Un día me levanté
y no volteé a mirar.
Mi rostro caído,
mis perlas derramadas,
mis cenizas esparcidas.
Aquella bomba que dejó de latir,
la pócima venenosa
que yo misma creé.
El suelo que fue mi refugio,
las piedras que levanté,
el calendario que marqué.
Miro a quien fui,
honro mi ayer,
y mi cuerpo que resistió.
No sé qué me levantó,
qué sombra me empujó,
o qué milagro resplandeció.
Solo sé que un día
el viento sopló,
y las penurias llevó.
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