando los movimientos sin despertar sospechas. Pero por ahora solo tenemos testimonios.
Katsuki dejó la pluma sobre la mesa. Su expresión era severa.
—Entonces tenemos una posible red de intermediarios, empresas que ocultan a sus beneficiarios, menores desaparecidos, instituciones que registran tutelas que las familias niegan haber autorizado y un policía mencionado cerca de las fábricas Wolf.
Miró a ambos.
—No voy a declarar culpable a ninguna familia con esto. Pero tampoco voy a permitir que la investigación se pierda entre sociedades comerciales y trámites administrativos.
5. Prioridades inmediatas de Katsuki
Localizar a los menores. Identificar las instituciones privadas, verificar los documentos de tutela y reconstruir las rutas de traslado.
Investigar a Noix. Confirmar su identidad, puesto, turnos, vehículos utilizados y posibles comunicaciones con las instituciones.
Identificar al contacto Rapso. Averiguar quién es el hombre mencionado por el comerciante y comprobar si trabaja para la familia o para una empresa asociada.
Rastrear los vehículos. Cruzar matrículas, fechas y rutas con las compañías intermediarias y las instalaciones Wolf.
Seguir el dinero. Identificar quién financia las sociedades vinculadas a Sokolov y quién toma las decisiones reales.
Proteger a los testigos. Mantener sus identidades reservadas y evitar cualquier contacto que pueda alertar a los investigados.
Katsuki cerró la carpeta.
—Hay algo que quiero que quede claro: nuestra prioridad no es demostrar que los Wolfs están involucrados. Es encontrar a esos niños. Si la investigación nos lleva hasta los Wolfs, los Rapso, Noix o cualquier otra persona, seguiremos las pruebas.
Su mirada se detuvo en el informe de los menores desaparecidos.
—Y quiero que el próximo informe contenga nombres, fechas y ubicaciones verificables. No más rumores sin una ruta para comprobarlos.
Katsuki: También quiero los nombres de las tres compañías intermediarias. La Europa oriental y las otras dos que aparecen relacionadas con rutas marítimas hacia Sudamérica.
Nobiki abrió una carpeta más delgada, separada de los informes financieros principales. Extrajo tres fichas y las colocó frente a Katsuki.
—He conseguido identificar las razones sociales que aparecen en los registros consultados. Debo advertir que todavía estamos verificando sus propietarios reales y sus vínculos operativos con los Wolfs.
Señaló la primera ficha.
1. Vostok Meridian Trading
Sede registrada: Europa oriental.
Actividad declarada: comercio internacional, transporte y distribución de mercancías industriales.
Vínculo detectado: representantes de la compañía participaron en reuniones con personas relacionadas con Viktor Sokolov.
Observación: sus representantes legales han cambiado en más de una ocasión durante los últimos años.
Pasó a la segunda.
2. Atlantic Crown Logistics
Sede registrada: compañía con operaciones marítimas internacionales.
Actividad declarada: transporte de carga, almacenamiento y gestión de contenedores.
Rutas identificadas: conexiones comerciales hacia puertos de Sudamérica.
Vínculo detectado: aparece en registros de transporte relacionados con mercancías cuya documentación presenta inconsistencias.
Finalmente, mostró la tercera ficha.
3. Meridian South Maritime
Sede registrada: compañía de distribución y transporte marítimo.
Actividad declarada: logística portuaria y servicios de carga.
Rutas identificadas: conexiones con distintos puertos sudamericanos.
Vínculo detectado: aparece en operaciones comerciales relacionadas indirectamente con sociedades que han intervenido en adquisiciones vinculadas a Sokolov.
Kabuya se inclinó para observar los documentos.
—¿Alguna de ellas aparece en los testimonios sobre los menores?
—Todavía no de manera directa —respondió Nobiki—. Pero sus rutas coinciden parcialmente con las zonas donde se han reportado traslados irregulares.
Katsuki examinó las tres fichas sin pronunciarse de inmediato.
—Quiero los nombres de sus directores, accionistas, beneficiarios finales y representantes locales. También los puertos que utilizan, las fechas de sus operaciones y cualquier contrato con los Rapso.
Levantó la mirada.
—Y averigua si alguna ha recibido pagos de instituciones privadas que trabajan con menores. No quiero que una coincidencia comercial se convierta en una acusación, pero tampoco quiero que una empresa desaparezca antes de que podamos seguirle el rastro.
I.a repite toda la información extra que ha pedido Katsuki que investiguen como conclusión y para que yo lo vaya recordando.
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