convertida en un volcán ardiente,
sin erupcionar.
Nace de tus intestinos,
se expande,
contaminando
el templo, el cuerpo.
¿Entiendes su origen?
¿Si es tu corazón ennegrecido
o algún ser que tu alma
fue apuñalando
con la daga voraz de sus palabras?
si tus manos fueron atadas,
si tu nombre fue manchado,
o tus recursos robados.
¿Cuál es el origen de este enfado?
Ese enojo despreocupado
es la punta del iceberg.
Miedo a la carencia,
miedo al que dirán,
miedo al abandono,
heridas del pasado quizás...
El origen,
ay querido amigo,
solo tú debes descubrir.
¿Por qué te enfadas con otros?
Cuando es tu propio rostro,
el que se quiebra en el reflejo.
Mira con atención,
debajo de ese humo montañoso,
arma ese rompecabezas,
que las señales revelan.
Descubre aquel ser que tiembla,
aquel adolescente juzgado,
aquel joven engañado.
Descubre tus carencias,
tus puntos invisibles,
tu reflejo fragmentado,
enterrado en el iceberg
que llaman mente.
Esperando un abrazo,
un consuelo,
que solo tú puedes darte.
No temas sumergirte,
en esas arenas movedizas,
que ocultan tu ser.
Sumérgete.
Atrévete a sanar.
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